El patio de Salesianos repleto de alumnos y amigos celebrando los 98 años de don Francisco
Un sacerdote de 98 años que no faltó ni un día a clase y al que sigue queriendo un colegio entero
Don Francisco Escribano regresa a Salesianos Córdoba tras más de un año en Sevilla y reencuentra el cariño de profesores, padres y, sobre todo, alumnos
El patio del colegio salesiano de Córdoba se convirtió este miércoles en algo más que un espacio de recreo. Aplausos, abrazos y una emoción evidente acompañaron el regreso de Don Francisco Escribano, uno de los nombres más reconocibles de la historia reciente del centro, que volvió a cruzar sus puertas tras más de un año alejado por problemas de salud.
No fue una visita cualquiera. A sus 98 años, el sacerdote reapareció ante alumnos y profesores que lo recibieron como a alguien que nunca se ha ido del todo. La escena resume una relación que va más allá de una sola generación.
Los pequeños junto a Don Francisco
Porque si hay algo que explica ese vínculo es la rutina que mantuvo durante años. Don Francisco no faltaba a su cita diaria con los alumnos: pasaba por las aulas, saludaba uno a uno y estaba presente en los recreos, desde Infantil hasta Bachillerato. Una presencia constante que acabó formando parte de la vida cotidiana del colegio.
Ese trato cercano, sostenido en el tiempo, es el que ha dejado huella en varias generaciones de estudiantes y profesores. Y es también el que explica que los más pequeños, que no convivieron tanto tiempo con él, lo reconozcan y lo reciban con una cercanía poco habitual.
Su vuelta a Córdoba se produjo después de catorce meses en Sevilla, donde permaneció en una casa de la congregación mientras se recuperaba de diversas complicaciones médicas, entre ellas un ictus. Superado ese proceso, los médicos consideraron que estaba en condiciones de viajar y cumplir uno de sus deseos: reencontrarse con su comunidad educativa.
Parte de los profesores, con Don Francisco
El momento coincidió además con la celebración de su 98 cumpleaños, lo que añadió un componente simbólico a la jornada. El propio Don Francisco puso el broche a la visita con unas palabras dirigidas a sus «muñequitos y muñequitas», recurriendo a una de las frases que ha repetido durante años en el patio, heredada de Don Bosco: «Sois unos ladrones, me habéis robado el corazón».
Celebrandoel cumpleaños con su familia
Lo que se vivió en el patio fue, sobre todo, el reflejo de una forma de estar que el tiempo no ha borrado y que sigue transmitiéndose. Una presencia diaria, sencilla y constante, que explica por qué un colegio entero sigue recibiéndolo así.