Residencia Cristo Rey de Cáritas Córdoba en Torrox
A un minuto de la playa: el corazón de Cáritas Córdoba en la costa de Torrox
La residencia Cristo Rey fue un proyecto pionero de esta institución a mediados de los años 60
A un minuto andando del Faro de Torrox y minuto y medio de la orilla del mar, se encuentra una de las infraestructuras de Cáritas Córdoba quizá más desconocidas para el gran público. Se trata de la residencia Cristo Rey, que fue sin embargo uno de los primeros proyectos de esta entidad desde la capital cordobesa, de hecho, su adquisición se produjo incluso un año antes, en 1964, de que se produjese la firma del decreto canónico que constituyó formalmente a esta organización, y que data justo de 1965. Esta instalación fue ni más ni menos que el considerado proyecto bandera la de la organización en sus primeros pasos oficiales, con el objetivo de destinarlo al descanso en la playa de personas humildes que no se pudieran costear las vacaciones. El inicio constó de dos partes: «hicieron la donación de parte de un edificio que existía allí, una antigua azucarera, y luego Cáritas adquirió otra parte que colindaba», indica el administrador de Cáritas Córdoba, Javier Gracia.
La residencia junto al faro en los inicios de este proyecto
En concreto, y como indican documento de recopilación histórica sobre Cáritas, reunidos en la publicación 'Cincuenta latidos de Caridad', fue el delegado diocesano de entonces, Juan Felipe Vilela, el que adquirió el inmueble al párroco de la iglesia de San Francisco, que en el mencionado año de 1964, ya había edificado 6 habitaciones en 440 metros cuadrados. Su objetivo era que los feligreses más pobres de ese barrio cordobés pudieran pasar unas jornadas de asueto cerca de la costa, en una España en que ese tipo de ocio estival era ya incipiente justo antes de la inminente explosión turística. Vilela, junto al primer director de Cáritas en Córdoba, Pedro Pascual, reformaron la residencia y multiplicaron las plazas para acoger a más familias y, más tarde, a las colonias infantiles.
Niños en un antiguo campamento en Torrox
«En el 2004 se reacondicionó todo el edificio, fundamentalmente se hizo obra nueva en una de las partes, respetando la huella del edificio, con los problemas y requisitos que acarrean estas actividades en un inmueble tan cercano a la costa», añade Gracia, quien recuerda con sentido del humor que, antaño, la residencia estaba en primera línea de playa pero que ya hace tiempo que construyeron delante con la voracidad que caracteriza al sector de la construcción en esos parajes.
Una pandilla de niños pasándolo en grande en Torrox
Tras las llamadas colonias infantiles, la residencia Cristo Rey funciona durante el verano para los grupos de niños y adolescentes de Córdoba que acuden vía parroquias pero procedentes de colegios e institutos. «También hay grupos de adultos, diocesanos, de áreas como Familia y Vida, tanto en época estival como a lo largo del año». Casi siempre todas estas visitas están relacionadas, de un modo un otro, con actividades religiosas, pero a que en ocasiones exista también un componente de ocio y convivencia.
Niños jugando hace décadas en la residencia
«El edificio tiene ahora mismo capacidad por habitaciones para 120 personas, con seis apartamentos para 24 personas más», añade Gracia. Existen además zonas comunes, en concreto, su planta baja alberga la zona administrativa con recepción y oficina, áreas comunes como un salón de estar, comedor y una sala de trabajo y reuniones, además de servicios esenciales (aseos) y una capilla para momentos de recogimiento. Por su parte, el área exterior está perfectamente equipada para el ocio y la comodidad, ofreciendo un amplio patio para realizar todo tipo de actividades, una práctica zona de tendederos y duchas al aire libre. El siguiente paso de Cáritas, tras otra ampliación en el 2018, será construir pistas deportivas.
Las parroquias y los jóvenes en verano
Un ejemplo de niños y adolescentes de colegios o institutos encauzados por las parroquias, puede ser el caso de San Miguel, con el sacerdote Pedro Cabello al frente. La alta demanda de solicitudes ha agotado las plazas disponibles en apenas una hora el primer día de inscripción, y obligado a la organización a ampliar el número de asistentes hasta un total de 150 participantes, entre niños y jóvenes, cuando iban a ser 90. Estarán acompañados por un equipo de unos 30 monitores.
Para poder gestionar este volumen de participantes y adaptarse a la capacidad de las instalaciones, la parroquia ha estructurado la actividad en dos turnos diferenciados. Los alumnos de educación primaria asistirán del 21 al 24 de junio, mientras que los de secundaria lo harán del 24 al 27 de junio. El día 24 se mantendrá como una jornada de encuentro central en la que ambos grupos coincidirán para la celebración de la eucaristía.
La capilla de Cristo Rey con jóvenes en verano
Como precisa el sacerdote, el lema que enarbolan este año es «firmes en la fe, alegres en la misión». Cabello destaca que el equipo de monitores que coordinará las dinámicas está compuesto en su totalidad por jóvenes vinculados a la parroquia que durante el año participan de sus actividades estables y que, en muchos casos, fueron antiguos alumnos y acampados del centro: «esto es como una cadena, aquel que recibió ahora es el que da».
El párroco de San Miguel ha destacado las excelentes condiciones del recinto donde se desarrollará la actividad: «Las instalaciones están a pie de playa. Son unas instalaciones inmejorables, están todas reformadas y la verdad que hacen un servicio tremendo».
El campamento combina actividades de ocio, tiempo libre y deporte con un programa de carácter pastoral que incluye catequesis y celebraciones diarias. El perfil de los asistentes abarca desde alumnos que han finalizado tercero de primaria hasta cuarto de la ESO, procedentes en su mayoría del Colegio Divina Pastora, aunque también se suman escolares de otros centros como Colón o La Milagrosa.
Niños de los campamentos disfrutando de la cercana playa
Además, desde la parroquia se mantiene un firme compromiso social a través de la integración de niños atendidos por Cáritas, quienes acuden de forma totalmente becada. Según explica el propio capellán, los precios convencionales que abonan las parroquias ayudan a la sostenibilidad de la casa de acogida, cuya finalidad principal es facilitar el acceso a menores con dificultades socioeconómicas.
Durante el tiempo que la residencia no recibe a los distintos grupos parroquiales, ya sean de jóvenes o de adultos, la residencia funciona como hotel para poder sufragar gastos. De esta forma, si alguien quisiera pasar un tiempo en determinados meses en la costa oriental de Málaga, y que sea por una buena causa, puede prescindir de hoteles convencionales para aportar su granito de arena a un proyecto que desde hace más de 60 años, aporta felicidad y formación religiosa a los miles de cordobeses que han pasado por estas instalaciones.