Ignacio Sierra durante el pregón

Ignacio Sierra durante el pregónLa Voz de Córdoba

La Velá arranca con la lírica de Ignacio Sierra: un canto de fe, historia y orgullo de barrio

El pregonero, sacerdote de la Fuensanta, repasa los milagros, las raíces populares y el espíritu acogedor del lugar en un discursos con numerosos pasajes en verso que incluyó un mensaje de solidaridad hacia Ceuta

«La Velá de la Fuensanta es ese encuentro íntimo de una familia que se reúne para celebrar un gran acontecimiento: Córdoba es esa familia y en septiembre nos encontramos para festejar nuestra identidad más profunda». Así ha resumido el padre Ignacio Sierra, párroco de la Fuensanta, el carácter de la inmemorial Velá que empezó con su pregón, particular pistoletazo de salida para una tradición que acarrea un sin fin de actos festivos y religiosos. Así, tradicional y religiosas, fueron las palabras de este sacerdote en la Plaza del Pocito. Tradicionales porque cobraron incluso la forma, en algunos pasajes, de versos, en concreto españolísimos romances octosílabos. Religiosas porque el texto ensalzó en todo momento a la «Madre de Córdoba entera» y «Madre de Córdoba viva», a través de una copla que recuperaba la dimensión lírica de los pregones antiguos. El texto incluyó también una solicitud de protección para los compatriotas ceutíes ante la situación que vive esta ciudad española.

Empezaba el pregón recordando la historia de Gonzalo García, quien, en 1420 «obedeció a la Madre de Dios que le mandaba cavar con las manos en busca de un manantial bajo una higuera; el agua milagrosa salvó su familia curando la enfermedad de su esposa e hija». Nacía así la leyenda del pocito «bálsamo y glorioso manantial de consuelos para miles de cordobeses que peregrinan cada año para encontrarse con la Fuensanta».

La introducción del pregón unía a la Virgen de la Fuensanta con los mártires Acisclo y Victoria, también con las reuniones familiares, las asociaciones de vecinos y el carácter popular de una Velá que funciona como refugio, pero también como lugar para ser corregido por una «mirada vigilante» que «señala la meta de mi vida corrigiéndome tierna y firmemente para que deshaga el camino errado y regrese, por fin, al hogar».

Tras esas palabras, Ignacio Sierra iniciaba la declamación de la copla en octosílabos, compuesta por casi un centenar de versos, en concreto 93. En ellos, el pregonero resaltó el carácter protector y maternal de la Virgen de la Fuensanta y su conexión con el pueblo cordobés y con su barrio: «Que cuando el camino pesa /y el alma se queda herida/hay refugio en la Fuensanta/hay una luz encendida/Hay un regazo esperando,/hay unos brazos que abrigan,/hay un pecho donde el hombre/puede descansar su vida».

Tras la poesía, el pregonero recordó los testimonios de milagros y las historias sobrecogedoras ligadas al santuario de la Fuensanta, cuando miles de fieles pasan bajo el manto de Nuestra Señora «y cuando los reciben en su camarín los días de apertura y veneración el 8 de diciembre y el domingo de la Divina Misericordia». En ese sentido, Sierra pedía observar con detenimiento las llamadas tablitas de los milagros, en las que se encuentra un elemento común, que consiste en alguien que eleva a la Virgen María una oración de intercesión. A partir de ahí, el pregonero conectó con un caso real, el de un joven al que veía rezar todos los días en el templo por un hermano aquejado de cáncer. El propio párroco le solicitó que ayudase en la organización de la Velá, cosa a la que accedió. El resultado fue que el enfermo se recuperó. Recordando esta situación, el sacerdote solicitó a los presentes en el acto que se uniesen a su súplica de intercesión por un joven quinceañero del barrio que sufre un trastorno neurológico funcional.

Pregón de la Velá

Pregón de la VeláLa Voz de Córdoba

El pregón también tuvo tiempo para tratar y agradecer la labor de Cáritas parroquial y sus voluntarios o los proyectos de los Maristas, cuyo colegio está en la Fuensanta. Todo ello, más las palabras precedentes, llevaron al sacerdote a la conclusión de que este barrio es especial y su carácter se corresponde con la acogida y la apertura: «Hasta aquí llegaron matrimonios en busca de una vivienda digna y los edificios se llenaron con trabajadores llegados desde las casas de vecinos y los cuartos de alquiler de Santiago, las Costanillas, desde las casitas de Las Margaritas… vinieron desde los pueblos de toda provincia tras la mecanización de la agricultura, nació la Parroquia en el seno del antiquísimo Santuario, para acoger a todos y desde aquí se funden personas desconocidas en un abrazo y un proyecto común».

El padre Ignacio Sierra destacó que en la Fuensanta se han criado deportistas y abogados, periodistas, sacerdotes y diseñadores de moda, orfebres y cantaores, artesanos, restauradores, profesores, arqueólogos y servidores de la patria. Incluso tuvo palabras de reconocimiento para el niño torero Álvaro Torreras 'Villeguitas'. Y, por supuesto, hubo referencias a los cofrades, a sus tertulias y a su indispensable labor. Este pasaje prosiguió con un nuevo romance octosílabo dedicado a estos hombres: «Plata y barro se estremecen / bajo el templete que avanza, / rojo y oro en su manto, / y de amores coronada. / Pero hay un latido oculto / bajo la gloria: estalla / el pecho del costalero / que a su Reina mece y ama. / Su martillo es campanario, / una palabra, brisa clara, / un capataz manda ¡al cielo! / pero el cielo es la Fuensanta».

Tras estos nuevos 49 versos, el pregonero pidió que la Virgen de la Fuensanta protegiese a los ceutíes: «te pido que cuides de todos los que sufren en Ceuta, que brindes tu ternura a todos aquellos que están en peligro, que sientan desde Córdoba nuestra cercanía y tu bendición derramada sobre los hermanos ceutíes».

Y como no podía ser de otra forma en tan lírico pregón, la alocución concluyó con un nuevo romance, 36 versos finales que terminaron así: «¡Fuensanta, Madre bendita, / Reina que, desde tu barrio / velas por toda la villa! / ¡Fuensanta de los cordobeses, / Madre cercana y querida, / coronada por el Papa, / por tu amor siempre elegida! / Y aquí, en el corazón mismo / del barrio que te cobija, / vuelva Córdoba siempre / a por su Madre querida».

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