Rafael Cidres
Rafael Cidres, presidente de Anfane
«Las familias ya no llegan ni al día 15»
Cidres denuncia la falta de respuesta política ante una situación que «va a ir a peor»
La Asociación Nacional de Familias Necesitadas (Anfane) está ubicada en la calle San Acisclo, lo cual en Córdoba ya es una buena señal, aunque al mártir y santo patrón de la capital no se le corresponda con niños nombrados de tal forma y siga siendo el custodio arcángel San Rafael el que ostente el peso nominativo entre los cordobeses.
Es precisamente uno de ellos, Rafael Cidres (Córdoba, 1968), desde la calle de San Acisclo - y sin duda con el apoyo del patrón- el que pelea diariamente por la dignidad de las familias a las que la crisis, las circunstancias o simplemente la vida, han golpeado de la manera más dura. Anfane nació de la soledad, de lo quebrado y de lo que uno piensa que solo le ocurre a los demás. Ahora es una asociación consolidada que ayuda, media, acoge, protege, orienta y promueve empleo.
En un local crecido y ampliado con los años han habilitado varias dependencias para que las familias, que de pronto se ven en la calle, puedan tener un sitio transitorio, decente y seguro para estar. Antes esas habitaciones formaban parte de uno de los bares más concurridos del barrio de Levante. Como metáfora de la España actual es imbatible.
Rafael Cidres
- ¿Cuáles son las necesidades actuales de las familias?
- Empezamos por la economía y la salud, porque mentalmente están mal. No hay economía. Te encuentras con familias como una chica que se acaba de marchar, con un niño con un 75% de discapacidad, a la que quieren echar de un piso porque no tiene título. Bueno, no tiene título como tal: tiene un contrato de alquiler, pero los titulares han fallecido y lo que ella quiere es regularizar la situación.
No tiene ingresos, o mejor dicho, tiene 800 euros, y con eso no puede vivir. Entonces la gente está mal económicamente, mal de salud mental —cada día va a más— y las familias no tienen recursos para salir adelante.
Porque ya no es solo pagar una casa, que eso nos pasa a cualquier ciudadano. Y a mí no me gusta hablar de clases —ni media, ni baja, ni alta—; nosotros hablamos de personas. Una familia que tenía una hipoteca de 800 euros y ahora está pagando 1.400, con ingresos de 2.000 euros, es una familia en situación de vulnerabilidad. Tiene ingresos, sí, pero sus gastos se han disparado: la luz ha subido, los impuestos han subido…
Tenemos un Gobierno que no hace nada por paliar esto. Se esconde en un escudo social donde amparan a los okupas. Yo siempre lo he defendido: el escudo social, sí, pero sin los okupas.
Hay que estudiar caso a caso las familias, tanto en alquiler como en hipoteca. No el caradura que falsifica documentación para aprovecharse, porque eso se puede verificar. Pero la realidad es que las familias lo están pasando muy mal: no llegan a final de mes, es que no llegan ni al día 15.
- ¿Seguimos viviendo en el Estado del bienestar?
- ¿El Estado del bienestar para quién? Porque yo incido mucho en el Gobierno central y su eslogan «Por las personas», pero yo no veo que piensen en las personas. El estado del bienestar social no existe.
- ¿Se ayuda mejor cuando se ha tocado fondo?
- Sí, la verdad es que sí, porque conoces perfectamente todos los pasos, todo lo que va a suceder. Es muy difícil no tener un euro para comprar el pan. Es muy duro. Y que tus hijos te digan «papá, quiero esto» y no puedas dárselo.
Cuando has tocado fondo y has pasado por esa situación, entiendes que cuando viene aquí una familia no es que la entiendas, es que lo has vivido. Nos cambiamos los asientos: yo me pongo ahí con ellos. Lo pasas.
Y cuando lo has pasado, ayudas mejor, porque sabes todo lo que va a suceder: en salud mental, en economía, en procesos, en cada paso. Se ayuda mejor.
Rafael Cidres
- ¿Anfane es producto de su fondo personal?
- Sí. Yo creo Anfane porque pasé por esa situación, y la verdad es que no se la deseo ni a mi peor enemigo. Es una situación en la que los bancos no te escuchan, te aporrean, te critican, te insultan muy educadamente, pero para ellos no vales nada.
Cuando pasé por eso —estuve un tiempo en movimientos contra los desahucios— lo dejé precisamente porque empezaron a defender el derecho a la vivienda, pero para las okupaciones. Y la okupación es algo que yo no voy a defender nunca. No puedo defender una okupación, porque para que a mí me echen de mi casa y encima culpen, para eso me quedo yo en mi casa.
Se pasa muy mal. Y Anfane nace de esa situación, de la mía y de la del resto de compañeros que comenzamos esta andadura. Todos habíamos pasado por lo mismo.
- ¿Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades?
- No. Bueno, te digo no y te digo sí, porque hablamos de personas: siempre hay personas buenas y malas, en todos los ámbitos. ¿Que ha habido gente que ha vivido por encima de sus posibilidades? Por supuesto que sí, pero la gran mayoría no.
La última crisis, la de 2008 hasta 2015, lo demuestra. Había familias que, mientras cobraban el desempleo, seguían pagando. El problema era que no había trabajo. No encontraban empleo, se terminaba el paro y llegaba una ayuda de 400 euros, y con eso tenían que tomar una decisión: comer o pagar.
El estado del bienestar social no existe.
Esa es la realidad. Y además, esa expresión de «vivir por encima de tus posibilidades» la odio. Porque, evidentemente, puede haber casos, pero también las entidades financieras tuvieron mucha culpa en aquel momento.
Era el típico caso de alguien que decía: «me quiero comprar un coche». Iba al banco, pedía números, tenía su hipoteca y su trabajo, y en lugar de plantearle otra cosa, le ofrecían ampliar la hipoteca: «te meto esto aquí y pagas 30 euros más al mes». Lo que no se pensaba es que eran 30 euros durante 40 años: no pagabas un coche, pagabas cuatro.
La gente buscaba ajustarse a su economía. Por eso digo que lo de vivir por encima de tus posibilidades no es la norma. Lo que pasó fue una crisis muy fuerte, provocada por el desempleo: la gente no podía pagar, no podía vivir, no podía subsistir, no podía comer. De hecho, uno de esos casos fui yo.
- ¿Estamos preparados para lo que se avecina?
- No. Además, no se toma conciencia de lo que está pasando. Hay una compañera tuya de otro medio que, cuando me llama, me dice: «Rafael, ¿qué nos traes hoy?». Y yo siempre le respondo lo mismo: que la cosa no pinta bien. Y ella me dice: «Siempre nos dices lo mismo y no te equivocas». Y es que es así.
Llevo muchos años advirtiendo de que esto iba a suceder. La subida del euríbor está afectando ahora a mucha gente que ya venía dañada desde hace año y medio y que está teniendo las revisiones en estos meses, cuando llegó a estar en el 4,78. Hay familias que lo están pasando muy mal.
No estamos preparados para lo que viene, y menos sin un escudo social que, además, dudo que se apruebe tal y como está planteado, a no ser que haya muchas modificaciones.
Yo lo que pediría a todas las fuerzas políticas es que se sentaran, que dejaran el «tú más» y pensaran en las personas. Que se plantearan cómo hacer un escudo social en condiciones, que permita ayudar de verdad a quienes peor lo están pasando.
Pero siempre dentro de la legalidad, sin dar cobertura a delincuentes, y trabajando mucho con las administraciones locales, que son las que realmente conocen a sus ciudadanos.
- ¿Por qué somos más pobres que hace unos años?
- Es una pregunta curiosa. El salario ha subido, el salario mínimo, ¿verdad? Hace cuatro años estaba en setecientos y pico euros y ahora creo que está en 1.180, si no recuerdo mal. Pero seguimos igual, porque todo sube.
Hemos pasado por una crisis, por la guerra de Ucrania, y ahora tenemos la del Golfo. Y esta, aunque haya quien diga que va a durar poco, va para largo y nos va a hacer mucho daño.
El euríbor ya está subiendo y ya ha habido revisiones. A mí me preocupa que suba, pero sobre todo me preocupan los diferenciales que tienen muchas familias en sus hipotecas: un 1 o un 1,5. Si el euríbor está ahora en torno al 2,6 o al 2,7, estamos hablando de que muchas hipotecas se van casi al 4%. Y eso es lo grave. Somos más pobres porque tenemos menos y todo está subiendo.
Rafael Cidres durante la entrevista
Y eso se ve en el día a día. Vas a hacer la compra, te gastas 100 euros y dices: «¿qué llevo aquí?». Pero es que nosotros lo notamos también en el centro de emergencia habitacional: compramos alimentos para las familias y no llegamos a cubrir lo necesario para que puedan comer todo el mes.
- ¿Hay intención de empobrecernos?
- Con las medidas que está tomando el Gobierno, yo creo que sí, totalmente. Porque si todo se basa en subir salarios, pero a costa de que las empresas cierren, el problema es evidente.
Yo quiero que el salario mínimo suba, claro que sí, ojalá estuviera en 3.000 euros. Pero si salimos a la calle y una telera cuesta 8 euros, no nos puede extrañar. Es lo que pasa en otros países: te tomas una cerveza y te cuesta 7 u 8 euros, porque hay que pagar el producto, el servicio, el camarero, el salario… todo.
Lo que no podemos pretender es tener sueldos de 3.000 euros y que la cerveza siga costando 2,25. Eso no es real.
El problema es que se están tomando decisiones de espaldas a los empresarios, reuniéndose con los sindicatos, pero sin contar con quienes sostienen el tejido productivo, que son los pequeños autónomos. Y esos autónomos van a tener que cerrar, porque siguen vendiendo lo mismo —sus 50 teleras, sus servicios—, pero con más costes.
Y luego está otra realidad: la economía sumergida. El «no me haga usted factura y me cobra menos». Mientras España siga funcionando así, como un país de piratas, todos acabaremos buscando ese «pirateo». Y eso no puede ser.
- ¿La banca siempre gana?
- Sí. Además, fíjate: hay récord de beneficios. Por ejemplo, en el caso de nuestra antigua caja de Córdoba, ahora integrada en Kutxabank, los beneficios de los últimos años han sido brutales. La banca siempre gana, sobre todo porque han creado sus propios fondos de inversión.
Kutxabank, a través de su estructura inmobiliaria, tiene varias sociedades como Harri Sur Activos Inmobiliarios, entre otras, donde canalizan muchas de las viviendas que se adjudican en subasta. Les ponen su propio nombre y, a partir de ahí, ya no puedes negociar directamente.
Ahora también operan con otras sociedades, como Saga, Sociedad Andaluza de Gestión de Activos, y se están quedando con muchísimas viviendas. Además, no están renovando contratos de alquiler a muchas familias, y ese es otro problema añadido.
Rafael Cidres, durante la entrevista
La banca gana siempre, porque los beneficios son íntegros para ellos. Y hay un dato que llama mucho la atención: la cantidad de hipotecas que se han firmado en 2025, superando incluso cifras de 2014 y 2015. La pregunta es: ¿dónde está el dinero?
- ¿Los políticos son la solución o gran parte del problema?
- Para mí son gran parte del problema. Porque mientras sigamos pensando en el sillón, en el «y tú más», en que lo mío es lo que vale y lo tuyo no vale para nada, así no se puede gobernar un país.
Echo muchísimo de menos la época de Adolfo Suárez, porque para mí fue un referente. Y también a Julio Anguita. Porque eran políticos con los que se podía negociar, con los que se podía hablar, y se pensaba en el bienestar de los ciudadanos de España.
Ahora no. Ahora negociamos en función de intereses: yo te doy, yo te hago… y no pensamos en el perjuicio que le estamos creando a la gente.
Para mí, los políticos son un problema si siguen pensando a nivel político, por su partido, por su sillón y por su bienestar.
Yo, que Pedro Sánchez, ya habría dimitido, habría presentado la dimisión. Pero evidentemente él sabe que, si lo hace , mañana pueden ir a su casa y llevárselo detenido. Por eso se está aferrando al sillón.
El problema es que se están tomando decisiones de espaldas a los empresarios, reuniéndose con los sindicatos, pero sin contar con quienes sostienen el tejido productivo, que son los pequeños autónomos.
- ¿La justicia es igual para todos?
- No. Debería serlo, pero no lo es. Hombre, con el fiscal general del Estado sí creo que se ha demostrado un poco que es igual para todos, porque al final a ese señor se le ha hecho justicia. Pero no es igual para todos.
Mientras algunos estén aforados… y aunque lo estén, cuando uno comete un delito el aforamiento no debería existir. Hay que detener a esa persona y empezar a trabajar con ella. No pueden esconderse detrás de eso.
Y hablo, por ejemplo, del señor Mazón. Yo no le echo la culpa de las personas que han muerto en la DANA, pero ese señor, por vergüenza, por profesionalidad y por caballerosidad, debería presentar la dimisión y marcharse. No estaba donde tenía que estar. No habría evitado las muertes, porque las familias bajaban a la cochera para mover el coche y ya no salían de allí. Pero aun así…
No hay vergüenza, no hay respeto, no hay educación. Lo vemos en el Congreso —yo lo he vivido presencialmente— y aquello es peor que una facultad.
- Que una facultad de ahora.
- Que una facultad de ahora, efectivamente. Antes en el Parlamento se hablaba y se respetaba. No se abucheaba a nadie. Se podía estar más o menos de acuerdo, pero había respeto y se trabajaba por el bienestar de las personas. Hoy no.
Rafael Cidres
- ¿Los bares siguen llenos o es una falsa apreciación?
- Tengo familias que me dicen: «¿Dónde está el problema, si las terrazas de los bares están llenas?». Y es cierto, están llenas. Pero también es verdad que no todo el mundo tiene problemas.
Habría que pararse a ver qué personas pueden permitirse estar en un bar y cuáles no. Porque yo, cuando pasé por la situación que viví, no podía ir a un bar. Otra cosa es que, de vez en cuando, algún amigo me invitara.
Recuerdo que una vez un director de Cajasur me dijo: «No puedes pagar la hipoteca, pero estás sentado en un bar». Y la persona que estaba conmigo —y esto lo llevo a gala— le respondió: «¿Usted sabe que lo están invitando, caballero?».
Es que los bancos tienen mucho poder. Cuando a mí me pasó todo aquello, los directores parecían amigos: te decían «vas a pagar 430» y tú ibas y firmabas, sin que te explicaran todo lo demás. Pero cuando vienen los problemas, esa amistad desaparece. La alfombra roja se quita, ya no te pueden ayudar, y encima te reprochan cosas: que si fumas, que si compras tabaco, que si estás tomando una cerveza… A mí me lo han llegado a decir. Y esa es la realidad.
- ¿Cuál ha sido el caso que más le ha afectado al frente de Anfane?
- Tengo muchos, porque cada uno es distinto y todos te llegan.
Recuerdo el caso de una chica de 32 años que era violada por su padre. Eso te destroza, te derrumba.
También el de Manolo —que en paz descanse—, que compró su casa y la pagó religiosamente al banco, y hace tres años vinieron a echarlo porque el promotor al que se la había comprado no había pagado el préstamo. El banco malo se quedó con esa deuda y conseguimos que le hicieran un alquiler vitalicio, pero perdiendo su casa. Se interpuso una demanda contra los responsables, pero como eran insolventes no entraron ni en prisión.
Y luego están los casos del día a día. Cuando viene una familia con dos niños y te dice que tiene 550 euros de ingresos y que no tiene para comer… ¿qué se te pasa por el cuerpo?
Parte del equipo de Anfane
- ¿Cuál ha sido la mayor satisfacción?
- Todos los casos que conseguimos cerrar. Porque aquí, en todas las mesas de la oficina, hay cajas de pañuelos. Yo también los cojo de vez en cuando. Soy persona, aunque esté curado de espantos, y hay casos que me afectan más.
Cuando entra una familia llorando y conseguimos resolver el problema —porque ninguno tiene plazo, unos tardan tres meses y otros dos años—, esa es la mayor satisfacción.
Esa cara cuando vamos a la notaría, esa sonrisa, esa paz, esa tranquilidad… vuelven a empezar de cero.
Y ahora mismo tengo un reto: intentar parar el lanzamiento de un matrimonio de 72 años previsto para el mes que viene, por haber avalado a su hijo. Tendremos que pelear con un fondo de inversión, pero vamos a intentarlo.
Rafael Cidres
- Teniendo en cuenta lo que ve a diario, ¿cabe el optimismo de cara al futuro?
- Ahora mismo no. De aquí a un par de años no te diría lo contrario, pero hay algo de lo que los políticos no se dan cuenta, y además tienen mucho miedo.
Yo he hecho propuestas desde Anfané a todos los grupos políticos, sobre todo a los que están gobernando ahora mismo, para intentar resolver el problema de la vivienda. Córdoba tiene en torno a unas 4.000 viviendas de alquiler de Vimcorsa y AVRA. Si esas viviendas no se convierten en alquiler rotatorio, el problema no se va a resolver nunca. Por muchas viviendas que se construyan, seguiremos igual.
El problema es que a una familia se le da una vivienda por 64 euros y se queda ahí toda la vida, y cuando fallece pasa a sus hijos. Eso no puede ser. Hay familias que ya han resuelto su situación económica, que están trabajando —en Sadeco o en otros sitios— y no se revisan esos expedientes. Esas viviendas deberían pasar a otras familias que están en situaciones precarias.
Hay miles de demandantes esperando, y mientras eso no se haga, no se va a solucionar nada. Se tiene miedo porque implica sacar a gente de esas viviendas, pero hay que saber explicarlo: no es echar a nadie, es que ya no cumple los requisitos. Si en una casa entran 4.500 euros, no puede seguir ocupando una vivienda social que necesita otra familia.
Si no se hace así, puedes construir 10.000 viviendas más y estarás en las mismas. Además, muchas de las nuevas promociones ya no son de alquiler social, sino para compra, para jóvenes o para mayores. ¿Y qué pasa con las personas de 45 o 50 años? No son ni jóvenes ni mayores. No tienen acceso a nada.
A mí me han llegado a preguntar qué hacer con determinadas promociones: si para jóvenes o para mayores. ¿Y por qué no para ambos? ¿Por qué no pueden convivir?
Se habla mucho de ayudar a los jóvenes, que está bien, pero también hay que pensar en formación, en empleo y en cómo hacer sostenible todo esto. Por ejemplo, el ingreso mínimo vital: yo no lo quitaría, pero hay que darle una vuelta.
Si mañana necesito un administrativo, que me lo mande el SEPE, que esa persona siga cobrando el ingreso mínimo vital y que yo solo pague los seguros sociales. Así generas empleo. Porque, tal y como está ahora, no compensa trabajar: si alguien cobra 1.400 euros y yo le ofrezco 1.000, no va a venir.
Tengo familias que están cobrando 1.380 euros de ingreso mínimo vital, más 100 euros por hijo. Se van a 1.800 euros, y si mañana las llaman para trabajar en un supermercado por 1.300, no van a ir. Porque trabajan ocho horas para ganar menos.
Y eso es lo que está pasando.
Rafael Cidres, visto por Samira Ouf
Más desahucios por hipotecas y alquileres: qué está ocurriendo
Durante años, los procedimientos eran más largos, pero ahora muchas familias que no pudieron asumir las cuotas —especialmente tras la subida del euríbor— arrastran entre un año y año y medio sin pagar, lo que desemboca directamente en la ejecución. «El banco no refinancia si no cumples los requisitos y el Código de Buenas Prácticas tampoco se aplica si superas ciertos límites de ingresos», explica. El resultado es claro: la vía que queda es la ejecución hipotecaria.
A esto se suma un segundo fenómeno con fuerte crecimiento: los desahucios por alquiler. «Están llegando muchísimos», advierte. En estos casos, insiste en que detrás suele haber una causa sobrevenida: pérdida de ingresos, enfermedad o situaciones familiares límite. No obstante, introduce un matiz relevante: el propietario también puede estar en una situación vulnerable. «Puede ser alguien que ha heredado una vivienda y depende de ese alquiler para pagar su propia hipoteca», señala.
En este contexto, cuestiona algunas medidas del denominado escudo social. Aunque reconoce que se contemplan compensaciones a propietarios, advierte de su escasa eficacia real: «Se plantea pagarles cuando hay orden de desahucio, pero esa orden puede tardar cuatro años. Después de todo ese tiempo, el propietario lo que quiere es recuperar su vivienda».
Cidres subraya que el problema afecta a perfiles muy diversos y cada vez más vulnerables. Entre los casos recientes menciona familias con menores enfermos o matrimonios mayores avalistas de sus hijos que afrontan ahora el lanzamiento de su vivienda. «Es brutal lo que está sucediendo», resume.