Ladislao Rodríguez Galán, Ladis
Ladislao Rodríguez Galán, Ladis. Fotoperiodista
«Mis ojos son una cámara. Dondequiera que voy, veo la foto»
La fotografía cumple 200 años. La firma Ladis, 80. Esta es una entrevista para celebrar, recordar y también mirar al futuro del fotoperiodismo
Hay un busto de Manuel Rodríguez Sánchez 'Manolete' presidiendo la mesa y vigilando la entrevista. Confiesa Ladislao Rodríguez Galán, Ladis (Córdoba, 1947) que lo consiguió unos minutos antes de que en una asociación (muy cordobesa, por cierto) decidieran meterlo en un contenedor azul. O amarillo. Ladis lo rescató arrebatado aún por la incredulidad que le provocaba un sacrilegio de tal calibre. Y ciertamente lo es.
Ladis está recuperándose de un ictus que sufrió hace ocho meses, y lo hace progresando adecuadamente, con una actitud estoica - claro- que a veces se quiebra porque él ha sido y es un hombre hiperactivo, volcado en la profesión/devoción que es la fotografía y enganchado a la droga de la actualidad, del momento fugaz pero inmortalizado, de la prisa del suceso al tiempo detenido en una tanda de naturales.
Su mujer Ana procura que nada le falte a este hombre, fotógrafo y académico, que lo ha visto casi todo a través de un objetivo y el dominio de la luz. Echó los dientes en ello, de la mano de su padre. Ambos forman parte de la memoria de Córdoba porque la han retratado para siempre.
Es un profesional de los de antes, por eso no entiende el tiempo que están tardando en montarle una vitrina (va para cuatro meses ya) donde colocar las cerca de 400 cámaras fotográficas que ha coleccionado a lo largo de su vida. Manolete también mira a esa parte del salón con la incredulidad que algo así provoca en los hombres serios y formales. Sin embargo, el busto parece emocionarse cuando sus ojos de bronce se fijan en otra vitrina de la estancia que Ladis ha llenado de tarritos con arena recogida a mano en las centenares de plazas de toros que ha visitado como aficionado y como fotógrafo. El Monstruo, feliz, escucha ahora atento al maestro.
Ladislao Rodríguez Galán, Ladis
–Nace el mismo día que Manolete pasa a la eternidad. ¿Eso fue una señal de lo que posteriormente ha sido su afición taurina?
–Sí. Además, yo estoy vinculado a Manolete porque mi tío Pepe Ramos fue el autor del pasodoble. Luego él hizo un pasodoble que se llamaba Guitarra flamenca y resulta que le dijo a su compañero Pedro Orozco: «Oye, tengo un pasodoble; si le cambiamos las corcheas, podemos adaptarlo». Entonces vino a la casa que tenía mi tío, ahí en la calle Alfaros, donde vive mi familia todavía, y estuvieron haciendo los ajustes, los arreglos, y de ahí surgió el pasodoble. Los otros son herederos porque mi tío murió sin hijos y entonces los herederos eran mi padre y su hermana, sobrinos directos, ya fallecidos ambos. Ahora los herederos somos mis primos y nosotros, de los derechos de los dos. Nos liquidaron en el 97 desde Tailandia. Fíjate la universalidad que tiene el pasodoble taurino, lo grande que es. Los derechos son algo simbólico, pero insisto en la universalidad del pasodoble, pasar a toda la posteridad por una obra de lujo.
–¿Esa posteridad es mucho más gloriosa que la de los famosos de ahora?
–No tiene nada que ver. Es que ahora hay mucho populismo, hay mucha gente que no quiere trabajar, que se hacen influencers, cantantes y no sé cuánto por no trabajar; tú lo sabes. No dicen nada, no aportan nada, pero por no trabajar hacen cualquier cosa. Tú dices: este hombre o esta mujer no tiene futuro, porque se está viendo. También hay que decir lo que está mal, porque con los años que tenemos ya somos jueces de lo que vemos, ¿no? Mucha gente hoy en día aprovecha la coyuntura, porque hoy todo es más fácil, hay muchas posibilidades. Fíjate: antes una noticia se conocía aquí a los cuatro días; hoy no, hoy es inmediato. Lo sabemos todo al instante. Eso es increíble, hombre. Yo veo todo esto y me sorprendo porque el hombre está todavía al diez por ciento de su capacidad. Cuando pasen cincuenta años, imagínate...
–Esa inmediatez, esa rapidez, para un fotógrafo como usted ¿qué ha significado?
–Mi padre empezó y yo con él después, con el abecé de la fotografía, que era el blanco y negro. Hoy casi ningún fotógrafo, por no decirte ninguno, sabe utilizar el laboratorio en blanco y negro, porque no lo han hecho, no han conocido otro tiempo. Eso es como todo. Cuando llevábamos unos años en la agencia Efe, nos instalaron en casa un telefoto. Entonces, por ejemplo, cuando muere Paquirri, yo vivo al lado del Hospital Militar. Ese día no fui a la plaza de toros. Me llaman y me dicen que va al hospital. Yo me voy al hospital y allí estuve haciendo fotos. Y cuando se llevaron el cadáver, esas fotos las pasé yo por telefoto y estaban en Madrid inmediatamente.
Tenía un problema: como era línea telefónica, cuando fallaba la línea tenía que repetir la foto, porque aquello iba con un rodillo dando la vuelta y una lucecita avanzando, que iba leyendo la foto. Pero la comunicación telefónica no era tan rápida y eficiente como ahora.
Hemos pasado del tres al diez en todo, afortunadamente. A mi padre no le hubieran cortado la pierna como se la cortaron con trece años, y Manolete no se hubiera muerto hoy en día, porque hoy hay adelantos para todo. Pero te toca la época que te toca vivir. Eso es así.
Ladislao Rodríguez Galán,Ladis
- ¿Qué recuerdos tiene de su padre?
–Todos. Con mi padre hablo todos los días. Y mira, hay una cosa que me pasa, y mi mujer es testigo: cuando necesito una foto concreta, una foto histórica, voy a buscarla al archivo de mi padre. Pero ese archivo es inmenso y no lo tengo completamente revisado, porque eso requiere muchísimo tiempo. Entonces, yo lo que hago es ir a tiro hecho: me piden, por ejemplo, algo de cuando el Córdoba CF era San Álvaro, y busco eso, lo encuentro, lo digitalizo y ya está.
Pero claro, hay veces que no doy con la foto. Y entonces le digo a mi padre: «Dime dónde está», y voy y la encuentro. Eso lo sabe Ana.
–¿Antes se hacían fotos sin saber que eso en realidad era fotoperiodismo?
–Claro. Mira, yo eso lo explico muchas veces en las conferencias que doy. Hoy todos somos fotógrafos con el móvil, pero no todos lo usamos bien. Por ejemplo, un fallo muy común es hacer las fotos en vertical: un paisaje hay que hacerlo en horizontal, porque los ojos ven así.
Pero es que antes no tenía nada que ver. En la época de Manolete había muy pocos documentos gráficos, porque la gente no tenía cámara. Hasta que Eastman populariza la fotografía, solo había unos pocos, los profesionales. Por eso de Manolete hay tan pocas imágenes. Hoy cualquier chiquillo tiene un archivo enorme, porque todo el mundo lleva un móvil y se fotografía todo.
Y luego hay otra cosa muy importante: cuando se inventa la fotografía, uno de los grandes beneficiados son los toreros. Hasta entonces se les conocía de nombre, pero no de imagen; las revistas publicaban dibujos a plumilla. A partir de ahí empiezan los estudios fotográficos, y , por poder adquisitivo, los aristócratas y los toreros son los que más acuden, sobre todo los toreros para darse a conocer. Entonces ya la gente pone cara a Lagartijo, a Frascuelo..., que antes eran solo nombres.
–¿Es la fotografía taurina un género en sí mismo?
–Sí, hombre, claro. Y una especialidad. La fotografía taurina no la puede hacer cualquiera, igual que la deportiva o la de Semana Santa. Primero tiene que gustarte, luego tienes que sentirla y, además, estar capacitado, porque no todo el mundo es capaz de hacer lo mismo.
Si le pides a varias personas que fotografíen una misma calle, pueden salir cuarenta imágenes distintas. Pero siempre hay una que destaca, la que ha dado en el clavo.
- Sí lo puede conseguir, corríjame si me equivoco, el periodista gráfico.
–Claro, claro. Sí que el fotoperiodista puede hacer fotos de Semana Santa y fotos taurinas, y de cualquier sitio. Yo tengo deformación profesional. Mis ojos son una cámara. Dondequiera que voy, veo la foto. Y por eso llevo siempre una cámara de bolsillo, porque me ha permitido hacer fotos irrepetibles, que con el tiempo se han convertido en históricas.
Te pongo un ejemplo: el incendio de la iglesia de la Magdalena. Yo veo el coche de bomberos, voy en la moto, doy la vuelta y los sigo. Entonces me encuentro allí el incendio. Yo llevo siempre la cámara, porque fue un consejo que me dio mi padre: nunca discutas, nunca ridiculices a nadie y lleva siempre una cámara. Y eso me ha dado en mi vida muchas satisfacciones.
Ladislao Rodríguez Galán,Ladis
–¿Cuánto ha cambiado el fotoperiodismo?
–Mira, aquí, en el año setenta y cinco, vino Rocío Jurado con una hemorragia intestinal. La trajeron desde Andújar al Hospital Provincial y estuvo aquí once días. Yo estuve con ella. Ya el segundo día la madre me conocía. Le hice la foto entrando y desde la agencia me dijeron: «Quédate allí, que se rumorea que está con Pedro Carrasco; a ver si aparece y puedes hacer la foto». Y apareció.
Yo me quedé esperando fuera y, en un momento dado, la madre salió a por un café y me dijo: «¿Qué hace usted aquí?». Y yo le respondí: «Esperando por si pasa algo». Entonces entró de nuevo y después me dijo: «Pasa». Pasé, y desde entonces desayunaba incluso con ella.
Bueno, pues te quiero decir: hoy en día eso es impensable. Hoy habría veinte mil fotógrafos parados allí en la puerta, dando por saco. Y unos con respeto y otros sin respeto, que es lo que pasa con esto. Porque tú no puedes entrar a una farmacia a comprar una cosa íntima y que te estén haciendo una foto. Yo tengo un concepto de eso diferente. Viví otra época. Hoy se prima más el dinero. Conseguir una buena foto para mí ha sido una satisfacción. Hoy prima otra cosa, que lo entiendo, porque los tiempos han cambiado, pero yo tengo esa mentalidad antigua.
–De su inmenso archivo si tuviera que elegir, ¿con qué dos o tres fotos se quedaría?
– Una de las fotos que más me marcó fue la de mi primer gran reportaje, cuando el autobús cayó al río. Eso fue el 23 de abril de 1964. Este año se van a cumplir sesenta y dos años. Bueno, pues resulta que en ese reportaje yo estuve allí desde que se cayó hasta que sacaron el último cadáver, y luego también en la misa de la Catedral y en el entierro. Para mí fue un reportaje increíble, porque con dieciséis años no me había metido en una situación de esa clase. Ese lo tengo siempre grabado como un reportaje impresionante.
El autobús que se precipitó al río
Luego, otro reportaje que a mí me causó impresión fue cuando en la Mezquita-Catedral se permitió el rezo de musulmanes en el año setenta y ocho. Fue algo excepcional y esa foto también es histórica.
Y, sobre todo, otra que me llenó de satisfacción fue cuando el Ayuntamiento permitió en el setenta y uno que las mujeres accedieran al cuerpo de la Policía Municipal. Fueron pioneras en España, no había precedentes, y eso también fue muy importante.
Es que, mira, yo se lo digo siempre a la gente en las conferencias: cualquier foto que se hace hoy, a tu niño, a tu casa, a tu vehículo, se convierte en historia con el paso del tiempo. ¿Por qué? Porque es irrepetible. Entonces, es histórica. Las fotos irrepetibles son históricas. Tus padres, tus abuelos, tus niños chiquitillos... Tú coges una foto de pequeño y te quedas mirándola porque dices: «Hay que ver lo que es la vida, lo que es el tiempo».Quizá no te das cuenta en ese instante, pero estás guardando un documento histórico.
Ladislao Rodríguez Galán,Ladis,
–Ha trabajado para tres administraciones distintas. Ha sido testigo de primera línea en ese sentido. ¿Apreciaba también, no solo ya como fotógrafo, cómo iba cambiando la política?
–Sí, hombre. Ten en cuenta que yo soy de la vieja guardia, como digo. Yo estas cosas que pasan ahora no las entiendo, de verdad, no las entiendo, porque esto es un disparate. Lo que estamos viviendo ahora mismo, en algunos aspectos, es un disparate enorme.
Y en aquella época, pues claro, aquí había un gobernador que era un virrey, como en todas las ciudades. Algunos gobernadores, que yo he tratado a todos o a muchos, tenían su corazoncito. Otros eran unos bordes, engreídos, soberbios... Había uno que tenía que salir en el periódico todos los días, en portada. Había que buscarle algo para que saliera en portada, coño. Era un suntuoso.
Y luego, mira, yo he trabajado para el Ayuntamiento, donde mi padre era fotógrafo. Del Ayuntamiento me fui a la Diputación, con la que ya colaboraba, pero pasé allí de forma más estable. Estuve hasta el noventa, que me fui a la Junta. Allí me he jubilado.
Desde mi capacidad y con mis luces, he podido ver quién es mejor y quién es peor, porque eso se ve enseguida. Lo ves en un futbolista, ¿no lo vas a ver en un político?
–El político en la foto, ¿qué busca? ¿ Que se conozca su trabajo o alimentar la vanidad?
–Hay magníficos políticos con un corazón enorme y con una capacidad de trabajo tremenda. Pero hay otros que son unos chichiribailes. Y entonces van a salir en la foto nada más, por ego personal.Echarse incienso. Y tú dices: «¿Y este pobre hombre?». Luego da la cosa la vuelta y desaparecen. Es verdad. Porque no valen nada.
–Quedan las fotos.
–Sí, por eso digo que la foto histórica queda.
–¿A qué celebridad ha querido fotografiar y no ha podido?
–Pues mira, una de las fotos que yo no he podido hacer es la boda de oro de mis padres. [Se emociona y hay que interrumpir durante un momento]
–¿Y qué celebridad no esperaba conocer y acabó fotografiando?
–En mi profesión yo he tratado gente de muchísima categoría, otros menos, pero me he llevado bien con todos. Hay tres personas que a mí me han dejado huella. Una es la madre del rey Juan Carlos. Estuve con ella siete días aquí en Córdoba, un encanto. En la vitrina tengo un pisacorbatas que me regaló de la Casa Real y no me lo pongo por no perderlo; lo tengo allí guardado.
Otra, Severo Ochoa, premio Nobel. Un hombre con lo grande que era, sencillo de verdad.
Y otro, Manuel Benítez, El Cordobés, que yo le he visto pegarle el brazo a la gente, a todo el mundo, como si los conociera de toda la vida, y la gente se iba contenta y satisfecha. Porque es un hombre sencillo, y siendo lo grande que es, que para mí es de lo más grande que ha dado el toreo, sin embargo te saluda por la calle, y eso es de valorar.
– Al Cordobés lo sigue viendo, ¿no?
–Sí, sí, gracias a Dios. Me llevo muy bien con él. Este año se cumplen doscientos años de la fotografía, pero también, casualmente, se cumplen ochenta años de nuestro nombre. La firma Ladis mi padre la creó en el cuarenta y seis y este año se cumplen ochenta años.
Entonces, con ese motivo pensé hacer una exposición. Pero claro, una exposición que voy a pasear por toda Andalucía. Si yo pongo cosas de Córdoba, fuera de aquí ya no tiene tanto interés. Sin embargo, la figura de El Cordobés es universal. Entonces se la dediqué a él. Se inauguró en la Diputación el dieciséis de enero y estuvo allí. Estuvo muy cariñoso. Siempre nos hemos llevado bien. No he tenido nunca un mal rollo con él.
Ladislao Rodríguez Galán,Ladis
Porque yo tengo muy clara mi raya roja, dónde está. Hay que tener cuidado. Hay gente que se cree que porque te den un abrazo ya se pueden tomar una confianza que no corresponde.
–¿El secreto de su éxito profesional ha sido saber mantener esa raya roja?
–Sí, y sobre todo la pasión por la vocación. Yo he sido un afortunado: he trabajado en lo que me gusta, y eso es muy difícil. He disfrutado de mi trabajo. Hombre, también he pasado malos ratos, porque nunca te acostumbras a un accidente; yo he estado en muchísimos y nunca es grato, pero es tu trabajo.
He tenido esa vocación y la he desarrollado encantado, disfrutando de ella. Eso ya es un punto a favor. Y luego creo que he estado a la altura de lo que se me ha pedido. Por eso me siento muy realizado.
Ladislao Rodríguez Galán,Ladis, visto por Samira Ouf
Es lo que siempre le digo a mi hijo: lo que hagáis, hacedlo bien y que os guste; así mejoraréis. Yo, por ejemplo, en un trabajo de oficina, de ocho a tres, no me vería. Esta es una profesión muy variada: no sabes nunca lo que te vas a encontrar. Puedes salir de casa para una rueda de prensa y acabar en un pueblo o en otra ciudad porque ha ocurrido algo importante. Eso no le pasa a todo el mundo.
Yo lo he vivido muy bien, también gracias a la complicidad de mi mujer, que nunca ha tenido problema con ese ritmo. A mí me han sacado de la cama muchas veces de madrugada: un accidente en Pozoblanco, en Baena, en Palma... He tenido que ir, porque la actualidad no permite atrasos. Tiene que ser inmediato.
Y hoy haces la foto y la mandas en el momento. Eso antes era impensable. Además, la tecnología te permite repetirla las veces que haga falta: la ves, no te gusta, haces otra. Antes hacíamos la foto y hasta que no revelábamos no sabíamos cómo había salido.