Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid
El secreto que esconde el mural de Miró del Palacio de Congresos de Madrid
El mural no representa una escena figurativa concreta; en cambio, es una expresión abstracta muy característica del estilo del artista catalán
El Palacio de Congresos de Madrid está más cerca de su reapertura tras trece años cerrado. El Consejo de Ministros ha aprobado 1.279,25 millones de euros para el contrato administrativo de concesión de obra pública para la redacción del proyecto y dirección facultativa, construcción y explotación. Este inmueble es uno de los edificios más significativos de la capital, con un friso diseñado por Joan Miró, fue inaugurado en 1970 por don Juan Carlos de Borbón.
El Palacio de Congresos luce este gran mural de grandes dimensiones. Mide sesenta metros de ancho, ocho de alto y está formado por 10.000 piezas de 20 por 30 centímetros pintadas y vidriadas. La técnica empleada para su composición es gouache sobre papel.
Esta obra de arte fue un encargo del Ministerio de Cultura al artista Joan Miró durante el Gobierno de la UCD. El Ejecutivo pagó 10 millones por el esbozo y 17 más por la realización del proyecto. El boceto original, que fue presentado en 1979 por el artista al ministro Manuel Clavero, está custodiado en el Museo Reina Sofía.
Uno de los secretos que guarda esta obra es que Miró contó con otro artista para su elaboración. El cerámico Joan Gardy Artigas fue el gran colaborador del artista catalán, además también participó en la ejecución de los que el artista tiene en la Universidad Harvard, en la sede de la Unesco en París, el Aeropuerto de Barcelona y el Kunsthaus de Zúrich.
El artista francés es hijo del gran ceramista Josep Llorens Artigas, íntimo amigo de Joan Miró y de Pablo Picasso, lo que le permitió crecer en un entorno artístico privilegiado. El cerámico estudió en la Escuela del Louvre y abrió taller en París.
La obra de Miró es el único elemento junto con un trozo del vestíbulo que está protegido. En su momento fue el segundo mural de este tipo más grande del mundo, solo superado por otro mural mironiano que está en Wiesbaden, en Alemania.
El mural no representa una escena figurativa concreta; en cambio, es una expresión abstracta muy característica del estilo de Miró. Utiliza formas orgánicas, colores primarios (rojo, azul, amarillo) y líneas negras gruesas, elementos que evocan el mundo onírico, el subconsciente y la libertad creativa.
En esencia, representa la creatividad y la imaginación sin límites, pilares del arte moderno; una celebración de la cultura catalana y mediterránea, a través de formas y colores vivos; y un espíritu lúdico y poético, presente en muchas de las obras de Miró.
Palacio de Congresos de Madrid
Proceso creativo del mural
Joan Miró diseñó primero el mural en papel, a menor escala. Como en muchas de sus obras, usó su característico lenguaje visual: formas biomórficas, colores vivos y líneas abstractas.
El boceto fue ampliado a escala real. Se dividió en secciones que servirían como guía para crear cada una de las piezas cerámicas. El mural mide aproximadamente 50 metros de largo por 6 metros de alto, así que el diseño se descompuso en más de 10.000 losetas cerámicas.
Josep Llorens Artigas, ceramista experto y amigo de Miró, fue el encargado de llevar el diseño al medio cerámico. Él y su hijo Joan Gardy Artigas reprodujeron cada sección sobre losetas de cerámica con esmaltes y pigmentos especiales.
Estas losetas se cocieron a altas temperaturas (unos 980-1000 °C), una técnica que permite fijar los colores de forma permanente y resistente a la intemperie.
Las piezas terminadas fueron transportadas a Madrid y colocadas como un enorme puzle en la fachada principal del Palacio de Congresos, en el Paseo de la Castellana, en 1980.