De Nikolov a Basilio, la chabola en pleno centro de Madrid que va cambiando de manos

De Nikolov a Basilio, la chabola de Madrid que va cambiando de manos - Cristian Marfil

Plaza de Santa Bárbara

De Nikolov a Basilio, la chabola en pleno centro de Madrid que va cambiando de manos

Nikolov construyó una chabola en la plaza de Santa Bárbara que tras ser detenido custodia Basilio, otro joven sin hogar

Nikolov vivía en la plaza de Santa Bárbara, al menos lo ha hecho durante todo el invierno hasta este mes de abril. Construyó poco a poco una especie de refugio con mantas, colchones y maderas que iba recopilando de la calle.

Nikolov era georgiano y apenas hablaba español, aunque cuando hablamos con él hace unos meses sí que nos dijo que no había recibido ayuda por parte de los servicios sociales, algo que desmintieron desde el Área de Políticas Sociales del Ayuntamiento de Madrid.

Meses después la chabola continúa ahí, pero Nikolov no está. Ahora a los pies de este «refugio» se encuentra durmiendo entre cartones Basilio quien todavía no ha querido entrar a dormir dentro «por respeto», pero si Nikolov no vuelve -y no parece que vaya a hacerlo- seguramente se la «apropie, como si fuese una especie de subasta».

Basilio cuenta que conocía a este joven georgiano, a Nikolov. Lo define como «un chico majo y amable» que no le gustaba «meterse en problemas, sino ayudar a los demás». Una amistad peculiar la de Basilio y Nikolov que se comunicaban a través de gestos.

Se conocieron en el mes de noviembre, en aquel entonces Basilio se fue a pasar el invierno a un albergue de la Comunidad de Madrid, pero al volver en primavera con la llegada del buen tiempo, Nikolov no estaba: «Me contaron que lo detuvo la policía por estar cocinando en la calle, el huyó pero le cogieron y nunca más ha vuelto a aparecer por aquí», relata Basilio.

La calle como refugio

A pesar de haber pasado el invierno en un albergue, en comedores sociales, y en las duchas públicas asegura que no quiere volver: «Estar ahí es mucho peor que estar en la calle».

Basilio se muestra muy crítico con la presencia de personas del norte de África como argelinos y marroquíes, en los albergues y asegura que le han «robado en numerosas ocasiones». Por eso, prefiere alejarse de estos lugares y buscar su refugio en la calle: «Aquí se está mucho mejor, por lo menos estoy tranquilo, la gente me conoce ve que soy majo y me dan dinero o comida». Para él los albergues «son lo peor».

Aunque es muy consciente de que no son los únicos, para él todo el que está en la calle es «porque algo ha hecho muy mal en su vida». Se incluye en ese grupo y asegura que él ha tenido sus «errores», aunque en su caso su enfermedad es la que le dejó sin nada.

Una familia desestructurada, sin recursos y con problemas de salud mental

Basilio ha tenido una vida difícil. Su madre era prostituta y él nació de una de esas relaciones, al igual que el resto de sus hermanos. Aunque lo que más lamenta es que «siendo un bebé me usase para pedir en la calle». Algo que le marcó y mucho.

Sin embargo, estudió lo básico, hizo un grado de Formación Profesional y acabó trabajando en heladerías o supermercados hasta que pudo. Nos cuenta que de forma «providencial» terminó viviendo en la calle. Acabó medicado debido a una enfermedad mental, lo que le hacía tener «el cerebro apagado, sin que funcionara» y esto le llevó a perder el trabajo y acabar en la calle.

A pesar de todo, asegura que está mejor y confía en «poder volver a trabajar si sigue mejorando la enfermedad». Mientras tanto se quedará en la calle «sin dar problemas, sin robar y pidiendo de forma honrada», sentencia.

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