Una mujer descansa en el "siestódromo" del Círculo de Bellas Artes

Una mujer descansa en el «siestódromo» del Círculo de Bellas ArtesCírculo de Bellas Artes

Madrid

Un «siestódromo» o una guardería de plantas: las iniciativas más peculiares del Círculo de Bellas Artes

El pasado verano, el Círculo de Bellas Artes puso en marcha en el interior de su edificio de la céntrica calle Alcalá de Madrid, que este 2026 cumple cien años, un «refugio climático». Una iniciativa que ya había puesto en marcha el año anterior para que los madrileños pudieran encontrar en él una tregua a las altas temperaturas estivales de la capital.

Un espacio, ubicado durante los meses de junio y julio en el Salón de Baile del Círculo, que en 2025 contó con una curiosa novedad bautizada como «siestódromo», un lugar con hamacas para dar rienda suelta al «derecho a la pereza» que defiende esta institución, salpicada ahora por la polémica del cambio en el modelo de financiación de la Comunidad de Madrid.

Este lugar para dormir la siesta en compañía de desconocidos se erigió para «cuestionar con parsimonia los modelos laborales que premian el agotamiento y abre el debate sobre la necesidad de recuperar un tiempo de vida que el trabajo nos arrebata». Desde el Círculo de Bellas Artes defienden que en la «acción de parar» hay una «intención de resiliencia colectiva frente a la crisis ecosocial, una propuesta de modelos alternativos no productivos, no extractivistas, no eficientes y no individualistas».

«Detenerse es un acto de resistencia que desafía la urgencia constante. Proponemos ritmos que valoran el cuidado, la tranquilidad y el disfrute del tiempo», opinan desde la entidad, que a partir de ahora no recibirá la subvención nominativa de 250.000 euros que venía concediéndole el Gobierno madrileño, sino ayudas para proyectos concretos como, por ejemplo, este año, la lectura continuada de El Quijote.

Además, en ese «refugio climático» también se puso en marcha una «guardería de plantas», destinada a cuidar de las plantas de los madrileños que dejan la ciudad por vacaciones.

A lo largo de esos meses veraniegos, la institución desarrolló actividades en su «refugio climático» como una siesta colectiva mientras sonaba una sesión de música electrónica de Massimiliano Casu.

Un taller de «deconstrucción textil» para «cortar, transformar y jugar con la ropa que ya no usamos» u otro para reparar cosas en comunidad, como pequeños electrodomésticos, acompañados de un grupo de expertos en reparaciones, completan la lista de las actividades más originales que se pusieron en marcha el verano pasado en el Círculo de Bellas Artes.

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