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Voluntarias en la Obra Social Cachito de Cielo entregadas a los más desfavorecidosAlmudena Delgado

Madrid

El triste adiós de «Cachito de cielo» tras 15 años alimentando a los más desfavorecidos en Chamberí

En este pedacito de firmamento nada sucede por casualidad, un lugar donde voluntarios y religiosas alivian el sufrimiento de los más desfavorecidos, devolviéndoles la esperanza y fortaleciendo los lazos sociales que crean comunidad

Las Celadoras del Culto Eucarístico eran una congregación religiosa femenina fundada en Mallorca en 1902 por Miguel Maura Montaner, hermano del político Antonio Maura. Este sacerdote, que sintió su vocación a una edad muy temprana e ingresó en el seminario a los 15 años, en 1876 creó la Asociación Centro Eucarístico, cuyo fin era cuidar todo lo concerniente a la devoción y culto de la Eucaristía. De ella nacerían las Hermanas Celadoras, que se acabaron uniendo a las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada por la falta de vocaciones y la alta edad media de las religiosas.

Las Misioneras del Santísimo Sacramento llevan más de quince años cubriendo las necesidades alimenticias de los más desfavorecidos sin perder nunca la sonrisa en un edificio que las Hermanas Celadoras poseían en la calle Monte Esquinza 29, en Madrid. «Todo era de todas», comienza a relatar la Hermana Rosa María, que recibe a El Debate para hablar de los orígenes de esta obra social y cómo a lo largo del tiempo, gracias a unas pocas mujeres consagradas y al espíritu solidario de numerosos voluntarios, el lema «dadlos vosotros de comer» se ha convertido en su máxima a seguir.

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Con orden y mucho cariño se organizan las bolsas del desayunoMyriam Delgado

La obra social tuvo sus orígenes en la Travesía de Belén 1, donde está ubicada la capilla secreta de Adoración Perpetua, Cachito de Cielo, «un sitio angosto en el que no resultaba fácil dar asistencia a los más vulnerables». Esta religiosa de corazón atento y generoso nos cuenta que «eran muchos los que comenzaron a llamar a la puerta pequeña, discreta y desapercibida de esta capilla». El bocadillo era lo primero que comenzó a ofrecerse, más tarde vino acompañado de un vaso de café con leche al que se añadió un huevo duro y una lata de atún, hará ya más de un siglo.

Unión fraternal

Monte Esquinza esquina Blanca de Navarra se convirtió en el año 2011 en la prolongación de ese pedacito de cielo y, gracias a sus dimensiones, como bien comparte a este periódico la Hermana, cuando uno traspasaba el umbral, «se encontraba con una cafetería donde todos conversábamos, cantábamos y la familiaridad que surgía, incluyendo a los voluntarios, era muy grande». Esa cualidad de actuar con llaneza, sencillez y confianza en el trato sigue latente hasta el día de hoy.

«La pandemia nos modificó la vida bastante y aún seguimos inmersas en esas modificaciones», continúa relatando Rosa María, «ahora se les da en la puerta una bolsa con un bocadillo, yogures, frutas, pastelitos, bocaditos de salado y galletas. Esta bolsa va muy surtida, muy nutrida y muchos pasan el día con lo que llevan en ella».

Un voluntario que participa en la preparación y en el reparto de comidas nos cuenta que, por petición de Rosa María, «las servilletas que se introducen dentro de las bolsas deben ir bien dobladas como muestra de amor y de respeto al prójimo». La enorme capacidad para comprender las emociones ajenas y conectar con el dolor de los más debilitados nos habla de la fortaleza de esta mujer que se convierte cada día en un apoyo sincero, preciso y necesario.

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El desayuno que se reparte endulzado con ricos pasteles de MallorcaMyriam Delgado

El Banco de Alimentos de Madrid, así como particulares, contribuyen a procurar el bien ajeno, fomentando la empatía y fortaleciendo el tejido social a través de todo lo que donan a esta obra social. De manera muy especial, Rosa María ensalza con enorme entusiasmo y gratitud la iniciativa solidaria «Acción más Dulce» de las míticas Pastelerías Mallorca, que llevan más de 40 años contribuyendo a esta causa a través de la donación diaria de productos. Martes y jueves son los días dedicados a las familias, en los que se visibilizan las filas de personas, muchas de ellas con carros de la compra, para recibir lotes de alimentos básicos. «Estar en esta cola me da fe y esperanza y gracias a ello puedo continuar la semana», enfatiza una mujer que recibe ayuda de esta obra social.

Voluntarios en acción constante

El voluntariado es la expresión viva de la fe y el Evangelio. «En los años que llevo en esta bonita iniciativa de asistencia a los más desfavorecidos, me he sentido muy feliz porque me he rodeado de personas extraordinarias y gracias a ellas hemos salido a flote, pues mucha gente pasa por aquí y hay que darles cabida a todos ellos; solo siento una enorme gratitud», pronuncia esta religiosa, elogiando la ayuda humanitaria como motor de solidaridad y del cambio social.

El voluntariado intergeneracional involucra a jóvenes, adultos y personas mayores en redes de apoyo, fortaleciendo sus lazos como familia. Es el caso de Raquel, que llegó a esta obra social de la mano de su hija, y hoy su madre, de 82 años, colabora «tejiendo en casa bufandas y gorros para que los que duerman en la calle pasen menos frío en invierno». Un regalo que en Nochebuena reciben los más desprotegidos gracias a las manos de esta mujer que convierte este emprendimiento artesanal en un proyecto solidario con sus 120 gorros y 120 bufandas anuales que realiza con entrega y esmero.

A los niños, por su parte, se les regala juguetes a través de las campañas de recogida que se realizan en colegios por Navidad. Unas fiestas especiales donde las bolsas de alimentos que se reparten habitualmente a lo largo del año, rellenas de pan, atún o paté, lácteos, fruta, bollería y algo de salado, se complementan «con medio pollo, dulces, embutido y productos de higiene», como nos cuenta Raquel.

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Voluntarios preparando regalos para los niños en NavidadRaquel

«Este edificio es un monstruo, para entendernos», comienza a narrar a El Debate Rosa María con tristeza y resignación. «No hay posibilidades financieras para poderlo mantener y no es posible que nos dejen un pedacito de este lugar para continuar con nuestra obra solidaria. Nos tenemos que marchar con mucha pena, con mucho dolor, pero el Señor suplirá nuestra pobreza, nuestras limitaciones y nuestros buenos deseos». «Confiar en Dios y dejar correr la vida».

Búsqueda de un nuevo emplazamiento

Esta religiosa, que acepta con el alma en paz lo que la vida trae, «sabiendo que es para nuestro bien», asume que «las cosas no son como uno quiere, sino como se van presentando día a día, minuto a minuto». «Hemos buscado miles de lugares, pero todos nos cierran las puertas», susurra con nostalgia y añade, «la alegría y la satisfacción de haberme donado al Señor es grande, pero el disgusto de no poder atender a las personas que sufren es muy doloroso. Y aquí estamos, esperando la voluntad de Dios, Él es quien sabe, Él es quien nos guía y hay que estar con el oído abierto para saber qué nos propone porque si es voluntad de Él que sigamos adelante donde quiera que sea, en otro extremo de Madrid o de España, allá seguiremos».

Así, tristemente, la obra social Cachito de Cielo cerrará definitivamente sus puertas el día 19 de julio, mientras el entusiasmo de los voluntarios por encontrar un sitio nuevo no desiste porque, como bien nos cuenta uno de ellos, «con un poquito de amor y de bondad le puedes cambiar el día a una persona que no lo tiene fácil al tener una vida llena de dificultades». Y pese a ello, añade otra voluntaria: «Es impresionante constatar cómo todos tienen una sonrisa en sus caras y son enormemente agradecidos».

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Los voluntarios comparten vivencias después de una enriquecedora jornadaMyriam Delgado

En este pedacito de cielo se genera una doble vía donde las personas que ayudan suelen recibir mucho más que lo que dan, donde las labores solidarias transforman no solo a la comunidad, sino al propio individuo y donde el gesto sencillo de aquellos que deciden implicarse en la vida de los demás construye una red comprometida que fortalece a los más vulnerables en los momentos más complejos y duros de su vida.

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