La iglesia gótica de Nuestra Señora de la Estrella de Navalagamella
Comunidad de Madrid
Nuestra Señora de la Estrella: la histórica iglesia de Navalagamella que aspira a ser Bien de Interés Cultural en Madrid
Este templo se trata de uno de los ejemplos más relevantes del gótico tardío que se conservan en la Comunidad de Madrid
La iglesia gótica de Nuestra Señora de la Estrella, en el municipio madrileño de Navalagamella, está completando los pasos para convertirse próximamente en Bien de Interés Cultural (BIC) dentro de la categoría de Monumento. Este recinto, considerado como uno de los lugares que más emoción levantan en el oeste de la Comunidad de Madrid, esconde una profunda historia detrás que explican la decisión tomada por el Gobierno autonómico, que ya ha iniciado el expediente para completar la declaración.
El origen de Navalagamella no se conoce con precisión, aunque la teoría más aceptada sitúa su fundación entre los siglos XI y XII, dentro del proceso de repoblación de la vertiente sur de la Sierra de Guadarrama tras la caída de la Taifa de Toledo en manos de Alfonso VI.
Por su parte, sí se conoce que el templo se comenzó a construir por los pies, una solución poco habitual que hace pensar en la existencia de una construcción anterior, quizá una ermita situada fuera del casco urbano. En esa fase se habrían levantado los tres primeros tramos de la nave, cubiertos por bóvedas de crucería con terceletes características del gótico tardío.
En una fase posterior se levantaron el tramo inferior de la torre, cuya construcción ocupa parcialmente la bóveda situada a los pies del templo, y el coro alto, dispuesto de manera que pudiera integrarse con esta nueva estructura. Estas características permiten situar su construcción en época de los Reyes Católicos o, posiblemente, en un periodo algo posterior.
La primera ampliación
Durante el siglo XV, el Concejo encomendó a Pedro de Alviz, cantero vecino de Madrid, y a Miguel de San Martín, cantero vecino de San Martín de Valdeiglesias, la ampliación del templo mediante el añadido de una sacristía y la construcción de una nueva cabecera poligonal debido al notable aumento de la población.
La obra, que salió a concurso en 1542, fue adjudicada a Juan Francés, cantero de Madrid que había participado en obras similares. Aunque no se conserva toda la documentación, la unidad estilística del conjunto permite deducir que la intervención se ejecutó con rapidez.
En los siglos posteriores se documentan distintas actuaciones en el templo. En 1653 consta la apertura de una ventana en la torre y, durante el siglo XVII, se llevaron a cabo mejoras en la capilla mayor, en el cuerpo de la iglesia y en el pórtico meridional. Sin embargo, también hay referencias a daños importantes a finales de ese siglo, cuando se derrumbaron dos capillas y parte del techo, aunque lo peor estaba por llegar.
La Guerra Civil y el paso de las llamas
Los años más duros para el templo llegaron con la Guerra Civil. Navalagamella quedó casi completamente destruida y la iglesia parroquial sufrió un incendio que provocó graves daños. De esta manera, desaparecieron sus retablos y cubiertas, se produjeron desperfectos en nervaduras y plementerías y se saquearon ornamentos, altares y solados.
Pese a la magnitud de los daños, el edificio resistió casi intacto gracias a la solidez de su construcción. También se salvó el archivo parroquial, que se conserva actualmente en el Archivo Diocesano de Madrid. Años más tarde, la iglesia fue restaurada de la mano del arquitecto Juan González Cebaza, y se reconstruyeron las techumbres con armadura de madera, tablazón y teja cerámica, además de otros cambios, aunque la estructura conservó la esencia del edificio original.
Un ejemplo gótico en la actualidad
Ya en el siglo XXI, la iglesia presenta una estructura sencilla, formada por una única nave rectangular de planta de salón, dividida en cuatro partes desiguales, y una cabecera poligonal con ábside ochavado. Los tramos están definidos exteriormente por contrafuertes e interiormente por semipilastras de las que arrancan los nervios de las bóvedas. La sacristía, por su parte, se adosa a la cabecera por el lado de la epístola, mientras que la torre del campanario, de planta cuadrada, se sitúa a los pies, en el lado del evangelio.
En el exterior destacan las cornisas corridas, los vanos de medio punto, el rosetón de la fachada occidental y la portada meridional, protegida por un pórtico sustentado sobre pilastras y columnas de granito. La puerta principal, de madera, conserva decoración estrellada y herrajes de hierro forjado. Ya por último, respecto al interior, aquí sobresale la gran pila bautismal de granito, de forma semiesférica y gallonada, situada en la capilla del sotocoro.