Tolkien ideó una lengua inventada, con su estructura gramatical,, alfabeto y léxico, para los elfos de 'El Señor de los anillos'
¿Qué diferencia un idioma natural de uno inventado? Los casos del hebreo y del euskera
La perfección matemática de algunas lenguas inventadas las delatan
Inventar lenguas es un cometido más común a lo largo de la historia de lo que muchos piensan. Se han inventado lenguas fundamentalmente por dos diferentes razones: razones prácticas, como el caso del esperanto; razones literarias, como las lenguas élficas magistralmente diseñadas por Tolkien.
Sin embargo, por bien ideadas que estén estas nuevas lenguas, respaldadas por filólogos competentes, siempre mostrarán costuras que una lengua natural, evolucionada a lo largo de miles de años no muestran, y que desvelan el carácter artificial de la lengua.
Aquí, excepcionalmente, la imperfección es la perfección, y es que la principal diferencia entre una lengua natural y una inventada es que la lengua natural muestra imperfecciones, irregularidades, excepciones ortográficas y gramaticales resultado del uso habitual de la lengua a lo largo de la historia y de la influencia de otras lenguas a lo largo de la historia.
Los hablantes nativos suelen tomar atajos a la hora de hablar, a la hora de servirse del lenguaje, y es que el idioma es una herramienta de comunicación, y a lo largo de su historia, cuando se trata de una lengua viva, los hablantes manipulan la lengua y la modifican para que se adapte mejor a las necesidades comunicativas del momento.
Una lengua artificial, sin embargo, no muestras esas irregularidades. Una lengua artificial es demasiado perfecta, demasiado lógica, responde a parámetros matemáticos y es tan lógica que nadie habría hablado un idioma así de forma natural.
El hebreo, el euskera (y el italiano)
El caso del hebreo, el euskera y, en menor medida, el italiano, responden al caso de lenguas reconstruidas a partir de dialectos vivos y lenguas en desuso o casi en desuso. Son lenguas que, en su forma moderna, no tenían hablantes nativos hasta su reintroducción en tiempos más o menos recientes.
El hebreo moderno, lengua oficial de Israel, suele citarse como un caso de recuperación exitosa de una lengua. El hebreo moderno surge de la revitalización en el siglo XIX, durante el surgimiento del sionismo, del hebreo bíblico y el hebreo rabínico, echando mano al mismo tiempo de léxico y fórmulas gramaticales procedentes de lenguas europeas modernas que sirvieran para dar respuesta a las necesidades comunicativas actuales.
El hebreo moderno, en ese sentido, no es una lengua inventada y, si bien presenta muchas características con las lenguas artificiales, también presenta irregularidades típicas de las lenguas naturales fruto de la existencia de una base lingüística natural como es el hebreo bíblico y de uso litúrgico.
El caso del euskera es similar. Su modelo estándar, conocido como batúa, surge a finales de los años 60 del siglo XX. Los intentos de revitalización del euskera se encontraban con varios problemas: la gran dispersión de hablantes, la falta de una tradición escrita, el carácter eminentemente rural de la lengua y, sobre todo, su fuerte división o atomización en múltiples dialectos, muchas veces ininteligibles entre los hablantes.
Para solucionarlo se procedió al diseño de una lengua estándar: se tomó como base el euskera guipuzcoano, con elementos de otros dialectos mayoritarios, se incorporó léxico de las diferentes formas del euskera, se unificaron raíces lingüísticas, se diseñó una ortografía y se unificó una gramática.
El euskera tiene irregularidades, la mayoría heredadas del dialecto guipuzcoano. Sin embargo, el batúa muestra también muchas asimetrías que la separan de las lenguas naturales con hablantes nativos.
El tercer ejemplo, el del italiano moderno, es el que se encuentra en una línea más difusa entre una lengua natural y una reconstruida.
En el momento del proceso de unificación italiana en el siglo XIX el mapa lingüístico italiano era muy variado, con múltiples dialectos. Ante la necesidad de encontrar una lengua nacional que integrara el nuevo Estado se optó no por diseñar una lengua nueva sin hablantes nativos a partir de diferentes lenguas o dialectos para que, tras un proceso de normalización lingüística, funcionara como lingua franca.
En el caso del italiano se optó por tomar el dialecto con más prestigio, mayor producción literaria y mayor influencia cultural histórica, el toscano, y convertirla en lengua nacional introduciendo algunas modificaciones.
Como resultado, el italiano presenta una enorme cantidad de irregularidades heredadas del toscano, irregularidades que aumentan en cantidad y complejidad en el habla diaria por la influencia de los diferentes dialectos italianos (el siciliano, el napolitano, el romanesco…) en el italiano oficial fruto de la estrecha convivencia lingüística y un bilingüismo innato.