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Andrés Amorós
Crónica deAndrés Amorós

Sinfonía en gris mayor

Fuerte división de opiniones en la confirmación de alternativa de Marco Pérez

El diestro Emilio de Justo toreando en la Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid

El diestro Emilio de Justo toreando en la Plaza de Toros de Las Ventas de MadridEFE

En cualquier obra de arte, un criterio importante, casi decisivo, es el que solemos llamar coloquialmente «la prueba del día siguiente». Vemos una película o una obra de teatro, por ejemplo y, al día siguiente, con la pequeña distancia que da el paso de unas horas, repasamos en la memoria lo que hemos visto y comprobamos la huella que nos ha dejado: la impresión que esa nos causó, en directo, esa obra de arte crece o se viene abajo.

Lo mismo sucede con los toros. Ayer viernes, el diluvio repentino que cayó sobre Las Ventas pudo quitar algo de protagonismo al toreo de Urdiales. Pasadas unas pocas horas, el recuerdo de sus dos faenas no sólo no disminuye sino que aumenta.

No importa que pinchara y perdiera la Puerta Grande (si hubiera matado a la primera, habría cortado una oreja en cada toro, sin la menor duda). Tampoco importan unos pitos inoportunos. Dicho con toda sencillez: Diego Urdiales toreó de maravilla, dio una lección de torería, naturalidad, madurez, buen gusto… Para mí, ha sido una de las mejores faenas que he podido ver en toda esta temporada, en la que ha habido unas cuantas.

El diestro Marco Pérez recibe la confirmación

El diestro Marco Pérez recibe la confirmaciónPlaza de Las Ventas

Mirando al cielo y bien provistos de impermeables, volvemos a Las Ventas. Para esta corrida, hace días que se puso ya el cartel de «No hay billetes». (Urtasun continúa triunfando).

Los toros de Victoriano del Río, una de las ganaderías de mayor prestigio, bien presentados, con muchos pitones, son en general manejables. Las faenas de Emilio de Justo y de Víctor Hernando sólo suscitan cuatro silencios. El confirmante Marco Pérez levanta una fuerte división de opiniones.

A Emilio de Justo lo acabo de ver francamente bien en Sevilla, como lidiador clásico. Ha superado ya totalmente las secuelas de aquel muy grave percance.

El diestro Marco Pérez toreando

El diestro Marco Pérez toreandoEFE

Cumple en el caballo el segundo toro, miden el castigo pero flaquea. Quita Víctor Hernández por gaoneras impávidas, estilo José Tomás. Se aplaude un capotazo de Antonio Chacón (da gusto ver que, en algunas Plazas, todavía se aprecian estas cosas). Brinda Emilio de Justo al público. El trasteo es fácil pero le exigen al diestro que se cruce más y el toro se raja claramente, huye a chiqueros. La faena no ha cuajado como se esperaba: decepción. Mata con decisión, de una estocada algo atravesada.

Cumple el cuarto en el caballo , no acierta el picador. El toro es manejable , los muletazos son correctos pero sólo conecta con el público una serie en la que de Justo se faja de verdad. Acaba el animal desentendido. Emilio mata mal.

Víctor Hernández se ha ganado el respeto de la afición de Las Ventas por su valor estoico, claramente en la línea de José Tomás: un toreo vertical, de aguante. A veces, me hace pasar miedo por el evidente riesgo que corre. Ésta es ya su cuarta actuación en Las Ventas, esta temporada.

El diestro Marco Pérez toreando

El diestro Marco Pérez toreandoEFE

El tercero, abierto de pitones, engancha el capote en los lances de recibo; acude pronto al caballo pero se va. Tampoco lo sujetan los lances de Víctor, haciendo la estatua. Se luce con los palos Marcos Prieto, que saluda. Víctor Hernández se queda quieto pero no le coge el punto a las encastadas embestidas, que terminan rebrincadas. La faena no remonta y mata mal, a la tercera.

El quinto se llama Coplero. Recuerdo yo que, en el siglo XVIII, llamaron «el capitán coplero» al poeta Eugenio Gerardo Lobo, que llegó a ser gobernador militar de Barcelona. Aunque no es lo más importante de su obra, escribió también algún poema taurino, en la línea burlesca de Quevedo. Por ejemplo, en una décima, en la que se burla de un alguacil cojo, llamado Pedro Tacones, al que, en la Plaza toledana de Zocodover, derribó un toro enmaromado:

«El toro, que lo repara,
dijo: ¿Aqueste tiene vara?
Pues vaya a medir el suelo…» .

Muestra poco celo este toro Coplero ; el picador tampoco acierta: la tarde se hunde en la grisura. Con un animal muy soso, que embiste con ls cara a media altura y dice muy poco, los aseados muletazos de Víctor Hernández no consiguen conectar con el público. Tampoco arreglan nada las manoletinas finales. La espada queda tendida.

Los focos apuntan esta tarde a la confirmación de alternativa de Marco Pérez, el joven salmantino que el día 7 de este mes cumplirá veinte años. Ha sido un caso más de la larga serie de niños prodigio del toreo: Joselito el Gallo, Marcial, los Bienvenida, Pepe Luis, Luis Miguel, Paco Camino, El Juli, Enrique Ponce… Otros que también comenzaron muy pronto, en cambio, no lograron consolidar sus éxitos iniciales.

Se equivocó Marco – o sus gestores – cuando toreó seis novillos en solitario en Las Ventas: como era de esperar, aquello no salió bien. Últimamente, está encadenando una gran racha de triunfos. Su capacidad y su variedad son evidentes. Está por ver si elige el camino del triunfo con recursos populistas o si va depurando su estilo. En los toros, igual que en la vida, el triunfo rápido no suele ser el mejor ni el más duradero. Esta tarde puede ser decisiva para su imagen.

Reciben con aplausos al primer toro, con mucha cara, que cumple en el caballo y embiste con nobleza . Quita vistoso Marco por navarras y tafalleras. Comienza bien por bajo, con la rodilla flexionada. Al natural, surge ya la división de opiniones porque los exigentes le censuran la colocación pero otra parte del público aplaude. Todo el trasteo es fácil, ligero, vistoso, sin estrecharse: con un toro noble, en Madrid, se exige otra cosa… Mata de un espadazo contrario que produce vómito y la división de opiniones es muy fuerte, cuando saluda. Escucho , a mi lado: «Toreando así, en muchas Plazas, corta orejas». Pero Madrid exige más.

Intenta animar al personal al recibir al sexto con una larga de rodillas pero el animal, que supera los seiscientos kilos, se va. Sí acude pronto al caballo y pica bien las dos veces Alberto Sandoval , muy aplaudido (el único que ha hecho bien la suerte, esta tarde). El animal embiste sin clase, no es fácil; el diestro pone voluntad pero no logra dominarlo: surgen momentos de apuro y un desarme. El trasteo es eléctrico, se escuchan protestas y también, palmas a la voluntad. Mata a la segunda. Algunos partidarios, inasequbiles al desaliento, sacan el pañuelo…

Ha sido una tarde gris, en lo climatológico y en lo artístico. Como ha habido poca emoción en el ruedo, me ha dado tiempo a recordar un precioso poema de Rubén Darío, cuyo título la define: «Sinfonía en gris mayor»:

«El mar, como un vasto cristal azogado
refleja la lámina de un cielo de zinc,
lejanas bandadas de pájaros manchan
el fondo bruñido de pálido gris».

Cuando, en una corrida de toros, me pongo a recordar poemas, es mala señal: poco ha debido de pasar, en el ruedo.

No ha llegado a descargar la anunciada tormenta, ha quedado una tarde otoñal muy agradable, de templada temperatura, sin viento; los toros han sido manejables. Sin embargo, el tono general ha sido plano, sin emoción.

No nos hemos mojado, es cierto, pero tampoco nos hemos emocionado… Volviendo a casa, yo continúo con la nostalgia del toreo natural y armonioso de Diego Urdiales: valía la pena, aunque fuera a costa de sufrir el diluvio.

Ficha

  • MADRID. Plaza de Las Ventas. Feria de Otoño. Sábado, 3 de octubre de 2026. «No hay billetes».
  • EMILIO DE JUSTO, de negro y oro, en el segundo, estocada algo atravesada y descabello (aviso, silencio). En el cuarto, pinchazo y estocada caída ( silencio).
  • VICTOR HERNÁNDEZ, de sangre de toro y oro , en el tercero, dos pinchazos y estocada corta (aviso, silencio). En el quinto, estocada tendida y tres descabellos (silencio),
  • MARCO PÉREZ, de grana y oro, que confirma la alternativa, en el primero, estocada defectuosa (saludos con fuerte división de opiniones). En el sexto, pinchazo y estocada (división de opiniones).

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