Otra meditación del hombre enamorado, ¿qué hará?
Por un lado, sabe que cuanto antes pierda el poder antes se acerca al banquillo; por el otro, podría autoengañarse con que puede ganar votos con la ola indignada
El 24 de abril de 2024, Sánchez publicó su primera Carta a la Ciudadanía, respuesta a la apertura de diligencias judiciales contra su mujer. En la emotiva misiva, que todavía nos conmueve hasta el tuétano cuando la releemos clínex en mano, el presidente y líder de la exitosa «coalición progresista» se definía como «un hombre profundamente enamorado» de la catedrática extraordinaria Gómez. La carta anunciaba un retiro de cinco días de la vida pública para sopesar si seguía o no en su cargo tras la grave afrenta del lawfare fachoso contra su esposa. En fin… una patochada propagandística cuyo final estaba cantado, pues le gusta más el poder que las semillas a los hamsters.
Ahora llega un segundo retiro, de 48 horas. Anuncian las fuentes del régimen que este fin de semana reflexionará sobre si convoca elecciones tras la doble bofetada de Puigdemont, o si se aferrará al cargo hasta agotar la legislatura.
Intentar introducirse en los meandros de una mente tan revirada como la de Sánchez es como recorrer los pasillos del laberinto de Creta. Pero los argumentos a favor y en contra de un adelanto electoral parecen claros.
–En contra de convocar elecciones:
Un argumento estelar para enrocarse y seguir hasta el final es que la mayoría Frankenstein rechazaría conceder el suplicatorio si algún caso contra Sánchez llegase al Supremo. Es decir, conservar el poder es una manera de blindarse frente al banquillo. En caso de perder la Presidencia, podría tener que sentarse ante un juez por la escandalosa guerra sucia de la cloaca de su partido y por un posible delito de traición ante la invasión de Ceuta.
Además, si se le acaba la Moncloa menguaría su influencia sobre Pumpido, que hoy opera como un ministro más del PSOE, como el Señor Lobo que ejecuta los trabajos sucios. Si Sánchez aguanta hasta el verano de 2027, a Pumpido podría darle tiempo incluso a desatascar la fábrica de votos del PSOE en América.
Tampoco parece que haya grandes empleos esperando a Sánchez fuera de Palacio. Hace solo dos años, el «handsome Pedro» conservaba un buen cartel en el extranjero, con su farfolla del correcto credo climático-feminista. Pero hoy ya saben hasta en Nueva Zelanda que el achicharrado Sánchez es un presidente pringado en graves casos de corrupción, radical en política exterior y totalmente maniatado.
–A favor de un adelanto electoral:
La razón más poderosa sería que Sánchez se autoengañe con su propia propaganda. Es decir, que se haga la ilusión de que puede capitalizar electoralmente el movimiento de los nuevos indignados. Quemar la calle y ponerse al frente de la manifestación, en la esperanza de movilizar a los desencantados del PSOE y aglutinar todo el voto de la izquierda frente a una derecha buitre y desalmada, que deja a las ancianas desvalidas en la calle y protege a los «grandes tenedores» (mayormente familias jubiladas con pisos en alquiler).
¿Problema? La ola del enfado de la izquierda populista es muy fotogénica, pero muchísimo menos cuantiosa de lo que parece. Para abarrotar Sol, sin tiendas, bastan unos diez mil manifestantes. Hoy puede haber allí unos 4.000, que no representan una «mayoría social» en modo alguno. Hay que recordar siempre que solo cinco meses después de la aparatosa acampada del 15-M de 2011, con todo el show de «los indignados» dando la vuelta al mundo, el PP logró mayoría absoluta.
Las encuestas que se están elaborando a estas horas reflejan que el caso Maricarmen y toda la alharaca que se ha liado mediáticamente no ha movido el tablero demoscópico. El PSOE no repunta y la suma de PP y Vox sigue con su holgada mayoría absoluta de más de 200 escaños. Eso es lo que hay. Y Sánchez lo sabe.
Pero ponerse a vaticinar qué pasa a estas horas por una mente tan esquinada como la de Sánchez es una osadía fútil y de alto riesgo. Mi pronóstico, perfectamente falible, es que la meditación de este fin de semana acabará con una heroica alocución televisada a «la ciudadanía». En ella nos hará el inmenso favor de anunciarnos que se compromete a seguir hasta el final, porque es de extrema urgencia dar la batalla contra la «internacional reaccionaria» y en defensa de los «valores progresistas, más amenazados que nunca «por una inhumana derecha y ultraderecha». Es decir, me temo que hará un «yo sigo», porque fuera del poder no tiene donde caerse muerto.
A primera hora de la mañana del viernes, los dos periódicos sanchistas más entregados y conocidos tocaban clarines de adelanto electoral. Si esos medios, que actúan al dictado de las consignas de Mi Persona, pregonan elecciones, lo normal es prepararse para todo lo contrario, dado que hablamos del rey del trile.
Dicho esto, ojalá me equivoque por completo y se imponga la cordura de ir a las urnas. España necesita votar. Ningún país en su sano juicio puede estar cuatro años sin Presupuestos y con un presidente que se está comportando como un lunático fuera de la realidad.