Plaza de la Villa, conjunto monumental medieval en Madrid
Madrid
La historia detrás de la estatua de Madrid que homenajea al almirante que nunca conoció la derrota
El liderazgo de Álvaro de Bazán se basó fundamentalmente en una visión organizativa avanzada que convirtió a la armada española en una de las más eficaces de su tiempo
Hijo del Capitán General de las Galeras de España, con solo nueve años Álvaro de Bazán comenzó a educarse en el ámbito marino y con 12 años participó junto a su padre, Álvaro de Bazán y Solís (1506-1558) en su primera operación militar. Es considerado por los historiadores como el mayor comandante naval de la historia de España y uno de los genios militares más brillantes de todos los tiempos. Sirvió fielmente a los reyes Carlos V y Felipe II y jamás conoció la derrota en casi cincuenta años de carrera marítima. Su padre fue marino y armador, encargado de construir y gestionar flotas para la Corona, transmitiendo toda su experiencia náutica y táctica militar a su hijo desde la infancia.
Retrato de don Álvaro de Bazán, primer marqués de Santa Cruz
Símbolo del poder naval
Miguel de Cervantes le dedicó elogios en Don Quijote de la Mancha, refiriéndose a él como «aquel rayo de la guerra, por sus felices y jamás vencidos años, don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz». En su sepultura se grabaron unos versos que describían su poliédrica personalidad y la devoción de sus hombres: «Peleó como caballero, escribió como docto, vivió como héroe y murió como santo». Sus restos descansan en una tumba yacente dentro de la capilla de su palacio renacentista del siglo XVI, el Palacio del Marqués de Santa Cruz, ubicado en la localidad de Viso del Marqués, en la provincia de Ciudad Real.
El palacio de los Marqueses de Santa Cruz, en Ciudad Real
Don Álvaro de Bazán y Guzmán nacido en Granada en 1526 y fallecido en Lisboa en 1588, fue una figura clave del hispanismo, símbolo del poder naval y de la expansión de la Monarquía Hispánica en el siglo XVI. Su genio estratégico, su disciplina y su capacidad para modernizar la guerra en el mar fueron claves a lo largo de toda su carrera. Participó en campañas decisivas como la Batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571, golfo de Patras en el mar Jónico, cerca de Grecia), donde contribuyó a frenar la expansión otomana, consolidando la hegemonía cristiana en el Mediterráneo.
Su liderazgo se basó fundamentalmente en una visión organizativa avanzada que convirtió a la armada española en una de las más eficaces de su tiempo. Tras esta batalla, el almirante granadino participó en la ofensiva que Don Juan de Austria en 1573 dirigió exitosamente sobre Túnez con 104 galeras, 44 naves de vela y 60 embarcaciones menores, con unos 20.000 infantes españoles, italianos y alemanes.
Ilustración de la batalla de Lepanto
Célebre marino español
Primer marqués de Santa Cruz e insigne marino español, Álvaro de Bazán fue nombrado en 1576 por Felipe II «Capitán General de las Galeras de España», el máximo mando militar de las flotas de galeras y uno de los cargos navales más importantes de la Armada española durante la época de los Austrias. En uno de los conjuntos monumentales medievales mejor conservados del casco histórico de Madrid, situada junto a la calle Mayor, se encuentra la estatua que, erigida el 9 de diciembre de 1891 en el centro de la plaza, le rinde honor al célebre marino español.
Estatua de don Álvaro de Bazán en la Plaza de la Villa
Con motivo del tercer centenario de su muerte se creó una comisión organizadora de actos para homenajear al marino con el apoyo de la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena (1858-1929) y se propuso la realización de una estatua. La ceremonia de la inauguración oficial contó con la presencia de la reina regente, su cuñada la infanta Isabel (conocida popularmente como «La Chata»), el presidente del Consejo de Ministros, Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897), y gran parte de los miembros del Gobierno de la época.
La Plaza de la Villa por su situación céntrica y por su tamaño se convirtió en el bonito enclave peatonal elegido para levantar la estatua. Aún mantiene su sabor medieval, en el que tienen su origen tres pequeñas y estrechas calles, correspondientes al primitivo trazado urbano: la calle del Codo por el este, la calle del Cordón por el sur y la calle de Madrid, al oeste.
Plaza ubicada en el casco histórico de Madrid
Primeros plenos del Ayuntamiento
Esta plaza ya era importante antaño al estar equidistante entre los dos accesos más importantes de Madrid: la Puerta de Guadalajara y la Puerta de la Vega, que se abrían en sus murallas. Entonces se llamaba Plazuela de El Salvador, por la parroquia de San Salvador, que estaba cerca de allí. Esta especial ubicación fue la causa de que, en el siglo XIII, la Plazuela del Salvador fuera el lugar de celebración del consejo de la ciudad. Allí acudían los miembros de este organismo cuando eran llamados por la campana. Eran los primeros plenos del Ayuntamiento de Madrid, actividad que hoy se recuerda en una lápida colocada en el sitio donde antes estaba el templo. Fue en el siglo XV cuando obtiene su nombre actual, Plaza de la Villa, coincidiendo con la otorgación a Madrid del título de Noble y Leal Villa de Madrid por Enrique IV de Castilla (1425-1474).
Monumento en homenaje a don Álvaro de Bazán
Para recaudar los fondos necesarios y así poner en marcha el monumento, se organizó un concierto en el Teatro de la Zarzuela y se abrió una suscripción pública que alcanzó la suma de 62.500 pesetas. La escultura, realizada en bronce, representa la figura de don Álvaro de Bazán vestido con media armadura, gesto serio, enérgico, y su mirada se orienta ligeramente a la izquierda, hacia la Casa de la Villa y la Calle Mayor. Apoya la mano izquierda en la empuñadura de su espada, mientras que en la derecha lleva una bengala de general. Sorprende el trabajo de Benlliure en los pliegues y detalles de la vestimenta, en los que quiso ser muy preciso. A los pies de la figura, un yelmo y una bandera recuerdan, según los historiadores, sus victorias contra los turcos.
Las redondillas de Lope de Vega
La comisión eligió el proyecto presentado por el famoso escultor español Mariano Benlliure (1862-1947), quién realizó la estatua en Roma en 1888, donde estaba pensionado por la Academia. Se inspiró en la estatua de bronce de Carlos V del Museo del Prado, obra de otro escultor italiano del Renacimiento, León Leoni (1509-1590). Leoni es recordado como el mejor medallista del Cinquecento. El pedestal de la estatua es obra también de Benlliure y del arquitecto Miguel Aguado (1842-1896); originalmente tenía una decoración en bronce a base de delfines, anclas y atributos marinos que en la actualidad ha desaparecido. En el frente principal, y entre una corona de palma, se ve la inscripción Don Álvaro de Bazán, mientras que, en el lado opuesto del pedestal, se leen las redondillas que Lope de Vega dedicó a don Álvaro.
Redondillas que Lope de Vega dedicó a don Álvaro de Bazán
Como curiosidad, cuando se colocó la primera piedra el 4 de mayo de 1891, se enterró justo debajo del pedestal una arqueta de plomo. Dentro de esta cápsula del tiempo (que sigue allí abajo) hay monedas de la época, los periódicos madrileños de ese mismo día y el acta oficial de la construcción.