Café Landtmann en la Ringstraße de Viena, icono de la cultura del café en la capital imperial.
La única capital del mundo donde tomarse un café es Patrimonio de la Humanidad
Tomar un café en Viena es entrar en su filosofía gastronómica. En 2011 la Wiener Kaffeehauskultur, o cultura de las casas de café, pasó a formar parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. La esencia de cada distrito marca el carácter de sus más de 1.400 cafeterías, convirtiendo la capital en un recorrido fascinante por su historia, gastronomía y vida social.
El primer café vienés documentado data de 1685 y a finales del siglo XVIII ya era la Ciudad de los Cafés. Sin embargo, la Exposición Universal de 1873 los lanzó al estrellato y supuso un antes y un después para esta identidad, que se convirtió en símbolo internacional del arte de vivir europeo. Ese año se inauguró el Landtmann. Desde entonces, se ha cultivado una tradición repleta de anécdotas.
Pedir un café en Viena
Un café Einspänner.
Para pedir café en Viena conviene estar ilustrado. El más tradicional es el Melange, cuyo nombre francés reflejaba el refinamiento de la corte imperial; lo querían mezclado con leche, todo un lujo en la época. Un Brauner (marrón): Großer si es doble y Kleiner si es pequeño, siempre servido con la jarrita de leche aparte. Los amantes del café fuerte pedirán un Einspänner, doble espresso en vaso alto cubierto con nata montada. Lo idearon los conductores de carruajes que pasaban horas a la intemperie; la nata lo mantenía caliente.
Los amantes del café fuerte pedirán un Einspänner, doble espresso en vaso alto cubierto con nata montada
El hábito no hace al monje, pero sí al café. El Kapuziner, antecesor del capuchino, nació cuando los clientes solicitaban uno del color del hábito capuchino: los camareros añadían suficiente crema para lograr ese tono. Su variante más clara, el Franziskaner, incorpora más leche y va coronado con nata montada, el más suave. Otra opción clásica es el Verlängerter, alargado con agua caliente, originado cuando los clientes demandaban que durara más para acompañar tertulias y lectura.
Siempre con repostería
Tarta Sacher de la cafetería Demel.
Lo bueno, si acompañado, mejor. Por eso un café vienés se suele disfrutar con repostería, pieza clave de la idiosincrasia de la urbe. La más conocida, aunque no siempre la más apreciada, es la Sachertorte. Los entendidos prefieren un Apfelstrudel de manzana con crema agria o el Topfenstrudel, su versión con queso fresco. El Kardinalschnitte, pastel ligero típico de Viena, alterna capas de merengue, bizcocho y crema o mermelada según cada casa. La Dobostorte, de origen húngaro, combina finas láminas de bizcocho con chocolate y un remate de caramelo crujiente. La Linzer Torte, una de las más antiguas de Europa, mezcla almendra y especias con mermelada de frambuesa o grosella. Y están también la Estherhazy de almendra o los Buchteln, bollos suaves y esponjosos servidos con salsa de vainilla. Los desayunos completan el repertorio con panes artesanos, bollería, mantequilla, mermeladas caseras, huevos, quesos y embutidos.
Apfelstrudel, típico postre austriaco para acompañar al café.
En un auténtico café vienés también se ofrecen platos calientes, fríos y menús del día. Funcionan como restaurantes informales de cocina tradicional austriaca. En sus cartas no faltan Wiener Schnitzel, Gulasch, Tafelspitz, salchichas, sándwiches, ensaladas, quiches y tartaletas, junto a opciones vegetarianas.
Sabores por distritos
Catedral de San Esteban.
Cada distrito tiene un sabor distinto y una atmósfera propia, la capital revela su alma más profunda a través de sus casas de café. El Distrito 1, barrio imperial dominado por la torre de la Catedral de San Esteban, reúne el esplendor de los Habsburgo en el Palacio Hofburg, cuya Biblioteca Nacional es una de las más espectaculares del mundo. Aquí se encuentran también la Escuela Española de Equitación, el Tesoro Imperial y el Museo Sisi. Muy cerca, la Ópera y la Iglesia de los Agustinos, donde contrajeron matrimonio Francisco José y Sisi. En este marco, las cafeterías imperiales proponen repostería suculenta entre estantes de marquetería, lámparas de cristal, columnas de mármol y vitrinas palaciegas.
La batalla de la tarta
Café Demel, fundado en 1786.
Una ruta clásica empieza en el Landtmann y continúa por el Central, epicentro literario y lugar de tertulias de Trotski, Freud, Zweig y Schnitzler. El Demel, fundado en 1786, recibió el título de proveedor oficial de la corte imperial (K.u.K. Hofzuckerbäcker). Sisi adoraba sus violetas confitadas y lo convirtió en símbolo del lujo vienés. En el siglo XX protagonizó una célebre batalla repostera con el Hotel Sacher por los derechos de la Sachertorte, disputa que terminó en 1963 con un casi empate técnico.
Gerstner K.u.K. Hofzuckerbäcker, proveedor oficial de la corte situado en el Palacio Todesco.
Siguiendo hacia la Josefplatz se llega al Gerstner K.u.K. Hofzuckerbäcker, otro proveedor oficial de la corte, situado en el Palacio Todesco. La ruta concluye en el Schwarzenberg, uno de los primeros de la Ringstraße tras la demolición de las murallas medievales, que conserva una clientela fija de vecinos y artistas que acuden a sus conciertos de música de cámara y piano. Muchos consideran que elabora el mejor Apfelstrudel, con receta intacta desde su inauguración. Ya en este escenario destaca también el Prückel, icono de los años 50 con piano por las tardes y en verano una de las terrazas más animadas de la Ringstraße.
El café de las abuelas
Iglesia de San Carlos Borromeo.
En el Distrito 4, donde deslumbra la iglesia barroca de San Carlos Borromeo, sobresale la calle Schleifmühlgasse con sus galerías, floristerías y cafeterías singulares como Vollpension, que ha recuperado no solo recetas de abuelas, sino también a las propias abuelas: mayores y jóvenes trabajan juntos en un espacio lleno de encanto y vida de barrio. En la misma calle se ubica el Anzengruber, famoso por su Schnitzel de cerdo. Entre los distritos 4 y 6, el Naschmarkt es un mundo propio que hierve desde primera hora de la mañana.
Café Vollpension.
En el Distrito 15 brilla GOTA Coffee Experts, reconocido como la mejor cafetería de Europa 2025 y la tercera del mundo en el Coffee Festival de Madrid. Presenta 25 tipos de café procedentes de los países más cafeteros del mundo, con distintos granos y tuestes seleccionados.
Con vaso de agua
Café Prückel, icono de los años 50 con una de las terrazas más animadas de Viena.
Las curiosidades de este espíritu cafetero son innumerables. En Viena, todos los cafés se presentan con un vaso de agua, una tradición del siglo XIX nacida tras la canalización del agua de la montaña: usar agua potable solo para enjuagar la cucharilla era símbolo de calidad. La Wiener Kaffeehauskultur tiene incluso su propia silla, la nº 14 diseñada por Thonet en 1859. A mediados del siglo XX ya se habían vendido más de 50 millones de unidades y hoy sigue siendo una de las sillas más reproducidas del mundo. Aún es posible saborear un Einspänner sentado en una de ellas en casas históricas como Frauenhuber (1798) o en los más modernos, como Adlerhof.
La temporada de baile
Palacio Hofburg.
Durante la temporada de baile, de noviembre a enero, uno de los más esperados es el dedicado a los cafeteros, el Kaffeesiederball. Se celebra en el Palacio Hofburg, que por una noche se convierte en la cafetería más grande y elegante del mundo. Este año tendrá lugar el 23 de enero, con entradas ya disponibles.
El Zentralfriedhof (Cementerio Central) de Vien alberga las tumbas de Beethoven, Strauss, Schubert y Brahms.
El Kurkonditorei Oberlaa del Zentralfriedhof (Cementerio Central), es uno de los más singulares. Combina repostería exquisita con un entorno luminoso y acogedor. Tras visitar las tumbas de Beethoven, Schubert, Brahms o Strauss, muchos visitantes se detienen aquí para disfrutar de un café y una tarta Oberlaa. Es un ejemplo perfecto de esa Viena que mezcla tradición, historia y vida cotidiana incluso en los escenarios más insospechados.