Imagen virtual del desparecido Hotel Imperial de Tokio
La propina de hotel más fabulosa de la historia: más de un millón y medio de dólares
A falta de dinero suelto, Einstein entregó una nota manuscrita al botones del legendario Hotel Imperial de Tokio. Con el tiempo fue subastada por 1,56 millones de dólares
El legendario Hotel Imperial de Tokio, como el Ritz de París, el Claridge’s de Londres o el Plaza de Nueva York, pertenece a esa categoría especial de hoteles que, además de alojar viajeros, atesoran historias. No son solo direcciones ilustres ni edificios con servicio impecable. Son lugares donde se cruzan la diplomacia, la arquitectura, la cultura y, de vez en cuando, una anécdota tan improbable que parece escrita por un novelista.
La anécdota más famosa de todos los ilustres huéspedes del Imperial Hotel de Tokio tiene como protagonista a Albert Einstein, que llegó a Japón en 1922 para una gira de conferencias
En el caso del Imperial, esa acumulación de historia no es una pose: nació en 1890 como casa de huéspedes para dignatarios extranjeros en plena modernización japonesa y, desde entonces, ha acogido a mandatarios, artistas y celebridades de medio mundo, desde Marilyn Monroe hasta Charlie Chaplin, pasando por Helen Keller.
Premio Nobel de Física
Exterior actual del Hotel Imperial de Tokio
La anécdota más famosa de todos esos ilustres huéspedes tiene a otro icono del siglo XX como protagonista, Albert Einstein. Y no solo por el dinero que acabaría moviendo aquella propina improvisada, sino porque resume como pocas la extraña mezcla de genio, celebridad y sabiduría personal que rodeó sus años de mayor fama. Einstein llegó a Japón el 17 de noviembre de 1922 para una gira de conferencias que se prolongaría durante varias semanas. La noticia de la concesión del Premio Nobel de Física la recibió antes de desembarcar, cuando aún viajaba en barco hacia Oriente. Pero fue ya al llegar a Japón, y en especial en Tokio, donde tomó verdadera conciencia de la dimensión de su fama: allí dejó de ser solo un sabio admirado para convertirse en una figura de celebridad planetaria, perseguida por periodistas, curiosos y admiradores.
Así era el interior del Imperial cuando se alojó Eisntein
El cuartel general de aquella memorable gira nipona fue el nuevo Imperial Hotel, el gran proyecto con el que Frank Lloyd Wright había reinterpretado y sustituido el viejo edificio del hotel. Aquel Imperial, que acababa de abrir sus puertas en 1922, era ya una declaración de modernidad y pronto iba a entrar en la historia de la arquitectura. Fue allí, en ese hotel casi recién estrenado, donde Einstein vivió los primeros días de la fiebre mundial desatada por su Nobel. Durante aquellos días, Tokio lo recibió con auténtico fervor. Su presencia provocó una expectación descomunal. Y fue precisamente en medio de esa agitación cuando tuvo lugar la historia que dio pie a la propina más memorable de la historia.
Un gesto inesperado
El vestíbulo principal del hotel fue desmantelado y trasladado a la Villa Museo Meiji-mura
En algún momento de su estancia en el Imperial, un empleado del hotel subió a su habitación. Las versiones hablan de un botones o de un mensajero, no está del todo claro. Einstein quiso darle una propina, pero o bien no tenía cambio pequeño en ese momento o bien el empleado, siguiendo la costumbre japonesa, no quiso aceptarla. Entonces hizo algo inesperado: cogió un papel timbrado del hotel, escribió unas líneas en alemán y se las entregó con una recomendación que hoy suena casi sobrenatural: «guárdelo, porque quizá algún día valga más que una propina corriente».
El Hotel Imperial de Tokio en los años 20 del siglo pasado
En una de aquellas notas escribió: «Una vida tranquila y modesta trae más felicidad que la persecución del éxito unida a una inquietud constante». En la otra: «Donde hay voluntad, hay un camino». La primera acabaría siendo conocida como su teoría de la felicidad. Y ahí reside buena parte de la belleza de esta historia: mientras el mundo celebraba su fama, lo perseguía por su Nobel y lo consagraba como una figura histórica, Einstein dejaba escrito en un papel de hotel que la felicidad estaba justamente en lo contrario de aquella agitación: en una vida modesta, tranquila y sin ansiedad de éxito.
Un tesoro familiar
Einstein en su visita a Japón en 1922
Las notas permanecieron durante casi noventa años en manos de la familia del mensajero. En parte, también, porque en la cultura japonesa un regalo de una figura tan respetada como Einstein tiende a atesorarse con discreción. No fue hasta 2017 cuando un sobrino nieto del empleado, afincado en Alemania, decidió subastarlas en Jerusalén. La expectativa inicial rondaba los 10.000 dólares, pero la puja se volvió feroz y la primera acabó vendiéndose por 1,56 millones. La segunda alcanzó 240.000 dólares.
En 2017 un sobrino nieto del empleado subastó las notas de Einstein. La primera acabó vendiéndose por 1,56 millones y la segunda alcanzó los 240.000 dólares
Pero esta no es solo una historia sobre Einstein. También lo es sobre el propio Imperial. Su capítulo más célebre llegó con el edificio proyectado por Frank Lloyd Wright, inaugurado oficialmente en 1923 y convertido de inmediato en leyenda por una coincidencia memorable: el día de su apertura se produjo el gran terremoto de Kantō, que devastó Tokio, y el hotel resistió con daños limitados. Aquello bastó para elevarlo a la categoría de mito. La compañía lo sigue presentando como una de las grandes cumbres de su historia, una obra que quiso fundir materiales orgánicos, símbolos culturales y una idea de la arquitectura en armonía con la naturaleza.
Demolido en 1967
Zona común del antiguo Hotel Imperial
El edificio de Wright, sin embargo, no duró para siempre. Tenía habitaciones pequeñas, no respondía ya a las exigencias de la hotelería contemporánea y arrastraba problemas estructurales. Fue demolido en 1967, aunque parte esencial de su legado se salvó: el lobby principal fue desmontado y trasladado al museo Meiji-mura, en Aichi, donde fue reconstruido y conservado. Para los aficionados a la arquitectura, ese es hoy uno de los grandes lugares de peregrinación wrightiana en Japón. Y para quien no pueda desplazarse hasta allí, existe además una reconstrucción digital muy celebrada, «Frank Lloyd Wright: The Lost Works – The Imperial Hotel», basada en planos originales, dibujos y fotografías de archivo.
El nuevo hotel
Lobby actual del Imperial
Aun así, algo del viejo Imperial puede tocarse todavía en Tokio. El actual Old Imperial Bar, dentro del hotel, conserva piedra de Oya y muros de terracota procedentes del edificio de 1923, de modo que quien se siente allí no está entrando en un decorado nostálgico, sino en una pieza real de la historia del hotel.
Aunque Tokio se ha llenado de hoteles extraordinarios, el Imperial conserva un rango propio, casi institucional
Y sigue siendo una referencia. Está en Hibiya, muy cerca del Palacio Imperial, de Ginza y de Marunouchi, en una zona de Tokio mucho más serena y clásica que la de los neones de postal. Es un hotel muy bien situado para quien quiera combinar paseos, compras elegantes, restaurantes, teatros y una cierta idea del Japón sofisticado. Aunque Tokio se ha llenado de hoteles extraordinarios (y aunque el viajero de lujo tenga hoy opciones tan deseadas como el Aman), el Imperial conserva un rango propio, casi institucional.
El «hermano» de Kyoto
Fachada del Imperial Hotel Kyoto
La historia vuelve a estar de actualidad por una doble razón. La primera es que Imperial Hotel Kyoto acaba de abrir sus puertas, el pasado 5 de marzo, en pleno Gion, instalado en el histórico teatro Yasaka Kaikan y con solo 55 habitaciones; se trata de la primera gran apertura de la cadena en treinta años. La segunda es que el Imperial de Tokio se encamina, una vez más, a una transformación radical. El hotel que fue demolido una vez, volverá a serlo por segunda vez, en un complejo proceso por fases que durará toda una década y que ya ha empezado a ejecutarse. En Japón, esa lógica de sustitución no resulta tan extraña como en Occidente, aunque sigue despertando debate, como ocurrió también con otro icono tokiota, el no menos legendario hotel Okura.