Vista aérea de la ciudad de Guadalajara, en el Estado de Jalisco
Qué ver en Guadalajara, la tierra de mariachi, tequila y charros que recibe a España
La selección se mide a Uruguay en la capital de Jalisco, que aprovecha el Mundial para reivindicarse como puerta de entrada al México más auténtico, con vuelos directos desde Madrid
La Perla de Occidente, como se la conoce en México, no tiene las playas de Cancún, Tulum o Los Cabos, ni goza de la condición de gran capital política y monumental del DF. Pero tampoco anda escasa de encantos y tal vez solo le faltaba una gran oportunidad para mostrarlos al mundo. Y esa oportunidad ha llegado. La capital de Jalisco sabe que un Mundial así difícilmente se repetirá y lleva varios años aprovechando su condición de sede para reivindicarse como una de las ciudades con más identidad de México: orgullosa de sus símbolos, de su cultura popular y de ese imaginario que buena parte del mundo asocia con lo puramente mexicano.
La ciudad en la que hoy se mide la selección española a Uruguay es, en efecto, tierra de mariachis, tequila, charros, tortas ahogadas, birria, mercados, cerámica de Tlaquepaque y Tonalá y murales de José Clemente Orozco. Pero no se queda ahí. Guadalajara conserva algo de plaza mayor, de barrio y de sobremesa, aunque sea una de las grandes metrópolis mexicanas. También tiene una escena cada vez más visible de cafés, galerías, bares de agave, hoteles de diseño y restaurantes que en los últimos años ha empezado a llamar la atención de las guías internacionales.
Plaza de la Liberación de Guadalajara, Jalisco
El fútbol funciona, este año, como puerta de entrada. El Estadio Akron, donde España juega esta madrugada, se encuentra en Zapopan, en el área metropolitana, y es la casa de las Chivas, uno de los grandes clubes mexicanos. Pero Guadalajara quiere que el visitante no se quede solo en el estadio. Por eso el FIFA Fan Festival se ha instalado en Plaza Liberación, en pleno centro histórico, junto a la catedral y algunos de los edificios más emblemáticos de la ciudad, como el Palacio de Gobierno, la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres o el Teatro Degollado.
Ese entorno permite pasar, casi sin transición, de la fiesta mundialista a la Guadalajara monumental. Muy cerca está el Hospicio Cabañas, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, donde la ciudad se aparta del folclore más inmediato y entra en la gran tradición muralista mexicana. En su antigua capilla, los murales de José Clemente Orozco, con El Hombre de Fuego en la cúpula, recuerdan que Guadalajara también pertenece a ese México político, artístico y monumental.
Si en Ciudad de México el lugar clásico para escuchar mariachis es la Plaza Garibaldi, en Guadalajara su equivalente natural es la Plaza de los Mariachis, también llamada Plaza Pepe Guízar, en el barrio de San Juan de Dios. Allí, muy cerca del mercado, los músicos vestidos con traje tradicional recuerdan que esta no es una música importada para turistas, sino una verdadera seña de identidad local. A pocos pasos, el mercado de San Juan de Dios ofrece otra inmersión tapatía: comida, ropa, artesanía, camisetas de fútbol, objetos religiosos, ruido, vapor y una primera aproximación a la cocina local. La torta ahogada merece capítulo aparte: un bocadillo de birote salado relleno de carnitas y empapado en salsa de jitomate, chile, cebolla y cilantro. Sabrosa, incómoda y bastante poco ceremoniosa, conviene comerla con muchas servilletas a mano.
Para entender la Guadalajara más actual hay que mirar hacia Colonia Americana. Allí está Casa Habita, del mexicano Grupo Habita, una referencia en la hotelería de diseño del país y una buena pista de esa otra ciudad que también existe: la de los cafés, las galerías, los bares de agave y los restaurantes jóvenes. Nombres como El Gallo Altanero, Leche de Tigre o El Habanero Negro ayudan a entender por qué la ciudad ha empezado a llamar la atención de las guías internacionales. Guadalajara conserva intacto su imaginario más reconocible, pero en barrios como este se percibe también una energía urbana, universitaria y creativa, alimentada además por un ecosistema tecnológico que le ha valido a veces el apodo de Silicon Valley mexicano.
Plano aéreo del Estadio Guadalajara, donde jugará España contra Uruguay
Tlaquepaque y Tonalá completan otra parte del viaje. Son dos nombres esenciales para entender hasta qué punto la artesanía forma parte de la identidad de Jalisco. Si en Sevilla todavía se pueden ver talleres donde se bordan mantos de vírgenes, se doran pasos o se hacen cirios por encargo de hermandades y cofradías, aquí el protagonismo lo tienen el barro, el vidrio, la cerámica, los patios y los oficios que siguen a la vista. No se trata solo de comprar una pieza bonita, sino de entender una forma de mirar el color, la materia y hasta la vida cotidiana. Y, si queda tiempo, la excursión a Tequila y al paisaje agavero puede terminar de cerrar el círculo: el tequila no empieza en una barra, sino en los campos de agave azul, un paisaje bastante espectacular cuando se ve por primera vez.
Guadalajara tiene además una ventaja práctica para el viajero español:, pues Aeroméxico opera vuelo directo desde Madrid, entre cuatro y cinco frecuencias semanales. Otras compañías como Iberia, Air Europa o American Airlines ofrecen opciones con escala intermedia. La ciudad llega al Mundial con mejoras de transporte y conexiones pensadas para unir aeropuerto, centro histórico y Estadio Akron, aunque sigue siendo una metrópolis extensa y muy dependiente del coche fuera de sus barrios centrales.