El acantilado más alto de Europa: 754 metros de caída sobre el Atlántico
Así es el acantilado más alto de Europa: 754 metros de caída sobre el Atlántico
El norte de las Islas Feroe alberga el acantilado más alto de Europa, el cabo Enniberg, que se precipita 754 metros sobre el océano Atlántico. Llegar hasta él exige una caminata seria, buen tiempo y guía obligatorio
En el mundillo de los récords y las curiosidades, hay que señalar que los acantilados más altos de la Europa continental están en España, concretamente en Herbeira, en la gallega Sierra de la Capelada, y tienen 613 metros de altura. Pero para conocer la mayor cota sobre el nivel de mar de toda Europa hay que viajar un poco más lejos, al extremo septentrional de Viðoy, una de las 18 islas que forman el archipiélago de las Feroe.
Con 754 metros, el cabo Enniberg está considerado el acantilado marino más alto de Europa
Allí, en el Atlántico Norte, aproximadamente a mitad de camino entre Escocia, Noruega e Islandia, está este archipiélago que políticamente es una nación autónoma que pertenece al Reino de Dinamarca, aunque no forma parte de la Unión Europea. En estas islas hay una pared de basalto que cae casi en vertical sobre el océano, el cabo Enniberg, que con 754 metros de altura está considerado el acantilado marino más alto de Europa y uno de los promontorios más elevados del mundo que se desploman directamente sobre mar abierto.
Otros gigantes europeos
Acantilado del cabo Enniberg
La cifra impresiona todavía más si se compara con otros gigantes europeos. Los acantilados de Croaghaun, en la isla irlandesa de Achill, alcanzan unos 688 metros, mientras que Preikestolen, en Noruega, se eleva unos 604 metros sobre el fiordo de Lysefjord. Enniberg juega, además, en otra categoría paisajística: no domina un lago ni un fiordo, sino el océano abierto.
Los acantilados de Croaghaun, en la isla irlandesa de Achill, alcanzan unos 688 metros, mientras que Preikestolen, en Noruega, se eleva unos 604 metros sobre el fiordo de Lysefjord
El punto de partida habitual para acercarse a este extremo feroés es Viðareiði, el pueblo más septentrional del archipiélago. Está encajado entre altas montañas y con mar a ambos lados, y ya merece por sí solo la visita. Su iglesia de piedra, consagrada en 1892, y las vistas hacia las islas de Fugloy y Svínoy preparan el terreno para uno de los paisajes más abruptos de las Feroe.
Un paseo nada sencillo
Pueblo de Viðareiði con su emblemática iglesia, punto de partida para la ruta de senderismo a Enniberg
Desde Viðareiði parte la subida hacia la montaña Villingadalsfjall y, más allá, hacia Enniberg. No es un paseo sencillo ni una excursión que deba improvisarse. El terreno es empinado, la niebla puede aparecer con rapidez y resulta fácil perder la referencia del camino. La propia oficina de turismo feroesa recomienda expresamente contratar un guía local y actualmente exige hacerlo para llegar hasta Enniberg. La subida a Villingadalsfjall tiene además una tarifa obligatoria de 200 coronas danesas por persona (unos 27 euros al cambio aproximado).
Senderismo en el cabo Enniberg
Hay una alternativa mucho más sencilla y seguramente más eficaz para apreciar la verdadera dimensión del acantilado: verlo desde el mar. Algunas excursiones en barco permiten contemplar desde abajo la enorme pared basáltica y las colonias de aves que ocupan el entorno. Frailecillos, araos, alcas y gaviotas tridáctilas encuentran aquí uno de sus refugios favoritos del Atlántico Norte.
Frailecillos de las islas Feroe
La mejor época para viajar a las Feroe va, en general, de finales de primavera a comienzos de otoño, cuando los días son más largos y las condiciones para caminar son mejores, aunque el tiempo puede cambiar varias veces en pocas horas. Para Enniberg conviene elegir una jornada estable, sin niebla ni viento fuerte, y no confiarse: a 754 metros sobre un océano abierto, el paisaje no admite demasiadas distracciones.