Mirador Des Galliner en la finca Son Marroig de Mallorca

Mirador Des Galliner en la finca Son Marroig de MallorcaGetty Images

El mejor mirador de Mallorca para contemplar el eclipse, salvado por un Archiduque de Austria

Luis Salvador de Austria reunió cerca de 1.700 hectáreas entre Valldemossa y Deià y preservó una costa que este verano afronta restricciones de acceso ante la enorme afluencia prevista

Conforme se acerca el eclipse total del próximo 12 de agosto, Mallorca aparece en la prensa internacional como uno de los escenarios más codiciados para contemplarlo. No solo porque el fenómeno coincidirá con el mes de mayor afluencia turística, sino porque el Sol desaparecerá muy bajo sobre el Mediterráneo, ofreciendo una imagen difícil de igualar. Entre los enclaves que más expectación despiertan está Sa Foradada, la gran roca horadada que emerge frente a los acantilados de la sierra de Tramontana y una de las postales más reconocibles de la isla, casi el equivalente mallorquín de los Faraglioni de Capri.

Mallorca aparece en la prensa internacional como uno de los escenarios más codiciados para contemplar el eclipse

Pero acceder hasta allí no será sencillo. El gobierno balear ha anunciado que a partir de las tres de la tarde se restringirá la circulación por la Ma-10 y se controlará expresamente el acceso a Sa Foradada. Solo podrán continuar residentes, huéspedes con alojamiento acreditado, servicios esenciales y transporte público regular.

Costa protegida

Península de Sa Foradada

Península de Sa ForadadaGetty Images

El objetivo es evitar una llegada descontrolada a una de las franjas más protegidas y mejor conservadas de la costa mallorquina, una imagen de la isla situada en las antípodas de Magaluf y del turismo de botellón. Aquí no se trata solo de preservar el paisaje, sino también esa otra Mallorca de acantilados, piedra seca y grandes fincas ocultas entre los árboles.

Que esta parte de la sierra de Tramontana haya llegado hasta hoy prácticamente intacta guarda una historia singular y la figura de un personaje curioso, muy querido en la isla

Que esta parte de la Tramontana haya llegado hasta hoy prácticamente intacta guarda una historia singular y la figura de un personaje curioso, muy querido en la isla, a quien este paisaje debe buena parte de su conservación. Se trata de Luis Salvador de Austria, conocido sencillamente como el Archiduque. Hace más de ciento cincuenta años comenzó a comprar las fincas comprendidas entre Valldemossa y Deià para impedir la tala de sus bosques y, sin proponérselo, salvó también uno de los lugares más extraordinarios desde los que Mallorca verá desaparecer el Sol.

Primo de Sissi

Mirador de Sa Foradada con su famoso templete blanco

Mirador de Sa Foradada con su famoso templete blancoGetty Images

Luis Salvador llegó por primera vez a la isla en 1867, cuando tenía 20 años. Había nacido en el Palacio Pitti de Florencia, pertenecía a una de las dinastías más poderosas de Europa y era primo de la emperatriz Sissi, pero se sentía bastante más cómodo entre naturalistas, marineros y campesinos que en la corte de Viena. Viajaba con sencillez y vestía sin demasiada preocupación por las convenciones y encontró en la abrupta costa mallorquina el territorio en el que podría construir una vida a su medida. Regresó en 1872 y adquirió Miramar, la antigua posesión vinculada a Ramón Llull. Después llegaron Son Marroig, Son Moragues, S’Estaca y otras propiedades hasta reunir alrededor de 1.700 hectáreas de costa, bosques, olivares y bancales entre Valldemossa y Deià.

Se contaba que el Archiduque pagaba el precio que le pedían, sin regatear, especialmente cuando con ello evitaba que fueran taladas encinas u olivos centenarios

No compraba para urbanizar ni para encerrar el paisaje detrás de una tapia. Restauraba las casas, protegía los árboles y recuperaba cultivos. Se contaba que pagaba el precio que le pedían, sin regatear, especialmente cuando con ello evitaba que fueran taladas encinas u olivos centenarios. Cuando alguien le reprochó haber pagado demasiado por Son Marroig, respondió que aquella cantidad no bastaba ni siquiera para comprar el agujero de Sa Foradada.

Perspectivas hacia el mar

Residencia Son Marroig

Residencia Son MarroigGetty Images/iStockphoto

En torno a sus posesiones fue trazando caminos, levantando bancos de piedra y buscando perspectivas desde las que contemplar el mar. Son Marroig, donde estableció una de sus residencias; conserva algunos de los más conocidos. Alrededor de la casa y de su torre renacentista creó un jardín romántico presidido por el templete de mármol blanco que hoy aparece en miles de fotografías y construyó numerosos miradores sobre los acantilados. Desde la principal parte, todavía el camino que desciende en zigzag hacia Sa Trona, S’Ull y Es Rotllo Gros.

Alrededor de la casa y la torre renacentista de Son Marroig creó un jardín romántico presidido por el templete de mármol blanco que hoy aparece en miles de fotografías

A finales del siglo XIX, cuando la protección del paisaje no constituía todavía una política pública ni una sofisticada estrategia de imagen, el Archiduque había creado una especie de gran parque natural privado. Pero tampoco quiso reservarlo exclusivamente para sus invitados aristocráticos. En 1874 habilitó cerca de Miramar una casa conocida como Ca Madò Pilla, donde excursionistas, artistas y viajeros podían alojarse gratuitamente durante tres días.

La hospedería ofrecía cama, sábanas, aceite, aceitunas y carbón. Los visitantes llevaban su propia comida y, si lo necesitaban, alguien se la cocinaba. Aquel alojamiento insólito puede considerarse uno de los primeros experimentos de hospitalidad turística de la costa mallorquina, aunque la expresión probablemente habría horrorizado a su fundador, cuya principal pretensión era que todos pudieran contemplar estos fabulosos paisajes.

La casa museo del Archiduque

Hotel Bordoy Continental Valldemossa

Hotel Bordoy Continental Valldemossabordoyhotels.com

La casa original desapareció, pero la tradición hotelera sobrevivió en el mismo enclave. Allí se encuentra hoy el Bordoy Continental Valldemossa, un hotel de cuatro estrellas con jardines, piscina, restaurante con terraza y habitaciones orientadas hacia el Mediterráneo. Su voluminosa arquitectura blanca no parece, desde luego, la interpretación más fiel de aquella temprana obsesión del Archiduque por proteger el paisaje. Aun así, permite seguir durmiendo entre sus antiguas posesiones, aunque la estancia hace mucho que dejó de ser gratuita.

Son Marroig es hoy una casa museo dedicada al Archiduque. La entrada cuesta 4 euros y permite recorrer parte de la vivienda, sus jardines y el célebre templete de mármol, con Sa Foradada al fondo

También puede visitarse Son Marroig, convertida en casa museo dedicada al Archiduque. La entrada cuesta tan solo cuatro euros y permite recorrer parte de la vivienda, sus jardines y el célebre templete de mármol, con Sa Foradada al fondo. La finca es, además, uno de los escenarios más cotizados de Mallorca para celebrar bodas, elegida por parejas llegadas de distintos países atraídas por una de las puestas de sol más fotografiadas de la isla.

De Catalina Homar a Michael Douglas

Pueblo marinero de S’Estaca

Pueblo marinero de S’EstacaGetty Images

Otras posesiones permanecen mucho más ocultas. A lo largo de la carretera entre Valldemossa y Deià, tras los muros de piedra, los pinares y los bancales, se esconden algunas de las villas más codiciadas del Mediterráneo. La más célebre es S’Estaca, la finca que el Archiduque acondicionó para Catalina Homar, hija de un carpintero de Deià que se convirtió en administradora de sus propiedades y en una figura esencial de su vida mallorquina. Más de un siglo después la compró Michael Douglas, que llegó allí en 1990 y también cayó bajo el hechizo del lugar. El actor, que durante años trató de venderla, ha vuelto a describir Mallorca como su segundo hogar y pasa largas temporadas en una propiedad prácticamente invisible desde tierra.

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