Comillas, Spain - June 7, 2017: general view Gaudi´s Capricho.

El Capricho de Gaudí, en ComillasGtres

Tras los pasos de Gaudí fuera de Cataluña en el año de su centenario

Comillas, León y Astorga estrechan lazos para descubrir su obra, mientras el colegio de las Teresianas de Barcelona prepara un futuro museo dedicado a su espiritualidad

Cien años después de la muerte del arquitecto, Antoni Gaudí sigue teniendo una sorprendente capacidad para convocar públicos muy diferentes entre sí. En este año conmemorativo, la Sagrada Familia ha vuelto a convertirse en el gran punto de encuentro. Desde la misa oficiada por León XIV el pasado 10 de junio hasta la reciente visita de Kylian Mbappé y Ester Expósito, todo parece demostrar que hay algo en su obra capaz de atraer a peregrinos, aficionados a la arquitectura, turistas llegados de medio mundo y estrellas del espectáculo, sin importar demasiado la edad ni las creencias.

Pero Gaudí no acaba en Barcelona. A pesar del inevitable protagonismo de la Sagrada Familia, hoy convertida en el templo más alto del mundo, quienes recorran este verano la geografía española pueden seguir también las huellas del arquitecto bastante lejos de la capital catalana y sus aglomeraciones. Y precisamente el centenario está sirviendo para dar mayor visibilidad a esas obras menos conocidas.

La iniciativa ha recibido un nombre con evidente vocación viajera, El Camino de Gaudí, y reúne los tres únicos edificios completos que el arquitecto construyó fuera de Cataluña. El Capricho, en Comillas, Casa Botines, en León, y el Palacio Episcopal de Astorga han estrechado su colaboración para desarrollar proyectos conjuntos y reivindicar una geografía gaudiniana que sigue viviendo a la sombra de la Sagrada Familia, La Pedrera o Casa Batlló. El proyecto fue presentado oficialmente en febrero en la propia Sagrada Familia, dentro de las celebraciones del centenario.

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El Capricho de Gaudí, en Comillas

Seguir este camino permite descubrir además tres Gaudís muy diferentes. El primero espera junto al Cantábrico. El Capricho de Comillas, construido entre 1883 y 1885 como residencia de verano del indiano Máximo Díaz de Quijano, pertenece al Gaudí joven, colorista y todavía dispuesto a jugar casi con todo. La fachada cubierta de cerámicas de girasoles, las referencias a la música y una torre que recuerda a un minarete anticipan ya buena parte del universo fantástico que después haría famoso al arquitecto.

Desde Cantabria, el camino continúa hacia León. Casa Botines resulta casi desconcertante para quien llegue esperando mosaicos y curvas. Gaudí levantó aquí entre 1892 y 1893 un edificio de viviendas y comercio de aspecto robusto, con fachadas de piedra y torreones que parecen trasladar su arquitectura desde el Mediterráneo hasta una ciudad castellana. Hoy alberga un museo dedicado tanto al edificio como a la figura del arquitecto.

A menos de cincuenta kilómetros aparece probablemente la construcción más teatral del recorrido. El Palacio Episcopal de Astorga parece un castillo neogótico colocado junto a la catedral. Gaudí comenzó a proyectarlo en 1889, después de que un incendio destruyera el antiguo palacio del obispo. Sus torres, arcos y muros de granito vuelven a demostrar hasta qué punto resulta difícil reducir su obra a una sola imagen.

Palacio Episcopal de Astorga

Palacio Episcopal de Astorga

Las tres construcciones forman ahora un itinerario común que quiere ir más allá de unir monumentos en un mapa. El objetivo es coordinar exposiciones, actividades culturales y proyectos de divulgación que permitan sacar a Gaudí de Barcelona y mostrar una parte de su obra que recibe inevitablemente menos atención.

Existe todavía otra importante huella del arquitecto fuera de Cataluña. En Mallorca, Gaudí intervino a comienzos del siglo XX en el interior de la catedral de Palma, donde reformó el espacio litúrgico y dejó algunas de las soluciones más originales de su carrera. No forma parte de este Camino de Gaudí porque no se trata de un edificio proyectado íntegramente por él, pero completa perfectamente el mapa de quien quiera aprovechar el centenario para buscar al arquitecto lejos de sus obras más famosas o cerca de sus lugares de vacaciones de verano.

Y la última novedad relacionada con el centenario obliga a regresar finalmente a Barcelona. El Colegio de las Teresianas, en Sarrià, es una de las obras menos conocidas de Gaudí y durante décadas ha permanecido prácticamente fuera de los circuitos turísticos. Enrique de Ossó, fundador de la Compañía de Santa Teresa de Jesús y posteriormente canonizado, encargó al arquitecto que continuara un edificio destinado a colegio y convento. Ambos mantuvieron una relación estrecha, no exenta de discusiones entre dos personalidades de fuerte carácter, y Gaudí llegó a estudiar en profundidad la espiritualidad teresiana para trasladarla al edificio. El resultado, construido entre 1888 y 1890, está muy lejos de la exuberancia de Casa Batlló. Ladrillo, austeridad, largos corredores y arcos parabólicos dan al conjunto un aspecto casi monástico, inspirado en buena medida en la idea teresiana del «castillo interior».

Coincidiendo con el centenario se ha anunciado que una parte del edificio se transformará en un museo dedicado a la espiritualidad de Gaudí, cuya apertura está prevista para comienzos de 2028. El proyecto incorporará maquetas, piezas originales, audiovisuales y recursos tecnológicos para recuperar una dimensión esencial del arquitecto que muchas veces queda eclipsada por el éxito turístico de sus edificios y por las espectaculares residencias que levantó para la burguesía catalana. Sin embargo, la fe ocupó un lugar cada vez más importante en su vida y en su obra, hasta resultar inseparable de la Sagrada Familia y de buena parte de su arquitectura.

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