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18 de abril de 2024

Benigno Blanco

Benigno BlancoJosé María Visiers

Benigno Blanco: «La ideología de género es una locura intelectual»

El expresidente del Foro Español de la Familia advierte en ‘El Efecto Avestruz’ de los riegos de una antropología que niega la diferencia sexual y analiza cómo resistir a ella

Benigno Blanco fue presidente del Foro Español de la Familia durante casi diez años, y ha ocupado varios cargos en la política nacional, así como en la dirección de asociaciones profamilia o de ayuda a madres embarazadas, como Red Madre o la Federación Española de Familias Numerosas. Con este bagaje, se sienta en el sillón de El Efecto Avestruz, el programa de entrevistas de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), para analizar el impacto de la ideología de género y las tendencias que esta sigue actualmente.
–Por definir el marco, ¿qué es la ideología de género?
–Esencialmente, es una antropología, una concepción sobre en qué consiste ser humano. Para la ideología de género, nuestro cuerpo no nos da ninguna información relevante sobre nuestra sexualidad: esta consiste, pues, exclusivamente en nuestra autodefinición personal. Yo soy lo que digo ser.
–¿Por qué cree que esta tendencia se puede considerar una «ideología»?
–Porque no es un sistema de pensamiento ni de ciencia coherente con la realidad. Niega lo que somos esencialmente los humanos. El ser humano asexuado, en abstracto, no existe: solo existimos chicos y chicas. XX y XY, no hay un tercer sexo. Mi masculinidad no solo define cómo amo y practico el sexo, sino cómo siento, me emociono, miro o rezo.
–¿De dónde nace?
–La ideología de género es uno de esos errores estúpidos desde el punto de vista antropológico que produjo la filosofía alemana y francesa de los 60 y 70. Hubo una verdadera locura intelectual, hasta el punto de defender que el lenguaje es performativo: que nuestras palabras crean la realidad. El género es la concreción de esos postulados intelectuales en la percepción de la sexualidad. Esto se trasladó a EE.UU., donde forma parte de la doctrina oficial de las grandes universidades. Y desde allí nos llega, impulsado por el dinero: EE.UU. convierte cualquier planteamiento intelectual que llega de Europa en un servicio al capital y su movimiento. Hoy en día la izquierda no es más que un uso cultural del capitalismo para ampliar nuevos mercados.
–¿Cómo ocurre esto?
–La nueva ética sexual del capitalismo ha sustituido a la tradicional ética sexual cristiana, que ha inspirado 2.000 años de historia en Occidente. El cuerpo se ha mercantilizado: la pornografía sustituye a la relación interpersonal, los cambios de género son nuevos mercados farmacológicos y quirúrgicos... Son mercados que se abren, soportados por estas ideologías que destruyen la ética antropológica personal de la gente. Y es muy poderoso, porque no viene de los políticos, sino de grandes fundaciones, muy impregnadas de ese tópico absurdo, pero real, que es el malthusianismo. El género también tiene mucho que ver con la obsesión contra la población, contra la vida. Con el miedo al crecimiento de los seres humanos, como si fuese una amenaza para el planeta. Se vincula con ese antihumanismo ecologista hoy tan vigente, que parece defender todo lo que existe en este planeta... menos a esa peligrosa bacteria nociva que es el ser humano.

Está comprobado que entre los que han avanzado hacia la transición hay un índice de suicidios mucho mayorBengino BlancoAbogado y activista provida y profamilia

–¿Empieza a percibir síntomas de agotamiento respecto a la ideología de género a nivel mundial?
–Suecia, Finlandia, Gran Bretaña o Francia, aunque esta última no por ley, pero sí por instrucciones del Sistema Nacional de Salud, están prohibiendo los tratamientos del llamado «cambio de sexo» y la hormonación cruzada para los menores de edad. Y no lo hacen por una conversión intelectual hacia un humanismo valorador de la sexualidad, sino porque llevan bastantes años y ven que no sirve para nada. Además, en estos casos muchas veces se ocultan otras patologías, como las enfermedades del espectro autista, que no se diagnostican por empezar el proceso de transición. También está comprobado que entre los que han avanzado hacia la transición hay un índice de suicidios mucho mayor que cualquier otro grupo de contraste.
–¿Qué diría a los padres y educadores que son partidarios de los procesos de cambio de sexo en menores?
–Que dar por supuesto el autodiagnóstico del niño, y animarle a entrar en una vía de hormonas y cirugías que es irreversible y tiene efectos para siempre, no es muy prudente. Un macro estudio reciente de la Asociación de Pediatría norteamericana muestra que en más de un 90 % de niños el problema desaparece con la adolescencia, porque la hormonación de tu propio sexo es tan fuerte que corrige esas pequeñas disfunciones que pueda haber antes. Por tanto, si más del 90 % no tiene un problema para siempre, aplicar al 100 % tratamientos irreversibles y con consecuencias nocivas es una irresponsabilidad.
Benigno Blanco, durante su entrevista

Benigno Blanco, durante su entrevistaJosema Visiers

–¿Cuál es la mejor forma para «vacunar» a nuestros hijos contra esta ideología?
–Tu hijo va a estar influido por estas ideas, porque no puedes tenerlo en una burbuja más allá de los tres años. Y si les das un móvil, tiene acceso a toda la mierda del universo. Lo que hay que hacer, pues, es educar a nuestros hijos desde muy pequeñitos en el amor a la sexualidad, y a su cuerpo sexuado. A entender que nuestra condición dual, hombre/mujer, indica todo un posible proyecto de vida, que es lo que siempre se ha llamado matrimonio. Y, en consecuencia, abierto a la vida. Nuestra condición sexuada implica ya en sí misma un proyecto vital muy vinculado a nuestra posibilidad de ser felices, y por eso la ética sexual, que la cristiandad llama tradicionalmente «castidad», no es un conjunto de reglas o prohibiciones, sino un proyecto para educar el cuerpo para amar.
–¿Cuándo ha de empezar esta educación sexual?
–Una buena educación afectivo sexual ha de empezar a los dos o tres años, que es la edad de la identidad sexual, cuando un niño se percibe a sí mismo distinto de su hermanita. Y tiene dos componentes: primero, dar a los niños seguridades morales e intelectuales sobre la sexualidad humana y su inmenso valor antropológico para un proyecto de felicidad personal. Y segundo, enseñarles a amar su libertad. Los hijos van a cometer errores en materia de sexualidad, pero si aman su libertad sabrán que ellos no son sus errores. Cuando se mete la pata, hay que sacarla y ya está. De paso, hay que advertirles de los riesgos de la pornografía, porque se la van a encontrar.
–Hablaba de la ética cristiana, ¿la Iglesia aún puede iluminar a esta sociedad en materia de sexualidad?
–Sí, y hay muchas iniciativas que ponen el acento en ver el matrimonio como estar cumpliendo un plan de Dios en este mundo, superando la separación entre la vida de fe y la vida privada. Desde que Juan Pablo II pronunciara sus catequesis, lo que hoy llamamos «teología del cuerpo», se está avanzando mucho. Creo que hay fecundidad de futuro en la base de la Iglesia para valorar la sexualidad, el matrimonio y la vida en clave profundamente humana y divina. A la vez que se irá agostando la ideología de género, se irán generando, como siempre ha pasado en la historia de la Iglesia, frutos de gran proyección de futuro.
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