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Ilustración mujer embarazada

Ilustración de una mujer embarazadaLu Tolstova

Naprotecnología, una «revolución natural para la fertilidad, 100 % compatible con la fe»

El fundador de la primera clínica de Napro registrada en España explica, para la revista gratuita de la ACdP, La Antorcha, en qué consiste esta técnica de fertilidad inspirada en el Magisterio de la Iglesia

Según los datos de la Sociedad Española de Fertilidad, cerca de un millón de parejas españolas luchan contra la incapacidad para concebir, y las cifras continúan en aumento. El retraso en la maternidad, los problemas de salud y las tensiones socioeconómicas contribuyen a esta crisis de fertilidad, que lleva a muchas parejas a buscar soluciones en la técnica médica.

Sin embargo, la mayoría de las opciones que se encuentran cuando llaman a la puerta de un centro de fertilidad no solo conllevan un terrible impacto en la salud de la mujer (normalmente silenciado por la industria de la fecundación artificial), sino que tienen unas profundas implicaciones éticas, con dolorosas derivadas en la psicología tanto de los padres como de los hijos, y con efectos secundarios que erosionan la vida del propio matrimonio.

Y es aquí donde entra la Naprotecnología, un «avance revolucionario» que, como ha revelado en el último número de La Antorcha el experto Miguel Gabián, ofrece «una verdadera esperanza» frente a «los efectos devastadores de la crisis de fertilidad que asuela Occidente».

Nacido en la Iglesia para beneficio de todos

Como explica este experto en Naprotecnología y presidente y fundador de la clínica Fertilitas, el primer centro médico registrado en España en aplicar esta técnica, «la Napro se trata de otro avance científico nacido en el seno de la Iglesia para beneficio de toda la humanidad, como los estudios genéticos del agustino Gregor Mendel o la teoría del Big Bang del jesuita Georges Lemaître».

Gabián detalla cómo «a finales del siglo XX, un matrimonio de científicos católicos americanos, Susan y Thomas Hilgers, aceptaron el reto lanzado por san Pablo VI en su encíclica Humanae Vitae, de 1968, para que la ciencia «logre dar una base suficientemente segura para una regulación de nacimientos fundada en la observancia de los ritmos naturales». De este modo, «en el estudio del ciclo menstrual femenino encontraron una sólida base diagnóstica para la detección de los problemas de infertilidad, y desarrollaron un enfoque quirúrgico único, conformando lo que ahora conocemos como Naprotecnología, o Natural Procreation Technology».

Empoderar a los esposos

Gracias a estos avances, asegura Gabián, «hoy tenemos una solución viable y disruptiva para el abordaje de la infertilidad. Es la revolución de lo natural, que requiere un cambio de mirada: en vez de sustituir a los esposos produciendo el hijo artificialmente en el laboratorio, se los empodera para permitirles procrear por sí mismos, habiendo detectado y curado aquellos problemas de salud que les impedían esa deseada paternidad natural».

De hecho, este enfoque es tal vez la mayor de las mayores diferencias entre la Naprotecnología y las técnicas de fertilización asistida más empleadas hoy, a pesar de sus probados riesgos para la salud de la madre y de los hijos. Un cambio sustancial que se basa en un diagnóstico preciso en torno a los problemas médicos que dificultan la concepción natural.

Abortos selectivos, riesgos de salud…

Así, el tratamiento de Napro no solo respeta los ritmos naturales del cuerpo, sino que también evita complicaciones de los otros métodos, como los altos costes, la «generación» artificial de embriones humanos «excedentarios» (y que son tan hijos de esos padres como los que sí se implantan), los abortos selectivos, la selección genética propia de la eugenesia aplicada por los nazis, «un alto impacto ambiental», además de riesgos para la salud de madre e hijo, como accidentes cardiovasculares, o enfermedades raras y patologías mentales que no suelen darse con igual incidencia en la procreación natural.

Con la Napro, «se respeta también la dignidad del hijo por nacer, que será concebido en el cálido y acogedor vientre de su madre y no en una fría y aséptica placa de Petri», advierte Gabián. De este modo, esta técnica ofrece un camino ético y respetuoso con la vida humana, «100 % compatible con la ciencia y 100 % compatible con la fe», afirma Gabián en La Antorcha.

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