Desatendidas, menguantes y sin respaldo social: la preocupante radiografía de las familias en España
A pesar de la enorme importancia que los españoles dan a su familia, las administraciones públicas y los «portavoces mediáticos» parecen empeñados –por incapacidad o por convencimiento– en debilitarla hasta extremos realmente llamativos. Y, con los datos en la mano, parece que lo están consiguiendo.
La familia en España se enfrenta hoy a un mar de incertidumbre y falta de respaldo
La vida de familia es, probablemente, la experiencia más plena y vivificante en el día a día de los españoles. Incluso aquellos que no han disfrutado de un hogar feliz reconocen el enorme impacto que su familia ha tenido en el desarrollo de su vida. Y no es una mera percepción subjetiva. Un reciente estudio de la Fundación La Caixa apuntaba que el 90 % de los jóvenes de entre 19 y 32 años consideran que su familia es el factor más importante en su día a día, y el 80 % reconocía que su hogar paterno es, o será, referente a la hora de formar su propia familia.
Sin embargo, esta enorme importancia, cuantitativa y cualitativa, que tiene la familia en la vida de cada español parece desdibujarse, como un espejismo o un trampantojo, si se analiza la presencia y el respaldo social que en los medios de comunicación generalistas y en las políticas públicas tiene la institución familiar.
Una institución, cabe recordar, que no es un mero contrato entre adultos, sino que es de Derecho Natural, de naturaleza prepolítica, anterior al mismo Estado, capaz de sobrevivir a cualquier régimen político, y que se erige en célula básica de la sociedad... por más que haya voces –o más bien, portavoces (de lo woke)– empeñadas en desdibujarla, como la del rutilante fichaje de TVE Inés Hernand, que hace poco reclamaba que «hay que revertir el concepto que teníamos de familia tradicional y llevártelo a la familia que eliges».
Panorama alarmante
Así, mientras el 15 de mayo se celebra el Día Internacional de la Familia para resaltar su relevancia, los datos oficiales y los informes de organismos internacionales dibujan un panorama alarmante para los hogares en España. Un preocupante retrato, radiografía... o foto de familia.
La baja natalidad, el aumento de la pobreza infantil, las dificultades para conciliar, la escasa nupcialidad y la falta de políticas efectivas amenazan la sostenibilidad del pilar fundamental de la sociedad.
La familia, motor económico invisible
La Fundación Madrina, especializada en atención a la maternidad vulnerable, estima que actualmente la familia aporta cerca del 50 % del Producto Interior Bruto (PIB) de España, considerando el trabajo no remunerado de sus miembros, el consumo interno y la formación de capital humano.
Hay otros estudios que respaldan su enorme peso económico. Por ejemplo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señala que el valor del trabajo doméstico no remunerado representa entre el 20 % y el 50 % del PIB en los países miembros. Incluso la Organización de las Naciones Unidas (ONU) –algunas de cuyas ramificaciones son verdaderos impulsores de políticas antifamiliares– reconoce la contribución esencial de las familias al desarrollo económico y social, y destaca su papel en la crianza de los hijos, el cuidado de los mayores y la transmisión de valores.
En España, sin embargo, solo los núcleos familiares de rentas más bajas o en situaciones especiales (hogares monoparentales, familias numerosas, víctimas de violencia, etc.) tienen algún tipo de contraprestación, beca o subsidio. La mayoría de los hogares, compuestos por un matrimonio y uno o dos hijos, con dos salarios, quedan excluidos de cualquier tipo de incentivo o reconocimiento social.
Natalidad en mínimos históricos
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la tasa de fecundidad en España se sitúa en torno a 1,1 hijos por mujer en edad fértil. Una cifra muy por debajo de la tasa de reemplazo generacional, de 2,1 hijos por mujer, y por debajo de la media europea, que está en 1,6.
En términos absolutos, en 2024 nacieron en nuestro país 322.034 bebés, mientras que murieron 439.146 personas. Una diferencia negativa de 117.112 personas. Algo así como si solo en 2024 hubiese desaparecido toda la población de la ciudad de Cádiz, o el municipio entero de Alcobendas.
Aborto y maternidad tardía
Este invierno demográfico contrasta con la promoción del aborto, que el año pasado sumó la cifra de 103.097 bebés abortados en el vientre de su madre. El equivalente a toda la población de la provincia de Soria, más la del municipio de Isla Cristina, en Huelva.
Además, el número de nacimientos de madres de 40 años o más, lo que en términos médicos se conoce como «maternidad geriátrica», ha crecido un 8,5 % en los últimos diez años, reflejando un retraso en la edad de maternidad. Una praxis que conlleva aparejados riesgos tanto para la vida de la madre como para la del hijo. Se trata de un fenómeno demográfico que plantea enormes desafíos en la planificación de la vida familiar y en la conciliación laboral, pero para el que las administraciones públicas tampoco parecen prever una respuesta.
La herida de la pobreza infantil
España presenta la mayor tasa de pobreza infantil de toda la Unión Europea, con casi un 30 % (29,2 %) de menores en situación de pobreza. Esto supone casi un 10 % por encima de la media comunitaria (19,3 %).
Y, sea por causa o consecuencia de este dato, España resulta ser uno de los países de la Unión Europea que menos invierte en infancia. A pesar de tener el Gobierno con más ministerios de la historia de la Democracia, España solo destina el 4,1 % del PIB per cápita a este tipo de políticas, mientras que el promedio europeo se sitúa en el 7,2 %.
Al impacto económico de esta situación se suma el enorme desgaste emocional, tanto para los padres como para los propios hijos, que tiene repercusiones incluso en la salud física de niños y mayores. Esta situación se agrava, además, por el aumento del coste de vida, la precariedad laboral y las dificultades de acceso a una atención sanitaria adecuada. Actualmente, según denuncia la Fundación Madrina, más de medio millón de menores no recibe la alimentación adecuada debido a la precariedad económica de sus familias, que no pueden costear el comedor escolar.
Rupturas, divorcio y soledad
Si la célula básica de la sociedad es la familia, el núcleo de esa célula es el matrimonio. Sin embargo, el modelo familiar natural también sufre un fuerte desgaste.
Según el INE, en 2022 se produjeron 81.302 divorcios en España, y casi el 50 % de los matrimonios terminan en divorcio. De esos, la mitad de las parejas que se rompen tienen hijos menores de edad.
Además, el 42 % de los hogares monoparentales están encabezados por mujeres solas con hijos, uno de los grupos con mayor riesgo de exclusión social. En total, casi cinco millones y medio de hogares son unipersonales, es decir, casi 3 de cada 10. En otras palabras, el «modelo familiar» que más crece en nuestro país... es el de las personas solas, sin convivencia familiar.
El talón de Aquiles de la conciliación
La falta de conciliación entre vida laboral y familiar surge como el principal problema para el desarrollo pleno de las familias en España. Más incluso que el hecho de conciliar dos realidades que no son equiparables (como la familia y el trabajo), el problema principal es la imposibilidad de priorizar la vida familiar por encima de la dedicación profesional.
Especialmente, porque el gravamen económico de la conciliación recae en la empresa, de forma más lacerante en las pymes –el gran tejido empresarial de España–, con un 80 % del empleo femenino contratado en pequeñas y medianas empresas. Y aunque la maternidad aporta un valor incalculable a la sociedad, el coste laboral y económico que implica para las pymes tiene un triple efecto perverso: de un lado, perjudica las posibilidades profesionales de las mujeres; lanza el mensaje social de que la maternidad no es un bien a proteger, sino un mal a tolerar; y convierte en casi heroico el hecho de tener hijos, lo que priva a los hijos de tener hermanos. De hecho, el número de hijos únicos no solo crece sino que ya es, de hecho, el mayoritario en España.
Además, la responsabilidad del cuidado de los hijos y de los familiares dependientes recae de forma preponderante sobre las mujeres, lo que, por no contar con respaldo social ni empresarial, termina por afectar a todo el núcleo familiar.
Reactivar la Ley de Familias
Ante esta crítica situación, las asociaciones familiares han alzado la voz pidiendo medidas urgentes, y sobre todo, reactivar la Ley de Familias. Un texto que el Gobierno de Pedro Sánchez envió «por vía de urgencia» al Parlamento hace más de un año, y que actualmente se encuentra paralizado por no contar con los apoyos necesarios para salir adelante... y por haber generado un enorme rechazo entre las asociaciones familiares, que han sido excluidas de su elaboración y discusión.
Cabe preguntarse por qué aquellos dirigentes políticos que, como el presidente Sánchez, tanto se han preocupado por ayudar a garantizar el futuro de su propia familia –mujer, hermano, suegro, parejas sentimentales de su entorno más cercano...– no aplican idénticos desvelos en fortalecer y respaldar la institución familiar, eje vertebral de cualquier sociedad sana.