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Un padre junto a su bebéPexels

Entrevista al doctor Martín Echavarría

«La relación con el padre es fundamental para tener una identidad psicológica y moral sana»

El ex decano de la Facultad de Psicología de la Universidad Abat Oliba CEU explica que la relación de los hijos con su padre está vinculada a comportamientos como la violencia, la promiscuidad o la confusión de género

Catedrático de Psicología General de la Universidad Abat Oliba CEU, donde fue decano de la Facultad de Psicología, investigador, y doctor en Filosofía por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, Martín Echavarría es hoy una de las voces más solventes para abordar el papel de la figura paterna en la formación de una psicología sana. Y, como ha explicado para el último número de La Antorcha, la revista gratuita de la ACdP, su conclusión es clara: aquellos que proponen prescindir del padre o consideran su influencia como perniciosa, no sólo no tienen respaldo científico, sino que dejan a las personas inermes ante el peligro.

–Aunque la experiencia hacer intuir la importancia que los padres tienen en la salud psicológica de sus hijos, no sólo cuando son niños sino también cuando son adultos, ¿la evidencia científica lo respalda?

–Tanto la experiencia como los datos de la investigación respaldan la importancia que tienen el padre y la madre para la maduración de los hijos. Por lo que se refiere a la evidencia científica, lo cierto es que los estudios más abundantes se han centrado en la infancia, sobre todo en la primera infancia, y más en la persona de la madre que del padre. Y sobre esa importancia de la madre para el desarrollo, no sólo psicológico, sino también físico, hay abundante investigación, especialmente referida a lo que se suele llamar el apego, que es un nexo afectivo que se establece entre el niño y la madre en los primeros meses de vida, y que es fundamental para su desarrollo integral. Sobre el padre se habla y se investiga menos, pero todo psicólogo, y toda persona, tiene experiencia de la importancia de la presencia real y afectiva del padre, especialmente en la configuración de la identidad durante la adolescencia.

–¿Y qué tiene de especial la figura del padre para que sea tan importante en el equilibrio de la salud mental y emocional de la persona?

–Mientras que la madre representa psicológicamente la aceptación incondicional y, como si dijéramos, el calor de la intimidad, el padre, que también debe amar incondicionalmente a los hijos, representa también de manera específica la responsabilidad y la apertura al mundo exterior. Una apertura que se realiza apoyado en la seguridad de una identidad psico-moral. Ambos, el padre y la madre, proveen tanto de afecto como de exigencia, porque la exigencia tiene sentido si se apoya en el afecto. Pero parecería que estas dos dimensiones de la parentalidad se representan simbólicamente en uno y otro de manera diferente. Aunque, en última instancia, la madre y el padre «funcionan» de manera adecuada cuando su acción es unificada, y el niño se siente seguro si es así.

–¿En qué áreas de la vida de los hijos incide el padre cuando son pequeños?

–Hay que diferenciar la infancia de la adolescencia. En la primera infancia, el padre tiene, en cierto modo, un papel subalterno al de la madre, y funciona sobre todo como sostén de esta, aunque es importante su presencia física y afectiva directa, que va creciendo a medida que los niños van logrando mayor autonomía. Por medio del juego, de las salidas y de las aficiones compartidas, se va reforzando el vínculo afectivo entre los hijos y los padres. Sin embargo, es en la adolescencia cuando el padre juega un rol preponderante, porque él representa el ideal y la norma de una manera especial, sobre todo para los varones, pero también para las niñas. En ese período es muy importante la presencia, la atención, el cuidado, porque las adolescencias en el contexto social y mediático de hoy son más complicadas que en otros tiempos.

El doctor Martín EchavarríaCEU

–Y cuando, pasada ya esa convulsa etapa de la adolescencia, ¿los hijos ya son adultos?

–Cuando son adultos, los hijos comienzan sus propios proyectos personales, laborales, familiares, vocacionales… Pero siempre sobre la base de lo recibido. Es muy importante que el paso a la vida adulta no se vea como una ruptura, sino como una maduración de lo recibido. Y desde ese punto de vista, tanto el padre como la madre representan el origen y la tradición, con la cual nos medimos siempre y a la que aspiramos a no defraudar. Y en esta etapa es muy importante que los padres acepten que los hijos crecen y se independizan por medio de sus propios proyectos vitales, pero también que ellos siguen siendo necesarios e importantes.

–Hoy hay toda una corriente que propone que los padres son prescindibles, cuando no abiertamente perniciosos, en la formación de los hijos...

–Esa corriente de la que hablas no tiene ninguna fundamentación en la investigación empírica, sino que se funda en ideas, que desde la Psicología se encuentran en autores como Wilheln Reich, y que han sostenido autores sobre todo de la escuela de Frankfurt, según la cual la sociedad patriarcal sería el origen de una estructura familiar autoritaria, que daría lugar al tipo de sociedad que termina en regímenes fascistas. En realidad, la madre y el padre son el origen natural de la vida humana, y sin ellos, y por tanto sin el padre, no sólo no se da la vida biológica, sino que tampoco puede darse el desarrollo humano integral.

–¿Eso puede explicar la relación que hay entre comportamientos violentos y delictivos, y la ausencia del padre? Hay estudios que demuestran que en Estados Unidos al menos el 70% de los delincuentes, homicidas y violadores juveniles crecieron sin padre; o que más del 50 % de los toxicómanos en Francia e Italia provienen de familias monoparentales…

–Es que la unión estable de varón y mujer, que da origen a la institución del matrimonio, es natural y, como dice santo Tomás, no sólo se orienta a la generación, sino a «la promoción de la prole al estado perfecto del hombre en cuanto es hombre, que es el estado de virtud». Aunque hoy sea una expresión poco común, por estado de virtud se entiende el pleno desarrollo de las potencialidades de la persona. Así que las consecuencias de intentar prescindir del padre se relacionan con su función simbólica: sin padre no hay norma, ideal, ley ni, por lo tanto, identidad.

–Padres ausentes, fallecidos, violentos, hiperprotectores, adúlteros pero que cuidan a los hijos (del tipo de «es un mal marido pero un buen padre»)... ¿Hay diferencias entre ellos en el impacto para los hijos?

–Desde luego. Todas las situaciones que mencionas son, por su misma naturaleza, perjudiciales, pero no todas tienen de por sí el mismo nivel de gravedad. La más grave es la del padre que maltrata a su mujer y a sus hijos, porque representa todo lo contrario de una función especial del padre, que todavía no había mencionado, pero que es evidente: su función protectora de la familia. El padre es alguien que es autoridad. La palabra latina auctoritas viene del verbo augeo, que significa «crecer». Así que autoridad es el que hace crecer. Lastimar es lo contrario de proteger y promover el crecimiento. Esa es la peor herida que puede dejar un padre. Padres perfectos hay pocos. Todos tenemos defectos, y esos defectos tenemos que conocerlos, porque por ellos heriremos de alguna manera a nuestros hijos, especialmente a los más sensibles. Pero, si conocemos nuestros defectos y luchamos contra ellos, ese impacto negativo se verá compensado por el compromiso que brota del amor. Por eso es tan importante la atención y la presencia.

–Autores tan contrapuestos como Freud o Nicolosi y Linda Ames, autores de La confusión de género en la infancia, apuntan una relación entre las heridas afectivas que provoca una mala relación con el padre, y comportamientos como la promiscuidad, la homosexualidad o la transexualidad...

–Como te decía, la relación con el padre es fundamental para la configuración sana de la identidad psicológica y moral de una persona. Esa identidad se va tejiendo en la relación continuada con el padre. Así que las heridas en esa relación sí pueden comprometer el desarrollo de ese aspecto tan importante de la identidad, como por ejemplo eso que hoy se llama la identidad de género. Pero hay que ser cautos, porque esto no significa que esa vinculación sea unívoca o absolutamente necesaria. Hay muchas contingencias imprevisibles que inciden en el desarrollo del ser humano, así como las decisiones personales de los hijos sobre todo cuando son adultos, y que no son completamente responsabilidad de los padres.

–¿El divorcio impacta negativamente en los hijos, y de modo especial en lo relativo a la figura paterna?

–El divorcio, salvo circunstancias muy extraordinarias como por ejemplo de maltrato, no es nunca vivido como algo positivo por los niños. Ellos son los primeros afectados por esa separación, que rompe prácticamente el suelo sobre el que ese niño está plantado. Tanto santo Tomás como Carl Jung comparaban a la familia con un útero espiritual y psicológico. Es decir, que así como antes de nacer el niño se nutre y está protegido por el útero materno, después de nacer, y durante los primeros años de vida, el niño está contenido en la atmósfera psicológica de los padres como en un útero espiritual. Si ese útero se rompe, la vida psicológica está en riesgo, y es difícil que no salga dañada. Ordinariamente, además, de esto se sigue un menor contacto con el padre, cuyo contacto cotidiano es muy importante.

–¿Qué actitudes debería evitar un varón, y qué otras debería propiciar, para ser un buen padre?

–Esa es una pregunta muy difícil de responder en abstracto, porque cada persona es un mundo. Pero, en términos generales, se debe sin duda siempre evitar ofender y dañar, con palabras y obras, al hijo, a sus hermanos y a la madre. Aun cuando se corrija al niño o adolescente, siempre debe quedar claro que esas correcciones se hacen desde el amor y el respeto. Por eso, el padre tiene que ser siempre alguien presente y atento, alguien que contempla al hijo y que ve en él no sólo lo que es, sino lo que puede y está llamado a ser.

–¿Qué quiere decir para terminar esta entrevista?

–Agregaría algo que he mencionado como de pasada: no se trata sólo del padre y de la madre tomados como figuras separadas. sino de la acción conjunta de padre y madre, como principios complementarios que actúan unidos con el fin común de que sus hijos sean felices. Ese es el sentido de las diferencias sexuales humanas, destinadas al compromiso familiar para el desarrollo humano integral. Si tuviéramos presente esto, tomaríamos al matrimonio como una vocación querida por Dios para la promoción de la persona desde los momentos iniciales de su existencia. El padre y la madre, cuando actúan conjuntamente casi como un solo principio, amando y promoviendo el bien de sus hijos, hacen que se dé la experiencia primaria del propio valor personal por parte del hijo. Una experiencia llena de sentido, que dinamiza toda la vida de la persona y que va a promover su deseo de crecer y de devolver amor por amor.