Un niño cargando su ropa sucia en la lavadora
Si tu hijo usa la tablet también sabe programar la lavadora (o qué pueden hacer los niños en casa, por edades)
¿En qué momento pueden empezar los niños a hacer las tareas domésticas? Desde los tres o cuatro años y hasta la adolescencia, te damos algunas pautas para que los más pequeños se responsabilicen de la vida doméstica
A sus cinco añitos, Covadonga, como sus otros tres hermanos mayores (de 14, 8 y 7 años) colabora en las tareas de la casa. Con una soltura que sorprende a sus propios padres, estira las sábanas de su cama-nido, antes de guardarla bajo la de su hermana; saca parte del lavavajillas, junto a sus hermanos, y guarda los vasos y platos en el armario correspondiente; y lleva su ropa sucia al cesto de la colada. Además, hasta ha entrado, desde hace un año, en la «rueda de tareas» que ya hacían los mayores. A saber: cada semana, y por estricto turno rotativo, uno pone la mesa, otro la recoge, otro barre la cocina (a su modo y manera), y otro deja los platos y tazas del desayuno preparados la noche anterior.
Aunque a Covadonga nadie le pida que lo haga, también ayuda de vez en cuando a sus padres cuando les ve tendiendo o poniendo lavadoras, y deja sus zapatos en el cajón correspondiente cuando llega del colegio.
Después del verano, y en lo que va de «vuelta al cole», tanto ella como sus hermanos han incorporado una rutina más: antes de irse a clase, cada uno guarda su desayuno en el lavavajillas (o en el fregadero), se visten solos con el uniforme que se han dejado preparado la noche anterior, y hacen su cama, con más o menos éxito en la lucha contra las arrugas y los pliegues.
Cambio de mentalidad familiar
Para que todo esto suceda –con sus numerosos tiras y afloja, días de mano izquierda, ayudas constantes de los padres, un amplio peaje de platos o vasos rotos, y con mucha ropa, dibujos, cuentos y juguetes aún fuera de su sitio al acabar el día–, los padres de esta familia numerosa han tenido que optar por hacer ciertos cambios.
Los más evidentes son despertar a los niños un poco antes cada mañana; ubicar los vasos y platos en los muebles más bajos de la cocina (y las sartenes y ollas, en los más altos); para que puedan cogerlos al poner o quitar la mesa; y cambiar las sábanas y mantas por colchas o edredones nórdicos (más fáciles de estirar en invierno).
Aunque, tal vez, el mayor de los retos haya sido tener que cambiar de mentalidad y transmitirla de forma constante: padres e hijos no forman bandos opuestos dentro del hogar, sino un mismo equipo que se apoya en la vida doméstica para que el ambiente mejore. Porque los niños, incluso los más pequeños, son capaces de hacer muchas tareas, aunque no las hagan a la perfección y los padres tengan que ir por detrás a rematarlas.
Beneficios más allá del orden
La ciencia, además, confirma el reverso positivo de todas estas tareas domésticas, que van mucho más allá de una casa ordenada o unos padres (ligeramente) menos cansados.
Como señala el Child Mind Institute de Estados Unidos, tareas como poner la mesa, separar la ropa o programar la lavadora con supervisión, no es una especie de «explotación infantil», sino un modo de educar el carácter, generar autonomía, establecer buenos hábitos, fomentar la gratitud y la responsabilidad, y fortalecer los vínculos familiares.
Además, tanto la Academia Americana de Psiquiatría para la Niñez y la Adolescencia como el Child Mind Institut señalan cuáles son las tareas domésticas que los niños pueden llevar a cabo en su hogar, conforme a su edad y nivel de madurez.
Algo que muchos padres pueden descubrir sólo con observar cómo se desenvuelve su hijo, no en el trabajo doméstico, sino en otros juegos, actividades lúdicas o deportivas.
Porque si tu hijo sabe cómo funciona una tablet o es capaz de acceder al chromebook del colegio, también puede programar la lavadora o el lavavajillas, contigo al lado.
Tareas domésticas, por edades
Pero, ¿qué pueden hacer los niños para ayudar en casa, según su edad? Esta sería una buena guía práctica, según los consejos de la Academia Americana de Psiquiatría para la Niñez y la Adolescencia y del portal Healthy Children:
3-4 años: Recoger sus juguetes, llevar su ropa sucia al cesto, y «ayudar» a poner la mesa (con un adulto manejando, por ejemplo, los cuchillos o el menaje más pesado).
5-7 años: Hacer su cama (sin perfección), poner y retirar la mesa, ordenar sus estanterías, barrer, regar plantas, vaciar las papeleras, cargar o vaciar el lavavajillas y clasificar ropa antes de la colada, por colores.
8-10 años: Pasar el aspirador, ayudar a cocinar en la elaboración de ciertos platos, preparar su merienda para el colegio, pasear al perro o poner la comida a la mascota de turno, guardar su ropa en los cajones y armarios, o colocar la compra cuando le llega del supermercado.
11-12 años: Limpiar la cocina y hacer el baño, cambiar las sábanas, tender y doblar la colada, cocinar con supervisión, y vigilar a un hermano menor con un adulto en casa.
A partir de 13 años: Todo lo anterior, más supervisar o cuidar de algún hermano más pequeño por un breve período de tiempo; tareas «de casa entera» (como aspirar zonas comunes y limpiar la cocina tras cocinar); hacer algún recado de la compra (si tienen permiso); llevar a cabo algunas tareas de jardín; planchar algunas prendas; y (tal vez por un pequeño extra en la paga) lavar y aspirar el coche.
Por qué es bueno (y urgente)
La evidencia psicológica es clara: «Hacer las tareas de la casa es importante para el desarrollo de los niños y fortalece su confianza y autonomía. Y cuanto antes se empiece, adaptándolo a su edad, mejor», expone a los padres el Child Mind Institute.
Además, cita una investigación de la Universidad de Minnesota en la que se relaciona la ayuda temprana en el hogar, con mejores resultados en estudios, trabajo y relaciones en la edad adulta.
Basta, eso sí, un primer paso de los padres: predicar con el ejemplo y cargarse con enormes dosis de paciencia, mano izquierda y buen humor.