La psicóloga Irene López, directora de Anda Conmigo
Irene López, psicóloga: «Premiar a los niños por sacar buenas notas no es recomendable, pero hay excepciones»
Motivar a los hijos para que comiencen el curso estudiando y esforzándose es tan necesario como hacerlo de la manera correcta, explica la psicóloga Irene López, directora del centro Anda Conmigo
Cada tarde, cuando toca hacer frente a los deberes y a los apuntes, muchas casas se convierten en una especie de ring de boxeo en el que padres e hijos pelean para que los niños (y también los adolescentes) se pongan a estudiar y a hacer con diligencia sus tareas.
Para ganar esas batallas, no son pocos los padres que, con más o menos convencimiento, recurren a la promesa de premios al esfuerzo si llegan las buenas notas al final del trimestre.
–Pero, ¿es recomendable este tipo de premios al estudio? ¿Desmotiva el amor por el trabajo bien hecho, o es parecido a un «bonus» en el ámbito profesional? ¿Qué ocurre, entonces, con aquellos estudiantes que se esfuerzan pero no logran sacar buenas notas? Hablamos de esto con la psicóloga Irene López, directora del centro Anda Conmigo.
–Sin rodeos: ¿Es recomendable premiar a los niños por sacar buenas notas?
–No es recomendable que premiar las buenas notas se convierta en una práctica habitual. Cuando el refuerzo se centra únicamente en el resultado académico, el niño puede llegar a percibir que su valía personal depende de una calificación, lo que genera presión, inseguridad y fragilidad en su autoestima. Además, este enfoque fomenta una motivación extrínseca, o sea, estudiar para obtener algo a cambio, que suele ser menos sólida y duradera que la motivación intrínseca, la que está vinculada al interés y al disfrute de aprender.
–Pero dice que no debe ser «lo habitual»... ¿hay excepciones?
–Reconocer y celebrar los logros académicos de manera puntual sí puede resultar positivo, siempre que el premio no sea el objetivo principal, sino un gesto de apoyo y acompañamiento. Lo verdaderamente importante es que el refuerzo se dirija al proceso: valorar la constancia, la capacidad de organización, el esfuerzo sostenido, la superación de dificultades... De este modo, el niño aprende a dar sentido a su propio progreso y a encontrar satisfacción en el aprendizaje más allá de la recompensa externa.
–¿Qué diferencia hay entre motivación extrínseca (premios, regalos) e intrínseca (interés personal, satisfacción)?
–La motivación extrínseca se da cuando el niño realiza una actividad con la intención de obtener algo externo a la propia tarea, o de evitar una consecuencia negativa. El esfuerzo, en este caso, está orientado a la recompensa: un premio, dinero, más tiempo de ocio, el reconocimiento de los demás... La motivación intrínseca, por el contrario, surge cuando el niño se involucra porque siente interés, curiosidad o satisfacción personal. Aquí, el aprendizaje se vive como algo valioso en sí mismo, y el placer proviene del hecho de descubrir, mejorar o superar un reto.
La gran diferencia entre ambas radica en el origen del impulso: mientras que en la motivación extrínseca la fuerza viene de factores externos, en la intrínseca nace del propio niño y se asocia con un aprendizaje más profundo, autónomo y duradero.
–¿Y afecta de algún modo, en términos de aprendizaje, que el esfuerzo esté motivado por un premio externo?
–Cuando se emplean de manera habitual, los premios suelen fomentar el deseo de conseguir algo externo. Y así, el niño aprende que estudiar o esforzarse es un medio para alcanzar una recompensa y no un fin en sí mismo. Esto puede llevar a que, en ausencia de premios, disminuya su interés por las tareas escolares o pierda motivación. Además, se corre el riesgo de que la curiosidad natural y el disfrute por aprender queden en un segundo plano frente a la expectativa de recibir algo material.
La motivación interna se asocia con un aprendizaje más profundo, autónomo y duradero
En cambio, cuando los adultos ponen el acento en despertar la curiosidad, reconocer el esfuerzo y acompañar al niño en el descubrimiento, se fortalece la motivación intrínseca. Y esta se traduce en un interés genuino por aprender, en la satisfacción que produce comprender algo nuevo o en el orgullo de superar un reto personal. Es esta motivación interna la que se asocia con un aprendizaje más profundo, autónomo y duradero.
–¿Premiar a los niños por las buenas notas no sería algo similar a los «bonus» que recibimos los adultos en el trabajo por hacer nuestro trabajo de forma especialmente productiva?
–A primera vista puede parecer una situación comparable, pero en realidad existen diferencias importantes. En el caso de los adultos, los incentivos económicos o los «bonus» forman parte de un contrato laboral: se retribuye un rendimiento extraordinario dentro de un contexto en el que ya existe una motivación interna (el desarrollo profesional, la responsabilidad, el interés por el propio trabajo...) y una motivación externa estable (el salario).
En los niños, el aprendizaje no debería entenderse como una «obligación contractual», sino como un proceso natural de desarrollo. Si se centra únicamente en la obtención de premios, se corre el riesgo de que el niño asocie el estudio con lo que recibe a cambio y no con la curiosidad, el descubrimiento o la satisfacción de superarse. A diferencia de un adulto, que ya tiene consolidada su identidad y sus valores, el niño está formando su autoconcepto y su relación con el aprendizaje.
Aunque los premios puntuales puedan servir como reconocimiento, no son equivalentes a los incentivos laborales
Por eso, aunque los premios puntuales puedan servir como reconocimiento, no son equivalentes a los incentivos laborales. En la infancia, es más beneficioso que la motivación se base en el acompañamiento, el refuerzo del esfuerzo y el disfrute de aprender, para sentar las bases de una relación sana con el conocimiento a lo largo de la vida.
–¿Y qué pasa con un niño que se esfuerza mucho pero no logra buenas calificaciones?
–Un niño que se esfuerza de manera constante pero no consigue las calificaciones esperadas necesita recibir reconocimiento igualmente, quizás incluso más que aquel que obtiene resultados brillantes sin demasiado esfuerzo. Si no se valora su dedicación, puede sentirse frustrado y llegar a la conclusión de que «no sirve» para aprender, lo que pone en riesgo su motivación y su autoestima.
En estos casos, es fundamental que los adultos refuercen de forma explícita el proceso: destacar la constancia, la paciencia, la capacidad de intentarlo varias veces o el haber afrontado una dificultad sin rendirse. Señalar pequeños avances, aunque no se reflejen todavía en la nota, ayuda al niño a tomar conciencia de su progreso real y a mantener la confianza en sus posibilidades.
También es importante transmitirle que el aprendizaje no siempre se refleja de inmediato en un resultado cuantitativo y que el esfuerzo continuado, junto con la ayuda adecuada, conduce a mejoras a largo plazo. De esta forma, el niño comprende que su dedicación tiene valor y que el éxito académico no es la única medida de su valía.
–¿Qué recomendaciones se le pueden ofrecer a los padres que quieren motivar a sus hijos sin generar dependencia de los premios?
–En estos casos, el equipo de Anda CONMiGO siempre recomendamos a las familias fomentar esa motivación que nazca del propio interés del niño y no de la expectativa de recibir algo externo. Para eso, es fundamental que los padres valoren de manera explícita el esfuerzo, la constancia y la superación de pequeños retos, más allá de la nota final. Reconocer con palabras concretas lo que el niño ha hecho bien, del tipo «te organizaste muy bien para estudiar» o «no te rendiste aunque era difícil», resulta mucho más enriquecedor que un premio material.
También sugerimos reforzar con gestos emocionales y sociales: mostrar orgullo, compartir tiempo de calidad, interesarse por lo que el niño está aprendiendo, celebrar juntos un avance... Estas formas de reconocimiento fortalecen la autoestima y refuerzan el vínculo afectivo, sin generar dependencia de recompensas externas.
Otra recomendación es dar espacio a la autonomía y a la curiosidad. Por ejemplo, al permitir que el niño participe en la elección de temas, explore sus intereses y relacionar juntos el aprendizaje con situaciones de la vida diaria es algo que potencia el sentido de utilidad y el disfrute por aprender.
Y por último, es importante acompañar a los hijos en la reflexión sobre sus propios progresos, animándolos a identificar qué habilidades han mejorado y qué retos han logrado superar. Esta autoevaluación guiada ayuda a que reconozcan su esfuerzo y experimenten satisfacción interna, que es la base de una motivación duradera y saludable.