La falta de diagnóstico conduce a la frustración y al fracaso escolar
No es dislexia, es Trastorno del Desarrollo del Lenguaje y así pueden reconocerlo los padres
Menos conocido que otros trastornos del neurodesarrollo, el TDL afecta al 7 % de los niños y si no se diagnostica a tiempo puede conducir al fracaso escolar y a la frustración
Con la vuelta al cole, muchos padres se preocupan por el rendimiento de sus hijos en lectoescritura. Y no es para menos, porque esta área del conocimiento es esencial para que todo el proceso de aprendizaje se desarrolle con normalidad.
Por ese motivo, cuando surgen ciertos problemas a la hora de leer, de pronunciar ciertas letras o de mostrar una capacidad de comprensión lectora acorde a la edad, las familias se preocupan y en muchas ocasiones no sólo consultan a los profesores sino, incluso, especialistas.
Es en esos contextos donde suelen darse diagnósticos como el de la dislexia o, incluso, el déficit de atención. Sin embargo, hay otro escollo menos conocido pero que afecta a cerca del 7 % de la población infantil: el Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL).
Qué es el TDL
Pero, ¿qué es exactamente este trastorno? En un análisis publicado en el portal especializado The Conversation, Anastasiia Ogneva, profesora ayudante de doctora de la Universidad de Santiago de Compostela, explica que el TDL «se caracteriza por dificultades persistentes en la adquisición y el uso del lenguaje en todas sus modalidades».
Esto afecta a la comprensión, la expresión oral, el vocabulario, la gramática y, en muchos casos, repercute también en la lectura y la escritura.
Frecuente, pero poco conocido
Según Ogneva, el TDL afecta aproximadamente al 7 % de la población infantil, lo que lo convierte en un trastorno mucho más frecuente que otros de mayor visibilidad mediática. El autismo, por ejemplo, afecta al 0,94 % del alumnado no universitario, según los datos de la Confederación Autismo España.
Sin embargo, «la mayoría de las personas no han oído hablar nunca del TDL», lo que dificulta un diagnóstico temprano y adecuado, explica la experta. Una falta de conocimiento que hace que muchos niños lleguen tarde a la intervención logopédica y acumulen retrasos en su desarrollo académico.
Cómo se diferencia de otros trastornos
Una de las claves del análisis es aclarar cuáles son las diferencias entre el TDL y otras dificultades del aprendizaje.
«No es dislexia –aclara Ogneva–». La dislexia «se centra en dificultades para aprender a leer y escribir, en especial en la decodificación de palabras y las habilidades fonológicas» y, por ejemplo, un niño disléxico «puede confundir letras parecidas (b/d, p/q) o leer 'casa' como 'cata', aunque luego tenga un vocabulario oral rico y frases bien estructuradas». En cambio, un alumno con TDL «puede leer correctamente 'casa', pero no comprender lo que significa la frase entera, además de tener un lenguaje oral más limitado y con errores gramaticales».
Tampoco es sinónimo de autismo, ni depende «del cociente intelectual no verbal» aunque «en el pasado, sólo se diagnosticaba TDL si la inteligencia no verbal del niño estaba dentro de la media», explica la experta.
Cómo detectarlo
Aunque cada niño es diferente, Ogneva sí aporta rasgos frecuentes que tanto padres como profesores pueden reconocer como señales de alarma:
En la edad preescolar, «dificultad para seguir instrucciones, frases muy cortas, problemas para aprender canciones o para contar lo que ha pasado en el día».
En la edad escolar, problemas «para comprender textos, usar oraciones complejas, aprender vocabulario nuevo, errores gramaticales y de ortografía frecuentes, o problemas para escribir con coherencia».
Intervención temprana
Ogneva recomienda a los padres y a los docentes que estén especialmente atentos, para intervenir cuanto antes en caso de que se sospeche que un niño pueda tener TDL: «Un niño atendido a los 4 o 5 años puede progresar notablemente mejor que uno que recibe ayuda a los 9 o 10, cuando ya arrastra fracaso escolar y frustración».
Y explica que «si un niño no avanza en el lenguaje como sus compañeros, si sus frases son muy cortas, si evita participar en conversaciones o se frustra con la lectura, conviene consultar». «Reconocer sus señales y diferenciarlo de otros problemas es esencial para intervenir a tiempo», concluye.