Lalachus junto a Broncano
Televisión
Lalachus se independiza de Broncano para liderar su propio programa en TVE
Tras la polémica de las Campanadas, que indignó a parte del público católico, TVE vuelve a apostar por Lalachus con un programa en solitario, en una decisión que reabre el debate sobre el tipo de humor que quiere impulsar la televisión pública
Lalachus ya no quiere ser 'la que sale con Broncano'. Ahora parece decidida a ser independiente. Y no en cualquier sitio, sino en Televisión Española. La cadena pública, según ha avanzado El Confidencial Digital, ha decidido encargar un programa piloto con ella como protagonista, impulsado por la productora de David Broncano junto a Jorge Ponce y Encofrados Encofrasa. El rodaje está previsto para finales de mes, en torno a los días 21 o 23, y después será la propia TVE la que decida si esto pasa de ser una prueba a convertirse en un programa estable. La idea es clara: la televisión pública quiere gustar a los jóvenes, quiere ser moderna, quiere parecerse a lo que se consume en redes… aunque eso, a veces, suponga no saber muy bien dónde está el límite entre conectar y forzar.
Lalachus posando en una foto publicada en sus redes sociales
En ese intento de renovación, el entorno de Broncano se ha convertido en una especie de cantera de caras nuevas, o al menos de perfiles que ya llegan con público propio. Y ahí encaja Laura Yustres, que empezó haciendo vídeos en redes durante la pandemia, con un humor directo, cercano y sin demasiados filtros. A partir de ahí fue creciendo poco a poco, pasando por pódcast como Estirando el chicle, radio en Cuerpos Especiales, apariciones en series como Veneno o Sin novedad y cada vez más presencia en televisión. Hasta que llegó el gran momento: las Campanadas de TVE en 2024 junto a Broncano. El salto definitivo. El foco total. Y también el primer gran choque con parte del público.
Conviene recordar, para situar a los lectores, lo que ocurrió aquella noche, porque explica muchas cosas. En plena retransmisión, con millones de personas mirando, mostró una estampita que imitaba la iconografía del Sagrado Corazón de Jesús, pero sustituyendo la imagen religiosa por la vaquilla del Grand Prix. Lo que para algunos fue una simple broma, para otros fue una falta de respeto evidente. Especialmente para una parte del público católico que no vio humor, sino burla. La reacción fue inmediata. Y claro, cuando haces eso en uno de los momentos más vistos del año, lo normal es que la polémica no sea pequeña.
La escena, además, tuvo algo revelador. Hubo dudas. «Esto… esto no lo podemos enseñar», decía Broncano. Pero se enseñó. Y eso lo cambia todo. No fue un error, no fue un despiste, no fue algo improvisado. Fue una decisión. El mensaje era sencillo: provocar también forma parte del espectáculo. Después llegó la denuncia de 'Hazte Oír', que señalaba a los presentadores y hasta al presidente de RTVE por un supuesto delito contra los sentimientos religiosos. La justicia archivó el caso en marzo, pero el debate ya estaba en la calle. Porque más allá de lo legal, lo que quedó fue la sensación de que se había cruzado una línea para llamar la atención
Y aquí es donde aparece esa mezcla entre crítica y 'culto' que rodea a este tipo de perfiles. Porque, guste más o guste menos, ha sabido hacerse un hueco. No viene de la nada. Su historia empieza en algo tan simple como trabajar en un cine de barrio, cortando entradas, observando a la gente, cotilleando, como ella misma reconoce, quién iba con quién. De ahí a estar en prime time hay un salto enorme, y en ese salto también ha tenido que aprender a convivir con la exposición constante, con críticas por su trabajo, por su físico y, en general, por todo lo que implica tener foco. Y eso pasa factura. Ella misma lo ha explicado: cuando te ve mucha gente, te critica mucha gente.
Mientras tanto, TVE sigue adelante con su apuesta sin mirar demasiado atrás. Una apuesta que dice mucho del tipo de televisión que quiere hacer: más rápida, más directa, más cercana a redes… y también más arriesgada. Porque cuando juegas a ser moderno a cualquier precio, corres el riesgo de perder a parte de tu público por el camino. Y ese riesgo no es menor en una televisión pública.
El piloto está en marcha, según ha podido confirmar 'Confidencial Digital'. Y como todo piloto, puede despegar o quedarse en nada. Pero hay algo que ya está claro: sabe llamar la atención. Y en el mundo actual, eso es casi media carrera. La otra mitad es la difícil: mantenerse sin necesidad de vivir siempre de la polémica.