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La falta de comunicación puede generar muchos conflictos domésticosEgoitz Bengoetxea / iStock

Seis trucos de una experta en familia para que tu hijo adolescente hable contigo

La divulgadora Lisa Rowell explica que aunque el silencio en esta etapa «es normal», hay estrategias para lograr una comunicación sincera y abierta

Conseguir que un adolescente se comunique de forma fluida y abierta con sus padres puede ser, en ocasiones, todo un reto. Y ya no sólo porque emplee latiguillos generacionales de moda como los hoy omnipresentes «bro», «lit», «de chil» o «en plan», sino porque no cuente nada, o casi nada, de lo que le ocurre en el colegio, de la relación que tiene con sus amigos, o simplemente cómo navega por las turbulencias afectivas propias de su edad.

En un contexto social tan marcado por la presión de las redes, el acoso escolar que se expande más allá del colegio a causa de los móviles, con nuevas adicciones digitales minando su salud física y mental, y peligros como el sexting o el growming a la vuelta de la esquina, ese silencio puede ser, además, un síntoma más que preocupante.

Como explica la experta en educación Lisa Rowell, madre de dos hijas y divulgadora en numerosas publicaciones familiares de Estados Unidos, este mutismo cotidiano es «un comportamiento normal en la adolescencia, pero saber eso no nos facilita las cosas a los padres».

Así, en un análisis publicado en el portal especializado iMom, Rowell señala lo desesperante que puede ser cuando en la relación con los adolescentes «reina el silencio, incluso cuando nuestro instinto maternal nos advierte de que algo no va bien». Sin embargo, esta divulgadora señala que «lograr que tu hijo se sincere puede requerir un poco más de tacto que antes, pero está lejos de ser una misión imposible».

Y da seis trucos para lograrlo, especialmente pensados para las madres, pero que también pueden aplicar los padres.

1. Evita enseñarle a guardar silencio

«Como madres, no queremos reprimir a nuestros hijos. Sin embargo, cuando comparten algo, a veces nuestras reacciones transmiten un mensaje equivocado. Piensa en su perspectiva: si cada vez que se sinceran reciben sermones, consecuencias precipitadas o decepción, ¿por qué querrían seguir compartiendo? Empiezan a sentirse más cómodos guardándose las cosas para sí mismos», explica.

Por el contrario, propone: «Cuando tu hijo empiece a compartir, respira hondo antes de reaccionar. (A mí también me gusta rezar en silencio: 'Jesús, ayúdame a mantenerme receptiva y tranquila'). Al centrarte en ti mismo, creas un espacio emocional seguro que facilita que los adolescentes hablen con franqueza».

«¿Y si te equivocas? No pasa nada. Siempre puedes retomar la conversación con algo como: No respondí bien antes. Lo siento. ¿Podemos intentarlo de nuevo?. Tu adolescente respetará tu honestidad», apunta.

2. Atención a tus primeras palabras

«Tu reacción inicial a lo que te cuente tu preadolescente marca la pauta de toda la conversación" indica Rowell.

Y no por capricho, sino porque "tus primeras palabras son como las notas iniciales de una canción. Determinan si el ambiente será tranquilo o se convertirá en un caos. Así que, por supuesto, evita decir 'hormonal' y otras palabras similares. En cambio, cuando te cuenta algo difícil, frases como 'Eso suena muy complicado' o 'Me alegra mucho que me lo hayas contado' le transmiten seguridad, incluso si por dentro estás entrando en pánico. Esas palabras le recuerdan a tu hijo que estás de su lado y que la honestidad es fundamental en vuestra relación».

Además, Rowell recomienda practicar «algunas frases clave antes de necesitarlas». Así, «cuando tu hijo se acerque con ese titubeante 'Mamá, necesito contarte algo', estarás preparada. Aquí tienes algunas para recordar: 'Gracias por confiar en mí', '¿Necesitas que sólo te escuche o buscas ayuda?', 'Estoy aquí para escuchar, no para juzgar'».

3. No des soluciones, haz preguntas

Según la divulgadora, «hacer preguntas a los adolescentes en lugar de ofrecerles soluciones les ayuda a practicar el pensamiento crítico y la resolución de problemas. Además, es la forma más sencilla de conseguir que hablen (y sigan hablando otros días)».

«Haz esto –recomienda Lisa Rowell–: Cuando sientas la necesidad de decir: 'Esto es lo que deberías hacer', en vez de eso, haz una pregunta. '¿Qué crees que podría ayudar?' o '¿Puedes contarme más sobre eso?' son excelentes preguntas para empezar. También puedes preguntar: '¿Estás dispuesto a escuchar posibles soluciones o solo necesitas que te escuche?'».

4. Cuando tu hijo suelte una noticia impactante, no te inmutes

«No juego al póker, pero domino el arte de la cara de póker... casi siempre», bromea la experta. Y recuerda a los adultos que «incluso los chicos que se portan bien pueden tomar malas decisiones durante estos años: desde probar alcohol y vapear, hasta recibir multas por exceso de velocidad, escaparse de casa, ver pornografía y usar ChatGPT para engañar a sus parejas».

En esos casos, su recomendación es clara: «Mantén un tono de voz tranquilo, una postura corporal abierta y una expresión neutral. Que tu adolescente esté dispuesto a compartir algo intenso es una señal de confianza, no un motivo para entrar en pánico. Mantener la calma demuestra que puedes afrontar sus dificultades sin derrumbarte».

5. Mantente abierto a conversar en horarios (y lugares) inconvenientes

«A veces, las conversaciones más importantes surgen cuando menos te lo esperas, como cuando llevas a tu hijo a casa después del entrenamiento a las 9 de la noche o cuando por fin te metes en la cama. Estos momentos inesperados suelen resultar más seguros para los adolescentes porque hay menos presión y formalidad. Además, la charla informal en el coche o la distracción de una actividad compartida pueden hacer que los temas delicados parezcan menos, precisamente, delicados, porque permiten evitar el contacto visual directo», señala Rowell.

Con un añadido: «No te sorprendas si tu adolescente prefiere hablar contigo por mensaje de texto o WhatsApp: a veces les resulta más fácil escribir cosas difíciles que decirlas cara a cara».

Como indica la experta, «para lograr que los adolescentes se comuniquen, debes estar abierto al formato que mejor les funcione». Y, por eso, «si tu adolescente empieza a compartir algo delicado, resiste la tentación de posponer la conversación para un momento mejor».

Y pone un ejemplo que cualquier padre o madre entenderá: «Igual que cuando eras pequeño y le curabas las rodillas raspadas en cualquier momento, estate dispuesto a hablar con él cuando te necesite».

6. Termina la conversación con una puerta, no con una pared

Como indica Lisa Rowell, «los adolescentes rara vez resuelven problemas importantes en una sola conversación». Al contrario, «necesitan tiempo para procesar la información y a menudo regresan con nuevas preguntas o perspectivas. Por eso, para que los adolescentes hablen, es importante dejar espacio para que la conversación continúe más adelante».

Y recomienda dejar clara esa disponibilidad, con frases como «Estoy aquí cuando estés listo para hablar más» o «Después de que hayas asimilado lo que hablamos, volvemos a hablar del tema». Como concluye, «dejar la puerta abierta crea un espacio para conversaciones continuas, en lugar de charlas aisladas».