Fundado en 1910
José Gabriel García

Prohibir las redes sociales no basta, porque la irrupción de la IA ha cambiado las reglas del juego

Más allá de la prohibición de TikTok o Instagram, José Gabriel García, experto en estrategia digital y CEO de agencia Phi, alerta de los riesgos de exponer a los menores a contenidos creados por Inteligencia Artificial y plantea cómo puede desarrollarse una adecuada educación digital dentro de la propia familia

La educación digital no es sólo prohibir el acceso a redes o enseñar conocimientos técnicosGetty Images / iStock

La propuesta de retrasar el acceso de los menores a las redes sociales hasta los 16 años ha reabierto un debate necesario. Pero si algo ha demostrado la evolución digital de los últimos años es que centrar la conversación únicamente en la prohibición es quedarse a medio camino. Hoy el reto ya no son solo las redes sociales: es todo el ecosistema digital que rodea a niños y adolescentes, con la inteligencia artificial (IA) como nuevo actor clave.

Prohibir puede ayudar, pero pensar que por sí sola va a solucionar el problema es ingenuo. Los menores seguirán accediendo a plataformas y contenidos aunque estén vetados, del mismo modo que ocurre con otras conductas prohibidas. La diferencia es que, en el entorno digital, la exposición es constante, silenciosa y muchas veces invisible para los adultos.

Durante años hemos puesto el foco en Instagram, TikTok o YouTube, pero la irrupción de la IA ha cambiado las reglas del juego. Hoy es posible generar imágenes falsas, desnudos inexistentes o contenidos sexualizados en cuestión de segundos. Casos recientes han demostrado que estas herramientas ya están al alcance de cualquiera, incluidos adolescentes, sin filtros claros ni conciencia de las consecuencias.

Para un menor, cuya identidad aún se está formando, este tipo de exposición no es neutra. Afecta a la autoestima, a la percepción del cuerpo, a las relaciones sociales y a la forma de entender la intimidad y el consentimiento. Además, la IA introduce un riesgo añadido: difumina la frontera entre lo real y lo falso. Cuando todo puede ser manipulado, el criterio se debilita y la confusión aumenta.

Por eso, más allá de prohibir, es imprescindible educar. Educación digital no significa solo enseñar a usar herramientas, sino ayudar a entender cómo funcionan, qué intereses hay detrás y qué consecuencias tiene lo que se consume y se comparte. Esta educación debe empezar pronto y debe implicar a todos: familias, escuelas, plataformas y administraciones.

Educación digital no significa solo enseñar a usar herramientas, sino ayudar a entender cómo funcionan, qué intereses hay detrás y qué consecuencias tiene lo que se consume y se comparte.

Las familias tienen un papel esencial, pero no pueden asumir solas toda la responsabilidad. El control parental técnico sirve de poco si no va acompañado de conversación, acompañamiento y ejemplo. Prohibir sin explicar genera rechazo; educar genera criterio. Hablar con los hijos sobre lo que ven, lo que sienten y lo que consumen es hoy tan importante como poner límites.

Las plataformas, por su parte, deben asumir que no son simples intermediarias. Sus algoritmos están diseñados para captar atención, no para proteger el desarrollo emocional de los menores. Introducir sistemas reales de verificación de edad e identidad, reducir el anonimato irresponsable y priorizar la seguridad sobre el engagement debería ser parte de su compromiso.

Este punto es clave: el anonimato absoluto ha facilitado durante años mensajes de odio, conductas irresponsables y contenidos extremos. Libertad de expresión sí, pero unida a responsabilidad. Igual que para operar en un banco online es necesario identificarse, acceder a entornos digitales con impacto social debería implicar asumir quién eres y responder por lo que haces.

La IA no es el enemigo. Es una herramienta poderosa que puede aportar enormes beneficios. El problema surge cuando se introduce en la vida de los menores sin reglas, sin educación y sin responsabilidad compartida. Si seguimos reaccionando tarde, iremos siempre un paso por detrás de los riesgos.

El debate no va de tecnología, va de cómo queremos que crezcan nuestros hijos en un mundo digital que ya no tiene marcha atrás. Y ahí, prohibir puede ser un primer paso, pero nunca será suficiente sin educación, conciencia y corresponsabilidad.

  • José Gabriel García es experto en estrategia digital y CEO de Agencia Phi.