Trabajo con adolescentes y hace una semana les pregunté qué harían si les prohibían las redes: esto me dijeron
María Zalbidea, autora de Cosiendo la brecha digital, divulgadora y consultora en tendencias y tecnología, recuerda que, ante el anuncio de prohibir el acceso a redes a menores de 16 años, «la familia sigue siendo el primer ecosistema digital»
Tres adolescentes con su teléfono móvil
El Gobierno ha anunciado nuevas medidas sobre el uso de las redes sociales por parte de menores. El debate vuelve a ocupar titulares, pero en los corros de padres de los colegios lleva tiempo instalado. La ciudadanía pide ayuda a gritos, aunque muchas veces no sepa muy bien a quién dirigirse.
La semana pasada, en una sesión en la provincia de Málaga, ocurrió algo que me hizo pensar. Trabajaba con adolescentes y, en un momento dado, les lancé una pregunta sencilla: qué supondría para ellos que el gobierno prohibiera el uso de redes sociales a menores de 16 años previendo que nos quedaba lo que se dice «un telediario» para las medidas que pretende implantar el gobierno.
No encontré respuestas inmediatas ni entusiasmo. Les vi dudosos, alguna risa nerviosa. Y, finalmente, una frase que se repitió de distintas formas: «Nos lo saltaríamos». Varios añadieron algo más inquietante todavía: «Si ya nos lo saltamos a los 13, no creemos que esto tenga mucho efecto».
No lo decían como desafío, sino con una mezcla de realismo que me dejó pensativa.
Esa conversación conecta directamente con lo que escucho desde hace más de diez años trabajando con familias, docentes y organizaciones. Padres y madres que piden pautas concretas. No quieren grandes discursos sino respuestas prácticas: «¿Qué hacemos en casa?», «¿cómo acompañamos sin prohibir todo?», «¿cómo ponemos límites sin romper la relación?».
La necesidad es real y urgente, y el enfoque consciente de lo digital por fin comienza a cuajar.
Que las instituciones reaccionen creo es necesario y que se legisle para proteger a los menores, también. La industria tecnológica tiene que tener unas responsabilidades claras y sobre todo en lo que se refiere a la verificación de edad de los más jóvenes. Por eso las leyes ayudan, marcan límites y hacen asentar importantes mensajes como sociedad que muchos llevamos repitiendo sesión tras sesión. Pero con esto no basta.
La familia es el primer ecosistema digital. Antes que usuarios o ciudadanos digitales, nuestros hijos son hijos. Y es en casa donde aprenden qué lugar ocupa la tecnología en su vida, cómo se gestiona el tiempo, el aburrimiento o la frustración. Ninguna ley puede sustituir ese aprendizaje cotidiano en nuestras familias.
No podemos esperar a que una ley haga de padre o de madre digital. Somos nosotros quienes queremos a nuestros hijos. Educar en tecnología a veces es incómodo, genera conflictos y desgasta, vaya que si desgasta, pero es una responsabilidad que nos interpela de lleno a los padres.
Antes que usuarios o ciudadanos digitales, nuestros hijos son hijos. No podemos esperar a que una ley haga de padre o madre digital.
Vivimos un momento en el que buscamos soluciones rápidas para problemas que son complejos. Tendemos a delegar en normas lo que requiere tiempo, diálogo y constancia. Y cuando los adultos nos retiramos, otros ocupan ese espacio: algoritmos o plataformas cuya prioridad no es el bienestar ni el desarrollo emocional de nuestros menores.
Esto no va a culpabilizar a las familias. A mí me gusta pensar que va de acompañarlas. De reconocer que nadie nos enseñó a educar en este contexto y que necesitamos apoyo, formación y espacios donde pensar sin miedo con calma. Educar en tecnología no va de saber más que nuestros hijos, sino de atrevernos a ir más despacio, a poner límites claros y a sostener conversaciones incómodas.
Celebro que se legisle. Exijo que la industria asuma su parte. Pero no renuncio a decir algo esencial: ninguna ley sustituye una conversación en casa. Ninguna regulación reemplaza el ejemplo que damos los padres cuando intentamos hacer un buen uso de la tecnología en nuestros hogares.
La ciudadanía pide ayuda a gritos. Y también nos está pidiendo que recuperemos el protagonismo como padres en la educación digital de nuestros hijos. Porque el primer ecosistema digital no está en su móvil. Recuerda: está en la familia.
- María Zalbidea es autora de 'Cosiendo la brecha digital', divulgadora en Instagram y consultora en tendencias y tecnología con impacto