El divorcio es una de las principales causas de sufrimiento
Consultorio Familiar
«Muchas de mis amigas se están separando y parece que no pasa nada. ¿Da igual tener éxito en el matrimonio?»
El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre las prioridades en el matrimonio.
Mucha conocidas mías hablan de separarse como si fuera una nadería. Sin darle importancia. Y también varias de mis amigas se están separando y parece que no pasa nada. Pienso con frecuencia que mucha gente se casa y, sin embargo, para ellos el éxito en el matrimonio es una cosa secundaria. Que les vaya bien con su marido o con su mujer parece que no es una prioridad fundamental. ¿Realmente da igual tener éxito en el matrimonio que no tenerlo?
Cuando hay una intoxicación alimenticia se intenta buscar el foco con prontitud, de esa forma, retirándose del foco, se puede evitar caer enfermo.
De la misma forma se actúa en las inversiones financieras. Si alguien en una inversión ha perdido dinero, procura no volver a invertir en esos productos.
El ser humano, en todo lo que le interesa, toma precauciones. Nadie quiere fracasar. Cuanto más pueda afectar el posible fracaso a lo personal –al menos en teoría– las precauciones tendrían que ser mayores.
Al mismo tiempo, todo el mundo tiene la intuición de que la felicidad tiene mucho que ver con el amor. Porque realmente, así es.
Y, por tanto, lo que más se debería asegurar en la vida sería con quién la vamos a compartir, a quién vamos a amar, quién nos va a amar.
Pero es evidente que hoy no se hace así. Y esa es una de las causas por las que hay tanto sufrimiento evitable en nuestra sociedad.
En los años sesenta del pasado siglo se lanzó la idea de que abolir toda prohibición, sobre todo en el comportamiento sexual, abría las puertas de la felicidad. Nos lo creímos. Ahora se está comprobando que el número de divorcios y el sufrimiento de los hijos es cada vez mayor.
Se ha intentado quitar del matrimonio todo lo que es renuncia, sacrificio, y el resultado se está viendo de una manera palpable: mucho más sufrimiento, especialmente en el terreno familiar.
Para demostrar que siempre ha sido así, se nos dice que lo que ahora ocurre también pasaba antes, pero que entonces la gente no era libre de decirlo. Mentira. Las personas sabíamos perfectamente si nuestros padres se querían o no. Y no solo los nuestros, sino los padres de los amigos, por lo que ellos nos contaban.
Antes se sabía que el matrimonio no tenía vuelta atrás, lo cual llevaba consigo una parte de sacrificio. Además, frenaba la imaginación y fomentaba la creatividad y la resiliencia cuando la convivencia se hacía difícil. Cosa, por otra parte, nada extraña.
Toda relación humana, para que sea satisfactoria, acarrea cierto sacrificio y esfuerzo personal. Es lógico. El ser humano no es perfecto.
El sacrificio hace que la convivencia humana siga siendo posible cuando las imperfecciones se meten dentro del día a día. No sólo en la familia, pero sobre todo en la familia.
Por otra parte, cuando sabemos que los compromisos que asumimos tienen puerta de salida, antes o después, será fácil hacer uso de ella. Como la vida no es fácil, en muchos momentos, se le culpa al matrimonio de lo que ocurre, para luego traspasar esa puerta que antes se sabía cerrada.
Así que no es tanto cuestión de leyes, cuanto de actitud ante la vida. De tomarse la vida en serio.
Ahora se quiere que todo vaya siempre sobre ruedas y si no, se rompe. Y eso, antes o después, ocurrirá, porque la vida no es muy larga, pero es muy ancha: pasa de todo, y esas circunstancias que nos llevarán a pensar en separarnos, seguramente ocurrirán.
La vida no es muy larga, pero es muy ancha: pasa de todo, y esas circunstancias que nos llevarán a pensar en separarnos, seguramente ocurrirán.
Ahí es donde hay que meter el cariño, porque al ser una decisión de la voluntad, se terminará cuando yo deje de luchar por querer. Es decir, cuando yo quiera que se termine.
Y eso significará más sufrimiento personal, además de querer un imposible. Porque en las relaciones humanas nunca todo va a ir sobre ruedas.
El camino de toda convivencia humana siempre tiene obstáculos. Pero tendríamos que ser más conscientes de que sin el matrimonio, la sociedad no puede funcionar. Lo cual quiere decir que la vida se convierte, de una manera práctica, en sacrificio. Sólo hace falta echar una mirada alrededor y preguntarse dónde hay más felicidad y menos sacrificio, ¿en una familia natural, o en una desestructurada? Y no es cuestión de suerte sino, en muchas ocasiones, de lucha.
Tenemos que mirar a nuestro alrededor para ver en qué fallan las personas que tienen problemas matrimoniales. También en qué aciertan los que no los tienen para, en la medida de lo posible, sacar consecuencias.
La epidemia del divorcio no es obligatorio que nos afecte.
Pero para ello habrá que resguardarse de las causas que la producen. Y buscar a alguien con quien compartir la vida, que tampoco quiera sufrirla.
Y es que las personas felices lo son todas de la misma manera; las infelices lo son cada una a su manera.
Por último: hay que pedir ayuda a quien realmente pueda dárnosla, porque muchas veces vamos a pedirla a la persona equivocada.
José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com.