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La distancia afectiva en el matrimonio es fuente de sufrimientoGetty Images / iStock

Consultorio Familiar

«Mi marido ya no me atrae como antes, y no sólo físicamente: ¿Qué puedo hacer?»

El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre la afectividad conyugal.

Desde hace un tiempo, vivo las relaciones íntimas con mi marido como si fueran obligatorias. Antes lo vivíamos de otra manera, pero parece que se nos han quitado las ganas. De hecho, mi marido ya no me atrae como antes, y no sólo físicamente. Reconozco que esto me preocupa. ¿Me podría decir algo? Me ayudan mucho sus artículos en El Debate, que demuestra que es un periódico muy valiente y capaz de mostrar cómo estamos llamados a vivir el amor y la familia. ¡Gracias!

Lo que a usted le ocurre le pasa también, no sólo a muchas mujeres, sino también a muchos maridos que no sienten atracción por su cónyuge, incluso aunque físicamente estén como antes. Así que le agradezco la confianza por escribirme para contármelo.

Verá, no es difícil encontrar personas que cuentan que no pueden tomar determinado alimento porque les da ganas de vomitar o les produce asco.

Ante el cuestionamiento del por qué les ocurre semejante cosa, la respuesta, más o menos, no difiere mucho de la siguiente: «De pequeño me empache de tanto comer de ese alimento y desde entonces no lo puedo ni ver».

Cuando lo relacionado con los sentidos no se vive de una manera racional, sobria, con una cierta templanza, antes o después, puede producir rechazo.

En el terreno de la sexualidad se puede uno encontrar, con cierta frecuencia, situaciones parecidas. Personas que te dicen que les atraen todas las mujeres menos la suya, o que cada vez les llama menos la atención su marido. Aunque la alimentación y la sexualidad no son equiparables, refieren un cierto «empacho» o un hartazgo sobrevenido. Y las causas pueden ser múltiples.

No sé cuál será su caso y tal vez sea necesario que consulte a un especialista. Pero no es infrecuente que estas situaciones tengan que ver con haber vivido la sexualidad, incluso dentro del matrimonio, de forma desordenada. O sea, no haberlas vivido como una entrega total de alma y cuerpo, como una comunión, sino haber buscado ante todo el placer. Y también lo contrario: haber tenido con frecuencia relaciones sin deseo y sin entrega, lo cual produce cada vez más falta de deseo.

Cuando esto ocurre no hay ternura, ni preparación, ni entrega al otro. Sólo se piensa en uno mismo. Se «abandona» al cónyuge, bien buscando el propio placer, bien renunciando a él y centrándose en el propio hastío.

Y esto hace que, en ambos casos, se pierda la ilusión por la relación sexual, al menos con esa persona. Y de ahí eso de «me atraen todas las mujeres, menos la mía, o todos los hombres, menos mi marido».

También ocurre que, cuando se le da a los sentidos más de lo razonable, la ley de los rendimientos decrecientes actúa con mucha rapidez. Así podemos constatarlo en muchas parejas que llegan al matrimonio bastante desencantadas: creen que tienen que hacer cada vez cosas más raras para mantener la pasión y que la relación sexual termine por emocionar otra vez. Pero es un razonamiento equivocado.

Lo que, desde la experiencia de las muchas parejas que se han dirigido a mí, veo que se debe hacer en estos casos es empezar a quererse más y a vivir la sexualidad con entrega de alma y cuerpo, aunque eso conlleve cierta moderación.

Porque si no, pasa como con los alimentos: el empacho o la mala digestión producen rechazo; en este caso, rechazo a esa persona en el terreno de la intimidad.

Un aspecto importante es que algunos urólogos manifiestan que hay chicos a edades muy tempranas que tienen dificultades fisiológicas para tener relaciones, precisamente, por una sexualidad mal vivida: pornografía, promiscuidad...

Se está tratando todo lo relacionado con el sexo como si fuera un juguete, dentro del ámbito del ocio y la diversión de las personas. Es un gran error.

Estamos dentro de lo íntimo de la persona y cuando esto –lo íntimo– no se trata con delicadeza y cuidado, termina rompiendo a la persona.

Estamos dentro de lo íntimo de la persona y cuando esto –lo íntimo– no se trata con delicadeza y cuidado, termina rompiendo a la persona. Muchos desencantos y problemas relacionados con la sexualidad son debidos al trato superficial que se le da.

Igual que un bebé empieza a tomar alimentos de una manera paulatina, la afectividad tiene también sus pautas; y la entrega total se da cuando los dos están comprometidos de por vida; de lo contrario se está uno exponiendo a muchas frustraciones.

Si no se viven las pautas que la naturaleza impone, esta no perdona.

Se hacen necesarias, por parte de padres y educadores, unas enseñanzas en el terreno de la afectividad que lleven a vivir ésta acorde con la naturaleza humana.

Se evitaría mucho sufrimiento causado por desconocer cómo es el ser humano, cómo funciona, y lo que a la persona le conviene o le viene mal.

  • José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com