Pregunté a mis alumnos de Psicología «¿Qué es un Therian?» y esta fue su sorprendente conclusión
La doctora en Psicología María Rueda explica por qué las explicaciones que se están dando de este fenómeno juvenil son incompletas y cuál fue la conclusión a la que llegaron sus propios alumnos al abordarlo
Fin -nombre ficticio-, un joven de 17 años de Sant Feliu de Llobregat, que se identifica con un lobo gris albino
Hace unos días me sorprendió en clase la pregunta que me hicieron mis alumnos del grado de Psicología: «¿Qué es un therian?». Y, sinceramente, me ha descolocado, ya que, al tratarse de una «subcultura formada por personas que se identifican, a nivel interno o espiritual, con animales», principalmente entre adolescentes (o así nos lo transmiten los medios de comunicación), suponía que ellos lo tendrían mucho más claro que yo. Pero ellos buscaban una explicación psicológica que justificase la conducta de estos «therians».
Como psicóloga, este fenómeno me había llamado la atención y había dedicado tiempo a ver y leer todo lo que había encontrado al respecto.
Tras revisar las variadas explicaciones que podemos encontrar en la red, pude llegar a una conclusión rotunda: no estoy de acuerdo con ninguna de ellas. Y la razón principal es que toda la información que he podido encontrar me ha parecido más una justificación que una explicación. Es decir, justificamos un comportamiento humano llamándolo subcultura. Volvemos a justificar dicho comportamiento apelando a una identificación personal. Y, de nuevo, justificamos la conducta tras el velo de lo espiritual.
En clase les devolví la pregunta, y mis alumnos se rieron y me dijeron que no tenían ni idea, pero que claramente debía existir alguna razón psicológica que explicara dichos comportamientos.
Evidentemente, esto es como abrir la caja de Pandora: aparecen opiniones y teorías de todos los colores, adaptadas a cada público. Pero, haciendo un análisis algo más objetivo de esta conducta, ¿qué es lo que podemos observar?
En primer lugar, que muchas de estas personas se cubren la cara. Es decir, para ir vestidas como animales, ocultan su rostro con máscaras o caretas, ocultando así su identidad. En psicología, ocultar el rostro puede estar relacionado con sentimientos de ansiedad, inseguridad, miedo, vulnerabilidad, entre otros, y ninguno de ellos resulta especialmente positivo.
En segundo lugar, podemos observar que su comportamiento intenta imitar al animal. Esto los lleva a desplazarse adoptando posturas incómodas y poco prácticas. Por lo tanto, tampoco encontraríamos en este punto una explicación psicológica clara, más allá de la voluntad de la persona de moverse y desplazarse como un animal.
Y, en tercer lugar, se menciona la «identificación espiritual», que podemos entender como el proceso mediante el cual una persona se reconoce a sí misma como un ser espiritual o siente una conexión profunda con algo trascendente, más allá de lo material. Sin embargo, si aplicamos esta lógica al caso de los animales, los conceptos de trascendencia y espiritualidad no son características que habitualmente se les atribuyan.
Tras esta explicación llegó mi turno de preguntar. Les pregunté si ellos estudiaban, y la respuesta fue afirmativa. También les pregunté si practicaban algún deporte, a lo que respondió afirmativamente la gran mayoría. Después les pregunté si realizaban actividades familiares, como participar en alguna comida, el cumpleaños de la abuela o algo similar. Una vez más, todos asintieron.
Pues bien, teniendo en cuenta todas esas actividades que realizan y que el día solo tiene 24 horas, les pregunté si con el poco tiempo que les queda también quedan con sus amigos. «Pues claro», o más bien «obvio», que es la respuesta por excelencia.
Y aquí vino mi gran pregunta: entonces, ¿en qué momento tendríais tiempo para vestiros y comportaros como animales?
La conclusión que ellos mismos sacaron fue clara: «Estos 'therians' no tienen nada mejor que hacer; podrían ponerse a estudiar o trabajar».
- María Rueda Núñez de Villavicencio es doctora en Psicología, y directora y profesora del Grado en Psicología de la Universidad CEU San Pablo