La doctora Abigail Gewitz, psicóloga clínica infantil
Abigail Gewitz, psicóloga clínica: «Debemos hablar de la guerra a los niños, pero sin dar detalles terribles»
La doctora Gewitz, especialista en psicología infantil y autora de Cuando el mundo se siente como un lugar aterrador, explica cómo hablar con los niños de conflictos como el de Irán o la guerra de Ucrania
La doctora Abigail Gewirtz es psicóloga clínica, catedrática titular de la facultad de Psicología de la Universidad de Arizona, y directora del Instituto Reach y del Centro para Familias Resilientes. Dos entidades desde las que investiga las intervenciones preventivas que más ayudan a aquellas familias afectadas por vivencias traumáticas.
Junto con su equipo de investigación, Gewitz desarrolla planes para los hogares que, por muy diversas circunstancias, atraviesan situaciones muy dolorosas. Incluidas familias de militares expuestas al despliegue de los padres en zonas de conflicto, u otras que han tenido que huir de sus países a causa de la guerra, la persecución o la violencia sociopolítica.
Fruto de sus investigaciones, la doctora Gewitz (que es también madre de cuatro hijos) ha escrito el libro When the world feels like a scary place (Cuando el mundo se siente como un lugar aterrador), aún no traducido al español y cuyo subtítulo es de lo más elocuente: Conversaciones esenciales para padres ansiosos y niños preocupados.
Ahora que la guerra de Irán y sus efectos en la economía mundial –y doméstica–, los peligros de un conflicto nuclear a gran escala, o la continuidad de la guerra en Ucrania corren entre los adultos y llegan a los oídos de los niños, esta especialista ha concedido una entrevista para el Greater Good Magazine de la Universidad de California, en Berckeley. Y en ella explica cómo abordar con los niños todos aquellos que miedos que pueden surgir –tanto entre los adultos como entre los menores– a causa de este escenario internacional cada vez más preocupante.
–Las noticias de niños y familias que sufren en todo el mundo pueden abrumarnos a los propios adultos. ¿Qué pueden hacer los padres para prepararse antes de hablar con sus hijos sobre este tipo de noticias angustiosas?
–Aunque los padres preferimos pensar que sabemos a qué noticias están expuestos nuestros hijos cuando van al colegio, en realidad no lo sabemos. Somos conscientes de que los niños tienen móviles cada vez más pronto, así que es bastante seguro que, ya sea en su teléfono o en el de un amigo, tu hijo esté viendo imágenes de guerra, hasta imágenes que no quieres que vea: personas que huyen de sus hogares, bombas que caen sobre hospitales, cosas horribles que suceden... Y lo que estamos viendo ahora está sucediendo en el contexto de dos años de una pandemia devastadora que ha matado a millones de personas en todo el mundo. Parece que no hay tregua. Así que, como padres, simplemente reconocer esta situación es un primer paso realmente importante. Porque hasta que no reconoces cuál es tu nivel de estrés emocional, y cómo te sientes, no podrás ayudar a nadie más. Por eso, animo a los padres a pensar e identificar lo que sienten y a considerar cómo pueden ayudarse a sí mismos a sentirte mejor: ¿Cómo te calmas? ¿Qué es lo que necesitas para ti, para tu pareja, con la ayuda de tu pareja, o de un amigo, cuando te sientes realmente estresado? Pues haz eso primero. Ponte tu propio chaleco salvavidas antes de ayudar a otros.
–Hecho eso, los padres pueden sentirse sin palabras cuando los niños les hacen preguntas difíciles, como «¿qué va a pasar con esos niños y sus familias?» o «¿eso me pasará a mí?». ¿Cómo se equilibra la tensión entre querer ser honestos sobre lo que está pasando y querer proteger a los hijos (pequeños y mayores) del sufrimiento en el mundo?
–Justo esa es la clave: la difícil tensión entre ser honestos, porque debemos hablar a los niños de la guerra, pero también evitar a tus hijos los detalles sangrientos, horribles, aterradores y espeluznantes.
El primer paso es lidiar con nuestras propias emociones antes de tener la conversación. Tu hijo de siete años podría decir: «He visto imágenes de niños con la ropa rasgada, huyendo y con sus casas destruidas. ¿Eso nos va a pasar a nosotros?». Es posible que, por un momento, te sientas abrumado por tus propias emociones acerca de lo horrible que es, e impulsado por tus sentimientos digas algo de lo que podrías arrepentirte, como «Es terrible, esto podría llevarnos a otra guerra mundial si nos descuidamos. ¿Quién sabe lo que va a pasar?». Pero ese tipo de respuesta puede asustar mucho a un niño pequeño, porque le transmite que su madre se siente impotente, aterrorizada y abrumada. Así que guarda esos pensamientos para ti. Ponlos a un lado y piensa en lo que quieres compartir con tus hijos. Ten una intención, en lugar de ser impulsivo emocionalmente.
Con un niño pequeño, es muy importante ayudarlo a comprender dónde está ocurriendo esta guerra (que no es en casa, ni en su país), así como explicarle lo que está sucediendo en términos simples, sin darle más información de la que necesita, de la que pueda entender o de la que quieres que tenga.
Con un niño pequeño, es muy importante ayudarlo a comprender dónde está ocurriendo esta guerra (que no es en casa, ni en su país), y explicarle lo que está sucediendo en términos simples, sin darle más información de la que necesita
Por supuesto, cada padre se rige por sus propios valores, y cada uno tiene que decidir qué quiere compartir. Pero con ese niño de siete años, por ejemplo, podrías decir: «Sí, está sucediendo una guerra. La guerra es algo malo porque algunas personas tienen que huir de sus hogares para mantenerse a salvo. Algunos de esos niños se parecen a ti, podrían tener la misma edad que tú, y eso debe dar mucho miedo. Esa guerra está ocurriendo muy, muy lejos de nosotros. Aquí, los adultos, personas como yo, tu papá, tu mamá, tu maestra, todos nosotros, estamos haciendo todo lo posible para mantenerte a salvo. Ese es nuestro trabajo. El trabajo de los adultos es mantener seguros a los niños».
Pero esta conversación debe ocurrir sólo después de que hayas tenido la oportunidad de escuchar lo que tu hijo piensa, sabe o ha escuchado, lo que le preocupa, e incluso dónde lo siente en su cuerpo, para que tengas la oportunidad de validar cómo se siente.
–Para los adolescentes que tienen acceso a las redes sociales, ¿cómo se habla de la amenaza de una guerra nuclear?
–Hay que empezar hablando de las propias redes sociales. En tiempos de guerra y amenazas, las redes sociales pueden ser una herramienta increíblemente valiosa para que las personas que no tienen acceso a noticias periódicas puedan comunicarse con los demás. Sin embargo, como todos sabemos, también pueden ser una fuente muy peligrosa de desinformación, y nuestros hijos son vulnerables a esa información errónea porque no saben qué es realidad y qué es ficción. Y a veces, nosotros tampoco. Así que es realmente importante que los padres de niños de todas las edades ayuden a sus hijos a comprender la diferencia entre hechos y rumores, para que siempre acudan a ellos para verificar los hechos.
En Cuando el mundo se siente como un lugar aterrador hablo de por qué no decirles a los niños: «Eso no es cierto». Porque es poco probable que los menores de cierta edad crean siempre a sus padres. En lugar de eso, es mejor ayudar a los niños a descubrir por sí mismos qué es real y qué no, preferiblemente juntos, como una actividad familiar: «Veamos si esto es real o no».
Tampoco recomiendo hablar de la guerra nuclear con niños pequeños porque es extremadamente difícil de entender. Es diferente con los hijos mayores. Un chico de 16 años, por ejemplo, ha aprendido la historia de las amenazas nucleares. Así que está bien recurrir a la historia y decir: «Suceden cosas peligrosas cuando un país invade a otro, pero, afortunadamente, hay mucha gente capacitada que comprende cómo negociar en situaciones de guerra. La probabilidad de una guerra nuclear es extremadamente pequeña. No hay una sola persona que quiera una guerra nuclear porque es horrible y la realidad es que lo que ves es gente haciendo todo lo posible para evitarla».
–¿A qué signos deben estar atentos los padres porque podrían indicar que sus hijos están angustiados por estas noticias?
–Lamentablemente, lo que sabemos es que en los últimos años, desde el comienzo de la pandemia, e incluso antes, la ansiedad y la depresión han ido en aumento en los niños. La pandemia ha sido particularmente dura para las familias. Así que es muy importante que los padres estén atentos a los signos de ansiedad y depresión en los niños.
¿Cuáles son las cosas que hay que buscar? Por ejemplo, si tus hijos no están durmiendo, entran en tu habitación por la noche o están hablando por teléfono toda la noche. Si parecen cada vez más preocupados. Si hablan mucho de temas existenciales como la guerra nuclear, o si vale la pena vivir la vida; si parecen estar más concentrados en pensamientos negativos, o atrapados en sus cabezas en la medida en que no están haciendo las cosas que deberían hacer, como los deberes, sus deportes o salir con amigos.
– ¿Y qué pueden hacer los padres?
–Si ves que tus hijos se preocupan cada vez más, no cierres la conversación. Sé un oído atento. A algunos padres les preocupa que cuando permiten que sus hijos hablen, estos se alteran y se perturban cada vez más. Para esos niños, es realmente importante ayudarlos a calmarse a sí mismos, validándolos y ofreciéndoles un descanso: «¿Por qué no lees tu libro favorito/miras un poco la televisión/tomas una bocanada de aire/paseas al perro/comes un bocadillo, y luego volvemos a esto y hablamos cuando nos sintamos un poco más tranquilos. ¿Digamos en media hora?».
Cuando los niños lloran mucho más que antes, eso podría ser motivo de preocupación. Ciertamente, cuando los síntomas duran un mes o más, es el momento de hablar con un profesional de la salud mental. Si tu hijo alguna vez dice que siente que quiere hacerse daño a sí mismo o que desearía no estar vivo, es una llamada urgente de ayuda de salud mental.
–¿Cuál sería el consejos más importante para los padres sobre la comunicación con sus hijos cuando el mundo se siente como un lugar aterrador?
–Diría que, simplemente, se comuniquen con sus hijos sobre cosas aburridas, comunes y cotidianas. Emplea diez minutos para tener una conversación con tu hijo todos los días sobre cualquier cosa. No tiene que ser una conversación cara a cara, intensa, uno a uno. Puede ser mientras paseas al perro, mientras estás en el coche, o alrededor de la mesa. Pero adquiere el hábito de tener conversaciones.
Yo tengo cuatro hijos. ¡Y recuerdo esos días en los que todo lo que podíamos hacer era sacar a todos de casa para ir al colegio, vestirnos y desayunar! Lo que es fácil de olvidar en la bruma de la crianza son las conversaciones que van más allá del «¡Date prisa! Llegamos tarde. ¡Ponte los zapatos!». Si podemos tomarnos algo de tiempo (sólo 10 minutos al día antes de acostarnos, en la cena, de camino a casa desde la escuela) para tener esas conversaciones, entonces será mucho más fácil hablar de otras cosas, como cuando el mundo se siente como un lugar aterrador.