La otorrinolaringóloga pediátrica Jennifer Cueva
Doctora Cueva: «Los padres deberían evitar ir con bebés a sitios ruidosos: conciertos, fuegos artificiales...»
Esta otorrinolaringóloga lamenta que las familias aún no tengan la misma prevención con el ruido que con la protección solar, porque «el oído de un niño no avisa antes de sufrir una lesión»
Llega el buen tiempo y, con él, la temporada de conciertos, festivales, ferias y verbenas. Escenarios en los que cada vez es más frecuente encontrar padres con niños, incluso muy pequeños, disfrutando de un bullicio y una música que en ocasiones puede poner en peligro la salud auditiva de los niños.
Esa es la advertencia que lanza la doctora Jennifer Cueva, otorrinolaringóloga pediátrica, que explica cómo «la prevención auditiva debería formar parte de la planificación familiar igual, que llevamos crema solar o agua» porque «el oído de un niño no avisa antes de lesionarse».
– Con la llegada del buen tiempo, muchas familias acuden con sus hijos a conciertos, festivales, o incluso carreras de motos o fuegos artificiales. ¿Somos realmente conscientes de lo que supone exponer a los niños a estos ambientes?
– Probablemente, todavía no somos plenamente conscientes. El ruido excesivo sigue estando bastante normalizado socialmente, especialmente en contextos festivos o de ocio. Sin embargo, desde el punto de vista médico sabemos que la exposición a sonidos intensos puede producir daño auditivo incluso desde edades muy tempranas.
Muchos eventos alcanzan niveles de ruido superiores a 100 decibelios –como conciertos, petardos, motos o fuegos artificiales–. Para ponerlo en contexto, por encima de 85 decibelios ya existe riesgo si la exposición es prolongada. En niños, además, el oído es más vulnerable porque el sistema auditivo aún está en desarrollo.
Así que, igual que ha ocurrido con el tabaco o la protección solar, probablemente necesitamos un cambio cultural: tenemos que entender que proteger la audición infantil no es exagerar, sino que es prevenir problemas que pueden ser irreversibles.
– Hay padres que piensan: «Total, es solo un rato». ¿Puede una exposición breve ser suficiente para provocar un problema auditivo?
– Sí, puede ocurrir. Hay sonidos muy intensos y bruscos, como petardos, explosiones o fuegos artificiales cercanos, que son capaces de producir un traumatismo acústico agudo incluso con una exposición muy breve.
No siempre hablamos de una pérdida auditiva permanente y grave, pero sí pueden aparecer síntomas como zumbidos, sensación de oído taponado o disminución temporal de la audición. Y en algunos casos, el daño puede dejar secuelas.
El problema es que el oído no «avisa» antes de lesionarse. Por eso no debemos guiarnos únicamente por la duración de la exposición, sino también por la intensidad del ruido.
– ¿Qué señales deberían alertar a los padres después de una exposición a mucho ruido?
– Hay varios síntomas que deben hacernos sospechar que el oído ha sufrido una agresión acústica. Los más frecuentes son los zumbidos o pitidos (acúfenos), la sensación de oído taponado, las molestias o el dolor, la dificultad para entender conversaciones o la necesidad de subir el volumen.
También puede aparecer hipersensibilidad a los sonidos. En niños pequeños, que todavía no saben explicar lo que sienten, pueden observarse signos como distracción o irritabilidad.
Si estos síntomas duran más de unas horas tras la exposición a ruidos fuertes, o aparecen de forma intensa o afectan solo a un oído, conviene consultar. Y, por supuesto, si hay pérdida auditiva evidente, mareo o dolor importante, esa valoración médica debe ser precoz. En otorrinolaringología insistimos en que algunas lesiones auditivas tienen mejor pronóstico si se tratan pronto.
– ¿Y qué medidas puede tomar una familia antes de ir a un evento ruidoso con niños: sirven los cascos protectores, importa la distancia al altavoz o al foco de ruido...?
– La verdad es que esas son medidas mucho más eficaces de lo que solemos pensar. Los cascos protectores infantiles homologados funcionan y están especialmente recomendados en conciertos, festivales, eventos deportivos o fuegos artificiales. En niños pequeños suelen ser más útiles y seguros que los tapones.
Los cascos protectores funcionan y están especialmente recomendados en conciertos, festivales, eventos deportivos o fuegos artificiales. En niños pequeños suelen ser más seguros que los tapones
La distancia también importa mucho. Duplicar la distancia respecto a un altavoz reduce de forma importante la intensidad sonora recibida, por lo que conviene evitar las primeras filas o situarse cerca de las fuentes de ruido.
Además, es recomendable que los padres hagan descansos en zonas tranquilas, limiten el tiempo de exposición, eviten eventos extremadamente ruidosos en niños muy pequeños, y recuerden que, incluso al aire libre, puede haber niveles peligrosos de ruido para el oído de un niño. La prevención auditiva debería formar parte de la planificación familiar igual que llevamos crema solar o agua.
– ¿Hay edades especialmente delicadas? ¿O directamente deberían los bebés y niños muy pequeños evitar determinados eventos, aunque sean al aire libre?
– Los bebés y los menores de 2-3 años son especialmente vulnerables porque su sistema auditivo está todavía madurando y, además, no pueden expresar síntomas como un zumbido o una pérdida auditiva.
En general, yo sí recomendaría evitar ir con bebés a eventos con picos intensos de ruido, como conciertos, discotecas al aire libre, carreras de motor o fuegos artificiales cercanos, incluso aunque sean en espacios abiertos.
– ¿Incluso al aire libre?
Sí, porque que sea al aire libre no garantiza la seguridad acústica y muchas veces el nivel sonoro sigue siendo muy elevado.
Además, no sólo hablamos de audición. Es que el ruido intenso, especialmente en los más pequeños, también puede alterar el sueño, aumentar el estrés o generar irritabilidad.