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El informe de Harvard destaca los tres aspectos que más influyen de los 0 a los 3 añosGetty Images / iStockphoto

Un estudio de Harvard desvela los factores, de los 0 a los 3 años, que más afectan a la salud adulta

Un reciente informe de la Universidad de Harvard reconoce que el desarrollo infantil empieza antes del nacimiento y señala los aspectos de la infancia que más inciden en el futuro.

El Center on the Developing Child de la Universidad de Harvard acaba de publicar el informe At a Glance: Why Early Matters, un documento breve y didáctico sobre la importancia que tiene el embarazo y la primera infancia para la salud y el desarrollo. de las personas.

El texto explica cómo el cerebro se construye con el tiempo, «desde abajo hacia arriba», en un proceso de desarrollo progresivo que, indica, empieza antes del nacimiento.

E identifica cómo las conexiones que se forman al inicio del desarrollo gestacional y continúan entre los 0 y los 3 años crean una base, fuerte o débil, para todas las conexiones posteriores. Algo que, según el estudio de Harvard, influye de manera perfectamente localizable en tres áreas concretas de la vida adulta: el aprendizaje, la conducta social y la salud física, psicológica y emocional.

En realidad, no se trata de una tesis completamente nueva, pero sí aporta nuevas evidencias no sólo de la importancia de los tres primeros años de vida, sino incluso de la propia vida humana en el vientre de la madre.

Interacciones «de ida y vuelta»

El estudio de Harvard destaca asimismo una de las claves más conocidas del desarrollo temprano: las llamadas «interacciones de ida y vuelta» entre el niño pequeño y un adulto que responde a sus señales.

Se trata de los gestos cotidiano –mirar, contestar, sonreír, hablar, consolar, esperar, repetir...– que sirven de base para las primeras habilidades sociales y de lenguaje, y a partir de las cuales el niño construirá después las capacidades cognitivas más complejas.

Dicho de otro modo: un bebé no requiere de una estimulación artificial constante, sino que, tal y como apunta el informe, basta la presencia afectiva de los padres para que pueda desarrollar una arquitectura biológica sana, que influirá a lo largo de toda su vida.

Una cuestión de salud pública

El informe recuerda, además, que las primeras experiencias no afectan sólo al cerebro. También influyen en sistemas biológicos conectados entre sí, como el sistema inmune, metabólico y cardiovascular. Por eso, el paper de Harvard insiste en que los primeros tres años de vida no deben ser tenidos en cuenta sólo como «una etapa educativa», sino también como una «cuestión de salud pública».

En concreto, detalla cómo muchas enfermedades crónicas de la vida adulta, que implican un alto coste económico tanto a los individuos como a las administraciones –incluidas, entre otras, diabetes, demencia, diferentes tipos de cáncer y depresión– tienen raíces en ciertas experiencias y exposiciones tempranas, desde el embarazo hasta, al menos, los tres años.

La importancia del embarazo

Según detalla el informe de Harvard, la sensibilidad de los sistemas biológicos en desarrollo suele ser mayor durante el periodo prenatal, cuando el cerebro, el corazón, los pulmones y el sistema inmune se están formando rápidamente, y va disminuyendo a lo largo de la infancia.

Eso significa que las exposiciones tempranas al entorno –desde la temperatura hasta las sustancias tóxicas o las relaciones personales– pueden tener efectos «de alto impacto» en la salud infantil y adulta.

Además, el informe señala que esa sensibilidad puede jugar tanto a favor como en contra de la persona. O lo que es lo mismo, que si las experiencias negativas pueden hacer más daño en los primeros años de vida e incluso durante el embarazo, proteger a los niños durante ese tiempo puede producir beneficios importantes tanto en el momento como más adelante.

Protección a la maternidad

A la luz de los datos, el informe de Harvard propone una serie de medias para garantizar el bienestar infantil.

E incluye el apoyo específico a los padres y cuidadores, con permisos parentales remunerados y ayudas económicas que reduzcan el estrés familiar; mejoras en la calidad del aire interior y del agua en escuelas infantiles, colegios, campamentos y lugares de trabajo; la promoción de viviendas seguras y estables; y la ampliación del acceso a la atención sanitaria durante el embarazo, especialmente en zonas rurales.