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La adicción y el consumo de pornografía termina por matar el amor, alerta José María ContrerasGetty Images / iStock

Consultorio Familiar

«Mi pareja me ha sorprendido viendo pornografía. ¿Cómo puede afectar a mi matrimonio?»

El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre el impacto del porno en el matrimonio.

Mi pareja me ha sorprendido viendo pornografía. Antes no lo tenía comprobado, y casi podría decirle que ambos dábamos por hecho que eso podía estar pasando porque «lo hace todo el mundo». Pero reconozco que los dos teníamos la idea de que era mejor que no pasara. Ahora, su comportamiento hacia mí, sobre todo en la intimidad, ha cambiado. ¿Me puede decir qué consecuencias tiene en un matrimonio que uno de los dos vea pornografía, si no le parece tan malo?

Es un tema complejo. Pero yo creo que usted y su pareja deberían hablarlo y, sobre todo, saber que realmente la adicción a la pornografía, e incluso su consumo no adictivo, mata el amor.

No es su caso, pero las personas que tienen un noviazgo con una persona que está adicta a la pornografía, lo mejor que pueden hacer es dejarlo. Hay que ser realistas y no van a conseguir que se pierda esa adicción a no ser que la otra persona se ponga en manos de un profesional para iniciar un proceso que le lleve a perder ese hábito. Luego tendrían que comprobar si ha sido efectivo y verificar que ha perdido esa adicción o ese consumo problemático.

No sé si en su caso existe, o no, una adicción real, o un consumo ocasional que también es dañino.

Pero mejor que cualquier cosa que yo le pueda decir, creo que lo mejor es que lea los testimonios de cómo se sienten las parejas de quienes ven pornografía. Y también cómo se ven a sí mismas esas personas. No son exhaustivos, lógicamente, pero dan una idea.

Aunque no se diga o se quiera mirar para otro lado durante un tiempo, le garantizo que de forma directa o indirecta, rompe relaciones de manera habitual.

Y, de verdad: tómeselo en serio. Hay que ser muy cuidadosos con este tema, porque aunque no se diga o se quiera mirar para otro lado durante un tiempo, le garantizo que de forma directa o indirecta, rompe relaciones de manera habitual.

Varios los he recogido de la plataforma Dale una Vuelta, que le recomiendo visite, porque se dedica a este problema.

Ahí van:

– «Me siento sola y rechazada. Mi autoestima se ha hecho añicos. Soy una mujer rota».

– «Muchos decían que yo tenía el problema (por no aceptar que mi pareja viese porno). Ninguna persona expresó simpatía por mí o cómo me he sentido».

– «Me ha robado mi paz, mi salud, mi autoestima, mi felicidad y mi capacidad de confiar».

– «Cuando se dice que 'la pornografía mata el amor', es en serio. Mata a las mujeres. Viola mujeres. Destruye a las mujeres. Está destruyendo la vida y la mente de generaciones enteras. Lleva a la depresión, ansiedad y pensamientos y comportamientos suicidas. La pornografía mató mi matrimonio. Mató mi confianza. Destruyó mi sentido de identidad y la comprensión de la verdadera intimidad».

– «Necesitamos más educación sobre los efectos nocivos de la pornografía. La pornografía representa el control y la dominancia, generalmente por parte de un hombre».

– «Es importante tomar medidas contra esta industria dañina antes de que perjudique a más mujeres. La pornografía es violencia contra la mujer. Las mujeres son las más afectadas por los efectos nocivos de la pornografía. No se trata de amor, sino de dominancia, control y violencia contra la mujer».

– «¿Cómo podría amarme a mí misma cuando ningún hombre me amaría de verdad, porque nunca podría darles lo que ven en la pornografía?».

– «Mi cuerpo se sentía usado y sucio. Anhelaba la intimidad, pero yo era como un objeto para que él se estimulara».

– «Pensé que podría ser su salvador. Pensé que nuestro amor podría ser la fuerza que lo cambiaría y lo devolvería a una sexualidad saludable».

– «Debido a que trataba de satisfacer su alto nivel de deseo sexual, perdí la conexión con mis propias necesidades y no pude comunicárselas».

– «Lo peor fue que me culpé a mí misma. A menudo me encontraba pensando que había algo malo en mí o en mi cuerpo. Me puso ansiosa».

– «¿Qué quiero del sexo? Quiero que sea sin presión. Solo para ser amado y saber que seguiré siendo amado incluso si no tengo ganas de tener relaciones sexuales por un tiempo. Sentir que está bien decir no a complacer a mi pareja si no tengo ganas, para que cuando las tenga, sea auténtico y venga de mi deseo y no de que me rueguen o me manipulen».

– «El peor insulto es cómo estas mentiras estaban destinadas a mantenerme en un estado constante de preocupación, disgusto por uno mismo, depresión e ira… Todo para que él pudiera proteger y continuar con su pareja sexual preferida».

– «Pasé por lo que la mayoría de las mujeres probablemente viven cuando descubren el secreto de su pareja. Lloré, rogué, grité, fui a terapia e insistí en que él también fuera».

– «Sufrimos de baja autoestima, repudiamos nuestros cuerpos, nos sentimos incomprendidas, solas, rechazadas y utilizadas».

– «Anhelamos la igualdad, ser tratadas con respeto y que se tome en cuenta nuestra dignidad».

Y esto es lo que dicen de sus parejas adictas:

– «El hombre que una vez conocí, que se preocupaba profundamente por mí y por nuestra intimidad y el bienestar emocional de nuestra relación, se desvaneció y se convirtió en otro hombre: uno que mintió, engañó, fue hostil y rompió promesas».

– «Él no podía dormir porque, cuando cerraba los ojos, la pornografía se reproducía en su mente. Nunca estará libre de su comportamiento compulsivo porque ha visto miles de videos porno y todos están en su memoria».

– «Los hombres que miran porno y tienen gusto por la violencia sexual, nos tratan como si no fuéramos importantes».

– «Nos ven a las mujeres como objetos para desear y usar para su gratificación».

– «Simplemente mentiría al respecto y luego sería descubierto. Realmente no creo que yo le importara mucho en absoluto; no se tomó muchas molestias para evitar ser atrapado. No creo que lo viera como un problema real para él o para mí».

– «Su desprecio por los sentimientos de su mujer es una expresión de crueldad psicológica».

Si quiere salvar su matrimonio, tómeselo en serio y deje de consumir pornografía. Y si no puede, pida ayuda a un profesional de su confianza, como los de Dale una Vuelta. La pornografía no es ningún juego, y como en el tabaco, no hay una «cantidad mínima saludable».

José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com