Rocío Ramo-Paúl, sobre los padres FAFO
¿Eres un padre FAFO? La «nueva» tendencia educativa que explica Rocío Ramos-Paúl, 'Supernanny'
Rocío Ramos-Paúl explica qué hay detrás de los «padres FAFO», una corriente educativa que surge como respuesta a la sobreprotección, pero que también puede caer en excesos.
Como uno de tantos «pendulazos» que suelen darse en la sociedad, tras años escuchando hablar de los problemas que entraña la sobreprotección de los adultos que intentan proteger a los niños de toda frustración, cada vez son más las familias que se dejan arrastras por el polo casi opuesto: los padres FAFO.
Las siglas vienen del inglés «fuck around and find out», que podría traducirse algo así como «tú haz el tonto y ya verás lo que te pasa», o, de forma más suave «prueba tú mismo y descubre qué ocurre».
Aplicado a la educación y crianza, viene a significar dejar que el hijo experimente las consecuencias de sus actos, aunque de un modo un poco drástico. Lo que en castellano de toda la vida sería algo así como «aprender a las bravas». ¿Hace frío y el niño dice que no quiere llevar abrigo? Pues que no lo lleve, y que se constipe. ¿No quiere usar los zapatos nuevos aunque los otros ya le vienen pequeños? Que lleve los viejos, y le hagan rozaduras.
Reacción frente a la sobreprotección
Rocío Ramos-Paúl, psicóloga y conocida popularmente como Supernanny, ha explicado esta tendencia en un reciente video compartido en sus redes sociales. Y su diagnóstico es muy claro: «FAFO significa 'prueba y descubre qué pasa', y es como una nueva corriente, que en realidad de nuevo tiene poco», señala. Así, según explica, esta tendencia surge como «reacción a todo el tema de la sobreprotección» y propone que el niño «aprenda a través de las consecuencias de sus actos».
La cuestión, advierte Ramos-Paúl, es que tan malo puede ser tratar de evitarle cualquier sufrimiento al niño, como dejarle solo ante consecuencias para las que, muy probablemente, aún no está preparado.
Y, aludiendo al ejemplo del frío y el abrigo, recuerda que los padres tienen que apostar «por el equilibrio» porque «si un niño tiene 4 años y se coge una pulmonía por no ponerse el abrigo, la hemos liado».
Por eso, señala que, si bien algunas consecuencias de los actos infantiles son proporcionadas y pueden ayudarle a madurar; otras son desproporcionadas para la edad, la capacidad de decisión o el riesgo objetivo que corren. De ahí que insista en que los adultos deben tener en cuenta criterios como «la edad, la madurez, la capacidad de tomar decisiones, etc».
Miedo adulto a poner límites
El fondo del debate, explica Supernanny, es la dificultad actual de muchos padres para poner límites sin sentirse autoritarios.
Porque, como recuerda la psicóloga, a muchos adultos «sentirnos autoritarios de alguna manera nos genera cierta ansiedad» y para evitar sentirse como «padres duros» terminan por, o anular toda capacidad de decisión del niño, o evadirse de sus propias responsabilidades, dejando que el peso de la decisión recaiga sobre el niño.
«Estamos descubriendo –advierte Ramos-Paúl– que sin límites, lo que hacemos es generar niños con muchos problemas a nivel de gestión emocional».
Padres FAFO, padres negligentes
Ella misma pone un ejemplo muy cotidiano: después de cenar, toca lavarse los dientes y el niño dice que no. ¿Qué hacer? Esperar a que la consecuencia natural llegue –caries, dolores y visita al dentista– sería absurdo.
Por eso, lo mejor es que los padres sean los que establezcan las consecuencias, a la vez que acompañan al niño: «Vamos los dos a lavarnos los dientes y después de lavarnos los dientes te acompaño a tu habitación y te leo un cuento». Así, explica, es más probable que el niño asocie el hábito con algo positivo y no sólo con una obligación molesta.
Y concluye recordando que el equilibrio entre protección y consecuencias consta de cuatro aspectos esenciales: «Poner el límite, poner la consecuencia, permitir que sufra consecuencias y las resuelva… pero siempre acompañarlo». Porque, si no, señala sin paños calientes, «nos convertiríamos en padres negligentes».