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Howard Gardner, el padre de la teoría de la Inteligencias Múltiples

Howard Gardner, el padre de la teoría de la Inteligencias Múltiplesmultipleintelligencesoasis.org

La Familia en una Frase:

Howard Gardner, psicólogo: «Quiero que mis hijos comprendan el mundo para que lo conviertan en un lugar mejor»

El padre de la Teoría de las Inteligencias Múltiples explicó que, más que destacar en el ámbito académico, el verdadero éxito consiste en comprender el entorno lo suficiente como para sentirse responsables de mejorarlo.

¿Qué quiere realmente un padre para sus hijos? Algunos dirán que una carrera con futuro, otros que un trabajo estable; los más, formar una familia feliz; tal vez autonomía económica, o quizás, y especialmente en estos días, un piso asequible en el que poder construir un hogar.

Howard Gardner, uno de los psicólogos que más ha influido en la educación internacional de las últimas décadas a través de su teoría de las Inteligencias Múltiples, respondió a esa pregunta de una manera, digamos, bastante peculiar.

«Quiero que mis hijos comprendan el mundo, pero no sólo porque el mundo sea fascinante y la mente humana sea curiosa. Quiero que lo comprendan para que estén en condiciones de convertirlo en un lugar mejor», afirmó.

Y no hablaba en abstracto, no: Gardner se refería exactamente a sus propios hijos y, al hacerlo, planteaba una de las preguntas centrales de la educación: para qué sirve todo lo que enseñamos a un niño.

El padre de las Inteligencias Múltiples

La reflexión aparece en «Multiple Approaches to Understanding», un texto incluido en su celebérrima obra La inteligencia reformulada: las Inteligencias Múltiples para el siglo XXI, publicada por primera vez en 1999.

Y Gardner continúa inmediatamente con una precisión: «El conocimiento no es lo mismo que la moralidad», aunque necesitamos comprender para «evitar los errores del pasado y avanzar en direcciones productivas». Y añade: «Una parte importante de esa comprensión consiste en saber quiénes somos y qué podemos hacer».

El niño protegido que acabó estudiando a los niños

Gardner nació en 1943 en Scranton, Pensilvania. Sus padres, Hilde y Ralph, eran judíos alemanes que huyeron de Europa ante el avance del nazismo y lograron instalarse en Estados Unidos en 1938.

La familia sufrió después la muerte accidental de su primogénito, Erich, experiencia que hizo que sus padres fueran especialmente protectores con Howard. Él mismo ha contado que ni siquiera aprendió a montar en bicicleta hasta llegar a la universidad.

Su propia vida familiar quedó también unida a la psicología. En 1966 se casó con la psicóloga Judy Krieger y, durante la luna de miel, viajaron a Ginebra para conocer a Jean Piaget. Tuvieron tres hijos: Kerith, Jay y Andrew. Sin embargo, en 1980 terminarían divorciándose.

Dos años más tarde, Gardner volvió a casarse con la psicóloga Ellen Winner, a quien había conoció en Project Zero –un prestigioso proyecto de investigación de Harvard y con quien, en 1985, tuvo su cuarto hijo, Benjamin.

Inteligencia y moralidad, de la mano

Gardner desarrolló su teoría de las inteligencias múltiples después de trabajar simultáneamente con niños en Project Zero y con pacientes que habían sufrido lesiones cerebrales.

Observó que algunos podían perder el lenguaje y conservar extraordinarias capacidades musicales; entre los niños encontraba también perfiles muy distintos: unos destacaban escribiendo, otros dibujando, bailando o resolviendo problemas. Aquello le llevó a cuestionar que la inteligencia pudiera reducirse a una única capacidad medida por un cociente.

En 1983 formuló su famosa teoría de las inteligencias múltiples, aunque, con los años, fue desplazando la pregunta desde «¿cómo de inteligente es una persona?» hacia «¿para qué utiliza su inteligencia?».

De hecho, el propio Gardner –que recibió en 2011 el Premio Príncipe de Asturias– ha reconocido que su trayectoria ha pasado de la psicología a la educación y, finalmente, a la ética, para encontrar cómo la inteligencia y la moralidad pueden unirse para formar «el tipo de personas que admiramos, y la sociedad en la que nos gustaría vivir».

Lo que queremos para nuestros hijos

Es en ese contexto en el que cobra verdadero sentido la frase sobre sus hijos. Porque uno de los más reputados psicólogos de nuestro tiempo no dice que quiera que sus hijos saquen mejores notas o consigan grandes títulos o un trabajo mejor remunerado, sino que comprendan el mundo.

Y, más aún, llega a afirmar que comprender tampoco basta: «En último término, debemos sintetizar nuestras comprensiones por nosotros mismos», escribe, porque los aprendizajes que realmente importan son aquellos que llevamos a la práctica «como seres humanos en un mundo imperfecto, sobre el que podemos influir para bien o para mal». Y al hablar como padre, expone hasta qué punto lo verdaderamente decisivo no son tanto los logros académicos, cuanto la capacidad de transmitir, con el ejemplo de una vida coherente (aunque imperfecta) que es posible distinguir el bien del mal, rechazando lo segundo para abrazar lo primero (aunque cueste).

Y si bien Howard Gardner, que el pasado mes de julio ha cumplido ya los 83 años, ha dedicado su vida a demostrar que existen muchas maneras de ser inteligente, esta cita añade algo todavía más importante: que ninguna de ellas garantiza por sí sola el pleno desarrollo humano tanto como ponerlas al servicio del bien común.

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