«¿Quién ha dicho que congelar óvulos y embriones no es peligroso?», alerta una médico de familia
Un reciente estudio publicado en septiembre de 2026 se suma a las voces de alarma sobre los efectos negativos de la congelación de óvulos y embriones para «preservar la fertilidad», como denuncia la doctora Ondina Vélez, experta en familia.
Una científica, junto a un tanque de criopreservación de óvulos
Mucho se ha hablado del famoso techo de cristal que tenemos las mujeres para llegar a puestos de responsabilidad en los trabajos. Sin embargo, no se habla del techo de cristal para tener hijos.
Cada vez parece más difícil llegar a las condiciones razonables para ser madres, y los hombres para ser padres, y se presentan la maternidad y la paternidad como una perdida de opciones personales y profesionales.
Estas son, entre otras, las razones que hacen que cada vez se posponga más la maternidad, hasta un momento vital en el que, aunque queramos, la propia naturaleza ya ha dejado de ser fértil.
El INE ha publicado recientemente un avance de los datos de la Encuesta de Fecundidad del año 2025. Y el dato es que el 34,8% de las mujeres de nuestro país afirmó tener menos hijos de los que quería.
Se trata de un porcentaje que se mantiene respecto a la encuesta previa del año 2018.
Las razones alegadas por aquellas mujeres que deseaban tener más hijos de los que habían tenido fueron laborales, de conciliación y económicas.
Es curioso, pero mi experiencia como médico de familia es que, si bien muchas personas en algún momento refieren añoranza de los hijos que no se animaron a tener, no he encontrado todavía a nadie que se haya arrepentido de tener los hijos que ya tiene, aunque hayan pasado momentos muy complicados o incluso de estrecheces.
Por eso estoy convencida de que hay que hablar con claridad de ese «techo de cristal» que se ha impuesto sutilmente a las mujeres y a los hombres para ser madres y padres. En realidad, cuando pasan los años, uno se da cuenta de que ha quedado atrapado en una mentira y ya no puede salir de ella.
Ejemplo de esto es la oferta hecha ya en el año 2014 por empresas como Facebook y Apple, y más tarde Google, Amazon, Netflix, y una lista interminable de grandes empresas, de cubrir el gasto de congelación de óvulos para los llamados «tratamientos de preservación de la fertilidad». En España, los últimos en subirse a ese carro han sido la Federación Española de Fútbol Profesional, que ha propuesto a las jugadoras profesionales congelar sus óvulos para que los hijos no interfiriesen en su carrera deportiva.
El fenómeno ha crecido tanto internacionalmente que en Estados Unidos, la proporción de grandes empresas (compañías con más de 20.000 empleados) que cubrían la congelación no médica de óvulos ha pasado de casi el 6% en 2015, a un 19% en 2020.
Pero hay que llamar la atención sobre una cuestión relevante. El propio término de «tratamientos de preservación de la fertilidad» es en sí mismo engañoso. Primero, porque no se está tratando nada, más bien todo lo contrario: se ha convertido sutilmente casi en una enfermedad la fertilidad natural de esa mujer.
Además, no se «preserva la fertilidad», que decaerá de forma natural por la evolución de la biología femenina. Lo único que ocurre es que se le extraen sus óvulos a una mujer para dejarlos congelados, prometiéndole que más adelante no tendrá ningún problema para ser madre cuando quiera.
El propio término es engañoso: no se está tratando nada, sino que se convierte la fertilidad en una enfermedad; y no se preserva la fertilidad, que decaerá de forma natural por la evolución de la biología.
La pregunta que debemos hacernos es: ¿Por qué se ha dado por supuesto que no existe ningún riesgo en la congelación de óvulos y embriones? ¿Se pretende afirmar que tanto para el desarrollo fisiológico, como para la propia salud mental de la persona y las relaciones familiares será lo mismo empezar a existir en el interior de una madre tras un acto de amor, que empezar a existir en un laboratorio, y pasar congelado largas temporadas, incluso años?
Porque eso es lo que les ocurre a los embriones congelados, si es que tienen la suerte de ver la luz, ya que la mayoría se quedan en ese estado de «criopreservación», olvidados de todos, a la espera de alguna decisión sobre ellos. Actualmente, la cifra de embriones congelados en España es de 916.190 embriones, según el Registro Nacional de Actividad en Reproducción Humana Asistida.
Cada vez hay más estudios acerca del mayor riesgo relativo de determinadas patologías, como cáncer, enfermedades cardiovasculares o de salud mental en los niños nacidos tras un tiempo de congelación en su etapa de embriones. Estudios, por ejemplo, como el publicado en septiembre de 2026 por Crafa en la revista Journal of Assisted Reproduction and Genetics.
¿Será lo mismo empezar a existir en el interior de una madre tras un acto de amor, que empezar a existir en un laboratorio, y pasar congelado incluso años?
¿Quién había dicho que no había ningún riesgo en congelar óvulos o embriones, para retrasar la maternidad? Creo que hay romper este techo de cristal y hablar del engaño de dejar para más tarde los hijos que uno está llamado a tener.
Hoy se habla mucho más de la importancia del desarrollo personal y profesional. Sin embargo, no se quiere hablar de las mujeres que libremente deciden disminuir su ritmo de trabajo profesional para cuidar y disfrutar no sólo de sus hijos, sino de su vida con su familia de una forma más plena.
Me refiero a muchas mujeres que llegados a los treintaytantos deciden parar un poquito la vorágine profesional y dedicarse más a su familia, y a ellas mismas, aunque les suponga una pérdida de salario y de, aparentemente, opciones profesionales.
A muchas otras, sin embargo, su situación profesional y /o familiar no les permite ese lujo de poder parar un poco y vivir más a fondo la vida, cuidando de su familia y de ellas mismas, aunque lo desean. Porque lo cierto es que trabajar a tope y cuidar niños pequeños es una ardua tarea aunque haya una colaboración importante de los padres.
Por tantas circunstancias que veo a mi alrededor, como profesora y como médico de familia, veo cada vez más urgente y necesario hablar de que ser madre y padre, aunque tenga momentos de dificultad, vale mucho la pena.
Y también de que deberían aumentar no sólo las ayudas a las familias, sino también la conciencia social de que la congelación de óvulos y embriones entraña unos enormes riesgos para la persona, tanto en su desarrollo físico como en el impacto en la salud mental de adulto.
Cada niño que es concebido es un bien con enorme dignidad, no un producto que pueda ser congelado y descongelado.
* Ondina Vélez Fraga es médico de familia, madre de familia numerosa, profesora de la Universidad CEU San Pablo y secretaria académica del Instituto CEU de Estudios de la Familia.