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La lupa de la familiaCarmen Fernández de la CigoñaInstituto CEU de Estudios de la Familia

La inquietante escena de la película Wall-E que nos advertía hace 20 años del riesgo de la IA

«Lo que me preocupa de la IA no son sus inmensas posibilidades, las facilidades que aporta, el tiempo que ganas o reduces… Lo que me preocupa es que nos deshumanice y nos haga peligrosamente mucho más tontos», alerta Carmen Fernández de la Cigoña, directora del Instituto CEU de Estudios de la Familia.

Un fotograma de Wall-EPixar

Los que ya tenemos una edad en la que no hay hijos pequeños y esperas con ilusión el momento en que habrá nietos, percibimos el tiempo de una manera distinta. Entiendo que es ley de vida. El tiempo no pasa igual cuando eres niño, cuando estás estudiando, cuando comienzas o estás cerca de acabar tu vida profesional, y más adelante.

Pero no es solo una cuestión de edad. Objetivamente el tiempo pasa ahora mucho más rápido, porque los cambios y los avances se producen continuamente y cambian, de manera vertiginosa, el escenario en el que se desarrolla nuestra vida. El contexto social, cultural, político y legal.

No podemos decir que la IA sea algo del pasado, pero desde luego ya no es una novedad. Y prácticamente se desarrolló ayer. Sigue estando presente el uso que debemos darle, el que sea un instrumento adecuado, que sirva al hombre y a la Humanidad. Hay que volver a leer a León XIV y la Magnifica Humanitas.

En educación nos cambia el paso. Y no me refiero solo a lo que hagamos en las aulas, si no en un sentido amplio a la educación, que empieza por lo que hacemos y transmitimos en casa.

Porque lo que a mí me preocupa de la IA no son sus inmensas posibilidades, las facilidades que aporta, el tiempo que ganas o reduces… Lo que me preocupa es que nos deshumanice y nos haga peligrosamente mucho más tontos.

No es cierto que el trabajo que presentas como propio, pero que ha hecho enteramente la IA, lo hayas hecho tú. Lo cual no significa que no sea una magnífica herramienta.

Me comentaban de unos colegios en los que no enseñan el algoritmo –la forma básica de las operaciones matemáticas–, en los ciclos de Primaria. Se enseñan trucos y estrategias. Lo cual hace que no puedan operar con números de varias cifras. Pero es que ya hay calculadoras.

Ya hay internet.

Ya hay IA.

Pero a mí me parece fundamental saber hacer las cosas, cuando menos las más básicas, aunque luego no tengas que hacerlas. Me parece que es necesario saber argumentar y dar razón de las cosas, aunque a lo mejor no estés en la situación de tener que argumentarlas. Me parece que hay que aprender y aprehender.

En clase voy modificando mis referencias literarias y filmográficas a los alumnos, porque incluso en cine, desconocen mis clásicos. Eso me lleva a pensar en referencias que ellos sí conozcan, advirtiéndoles de que la rapidez de los tiempos no les exime de conocer los referentes culturales universales.

Así he llegado a Wall-E, que vi con mis hijos como película infantil hace casi 20 años y que hoy veo con otros ojos, a pesar de que no deja de ser una «película para niños».

Con esos ojos descubro, de nuevo, la profundidad de la película infantil. Más allá de que el robot desarrolle sentimientos que son especifica y exclusivamente humanos (el cuidado, la empatía, el amor) o que el robot femenino se llame Eva. Más allá de la responsabilidad de cada uno en el cuidado de lo que nos es propio (como personas y como humanidad), cosa que debemos inculcar a nuestros hijos.

Me quedo en este momento con la situación en la que se encuentra lo que queda de la humanidad, que ha perdido su capacidad de hacer cosas, porque las máquinas lo hacen todo, es mucho más cómodo, más eficiente y rápido. Y ha llegado un momento en que apenas saben andar, cuánto menos realizar acciones complejas y libres.

No es que yo crea que ese es el futuro de la humanidad. Pero de lo que sí estoy convencida es de que hay que enseñar a nuestros hijos (y tenemos que saber nosotros) que hay que aprender y aprehender. Ayer, hoy y mañana. Utilizando todas las herramientas que estén a nuestro alcance.

Pero hay que aprender. Porque si no, seremos tontos, y los tontos son mucho menos libres.

* Carmen Fernández de la Cigoña es Directora del Instituto CEU de Estudios de la Familia.