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Las adicciones entre adolescentes son más comunes de lo que las familias piensanGetty Images / iStockphoto

Seis pistas para saber si tu hijo adolescente está sufriendo una adicción

Una bajada de notas, cambios de amistades, mentiras reiteradas o problemas con el dinero pueden ser señales de alerta

«Está en una edad complicada», «son cosas de jóvenes», «ya se le pasará»... son algunas de las explicaciones con las que muchas familias intentan interpretar determinados cambios de comportamiento durante la adolescencia.

El problema surge cuando esas transformaciones dejan de responder únicamente a una etapa vital transitoria (por muy convulsa que pueda llegar a ser) y empiezan a apuntar hacia algo tan serio como una adicción en adolescentes.

Distinguir una cosa de la otra no siempre es sencillo, sobre todo entre las prisas y el ajetreo de la vida cotidiana. Y, muy especialmente, cuando determinados consumos se han normalizado entre los más jóvenes: vapeo, alcohol, marihuana, pornografía, videojuegos de pago, apuestas...

Beatriz Roger y Luiso Soldevila, especialistas en adicciones e impulsores del proyecto Despierta, que trabaja en la recuperación de personas con problemas de adicción, identifican seis señales que pueden ayudar a las familias a detectar que algo está cambiando ,y valorar cuándo conviene buscar ayuda profesional.

1. Una bajada repentina en las notas

El primer indicio puede aparecer en el colegio o el instituto. Un deterioro repentino del rendimiento académico, acompañado de falta de interés por estudiar, absentismo o abandono de responsabilidades que antes se asumían con normalidad, puede merecer atención.

Obviamente, no es cuestión de convertir cualquier suspenso en una señal de alarma, pero sí conviene observar si existe un cambio claro respecto al comportamiento habitual del adolescente, que pueda indicar algún tipo de motivo no académico.

2. Cambia de amigos y empieza a ocultarlo

También conviene estar atentos cuando aparece un distanciamiento inesperado de las amistades habituales, especialmente si va acompañado de mayor secretismo sobre las nuevas compañías o sobre lo que hace cuando está fuera de casa.

Como explican ambos expertos, el cambio de amigos forma parte muchas veces de la adolescencia. Sin embargo, la señal más relevante surge cuando se combina con otras alteraciones y con una creciente dificultad para saber con quién está o qué actividades realiza.

3. Sueño, apetito o higiene empiezan a cambiar

Las adicciones pueden reflejarse también en el cuerpo y en las rutinas. Los cambios hormonales propios de la adolescencia pueden llegar a «camuflar» estos aspectos en un primer momento, pero terminan por salir a flote.

Alteraciones del sueño o del apetito, cansancio persistente, descuido de la higiene personal o cambios llamativos en el aspecto físico pueden indicar que algo está afectando al bienestar del joven.

4. Las mentiras dejan de ser la excepción

Otro indicador aparece cuando las contradicciones y las mentiras se convierten en una parte de la rutina de comunicación en casa. Cualquier adolescente puede tratar de ocultar algo a sus padres de forma ocasional, pero vivir instalado en un patrón de secretismo y falsedad es otra cosa.

Beatriz Roger y Luiso Soldevila aconsejan fijarse en «las explicaciones poco coherentes, las contradicciones frecuentes o los intentos de ocultar dónde se ha estado, con quién o cómo se ha pasado el tiempo».

5. Empieza a pedir dinero sin explicar para qué

Las peticiones frecuentes de dinero sin una razón clara, la desaparición de pequeñas cantidades en casa o gastos que el adolescente no consigue explicar con coherencia constituyen otra posible señal de adicción o conductas disruptivas.

De nuevo, por sí solas tampoco permiten concluir que exista una adicción. Pero cobran mayor importancia cuando aparecen junto a cambios en las amistades, mentiras recurrentes o deterioro académico, y también de forma proporcional a las cantidades sustraídas.

6. Ya no parece el mismo

Enfados inesperados, irritabilidad, agresividad, razonamientos poco habituales, excusas constantes o una tendencia a responsabilizar siempre a los demás pueden completar el cuadro. Obviamente, son reacciones propias de cualquier adolescente, pero cuando la confianza familiar se quiebra, el diálogo desaparece bajo una capa de mentiras y la agresividad se asienta en casa, lo más probable es que no se traten sólo de cambios hormonales propios de la pubertad.

También Roger y Soldevila recuerdan que pueden cambiar costumbres tan cotidianas como los horarios de comida, el cuidado de la habitación o rutinas que hasta entonces mantenía sin problemas.

Detectar una o varias de estas señales no permite diagnosticar por sí solo una adicción. Sin embargo, sí puede servir como punto de partida para hablar, y sobre todo, observar y pedir ayuda cuando los cambios se acumulan o se mantienen en el tiempo.

Y aunque una adicción puede llegar a preocupar mucho a los padres, ambos expertos recuerdan que el acompañamiento especializado puede ayudar a recuperar los buenos hábitos, las capacidades y relaciones dañadas por una adicción.