Mario Casas es mucho más que una cara bonita y un cuerpo musculado
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La faceta menos conocida de Mario Casas: carpintero, telefonista y protagonista de un anuncio de pizzas
El actor celebra este domingo su 36 cumpleaños consolidado como actor
Talentoso, atractivo y capaz de conseguir todo lo que se propone. Mario Casas está considerado uno de los actores más cotizados y deseados del cine español, una popularidad que, aunque ya le acompaña desde hace tiempo, se vio incrementada en el momento en el que el gallego se alzó con el Goya al Mejor Actor.
En un imparable momento profesional y, al parecer, también personal, Mario Casas celebra su 36 cumpleaños. Este domingo 12 de junio el protagonista de Tres metros sobre el cielo ha sumado una nueva vuelta a sol, que, de momento, se desconoce cómo está celebrando.
Como si los años no pasaran por él, el intérprete que dio vida a Aitor Carrasco en la mítica serie de Los hombres de Paco sigue luciendo un aspecto de lo más rejuvenecido que le ha permitido convertirse en el amor platónico de gran parte de las mujeres del país. A sus recién cumplidos 36 años, Casas sigue levantando pasiones a cada paso que da y causando sensación allá por donde va, pero lo cierto es que en todos estos años ya ha demostrado que es mucho más que una cara bonita y un cuerpo musculado, de ahí que haya pasado de estar encasillado en las comedias románticas y en las series juveniles a protagonizar títulos muy aplaudidos por expertos y cinéfilos.
Todos saben quien es, pero pocos conocen realmente todo lo que se esconde detrás de esa percha de chulito rompecorazones capaz de cumplir todos sus objetivos. Si hay algo por lo que se caracteriza Mario Casas es por ser muy amigo de sus amigos, y sobre todo una persona muy familiar. Él es el mayor de cinco hermanos y, aunque está muy unido a ellos, no les ve todo lo que le gustaría por la cantidad de compromisos que ocupan su apretada agenda.
El gallego trabajó como carpintero y telefonista
Aunque suene un poco raro, Mario lleva trabajando desde que era solo un niño. Desde pequeño sabía que lo suyo eran las cámaras, de ahí que decidiese ejercer como modelo infantil participando en un sinfín de anuncios y promociones. ¿El más destacado? El que hizo para Telepizza. Fue precisamente en una campaña para la marca cuando Mario tuvo la primera oportunidad de mostrar sus dotes interpretativas. Y vaya si lo hizo. Enseguida quiso dar el salto a la televisión trabajando como colaborador de la emblemática tertulia infantil de Crónicas Marcianas. Él intervino en calidad de niño ligón.
Aunque desde muy joven tuvo claro que su objetivo era ser actor, la vida de Mario estuvo precedida por trabajos que nada tenía que ver con el séptimo arte. Así, antes de convertirse en una estrella cinematográfica, el gallego trabajó como carpintero y telefonista, oficios que compaginó con sus clases de interpretación, con los castings y con las audiciones.
Otra de las curiosidades más destacadas de Mario es que, tal y como confesó en alguna entrevista, la adolescencia fue una etapa un tanto complicada para él, ya que, a su complejo de altura, se sumaba el de su delgadez. No obstante, con el tiempo terminó dando el estirón y, como solución a su mote de 'tirillas', acabó combinando dieta y gimnasio hasta llegar a convertirse en un hombre musculado y perfectamente definido.
Y es que, a pesar de que al actor siempre le acompaña un indudable atractivo, lo cierto es que en todos estos años ha sufrido importantes transformaciones físicas derivadas de sus compromisos profesionales. Tanto es así que, mientras que en Bajo la piel del lobo no le quedó más remedio que engordar 12 kilos para poder encarnar a un corpulento ermitaño, para su papel en El fotógrafo de Mauthausen tuvo que adelgazar nada más y nada menos que 22 kilos.
Además, la exigencia es una de las bases de su trabajo, hasta el punto de que el actor asiste a los rodajes acompañado de un coach personal que ha contratado para que le critique cuando no interpreta una escena todo lo bien que debería.