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Mario Vargas Llosa y Patricia Llosa, en una imagen de archivoGTRES

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La palabra con la que Patricia Llosa definía a Mario Vargas Llosa

La mujer del prolífico escritor solo utilizaba un calificativo cuando quería referirse a él

«Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida». Así comenzaba el difunto Mario Vargas Llosa su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en diciembre de 2010. Nadie mejor que él para saber que la lectura «convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era» el universo de la lectura, primero, y el de la escritura, después.

Quizás, esto explica, en parte, que Patricia Llosa utilizase una única palabra para definirle. A ella la conoció en París cuando él tenía 25 años y estaba casado con su tía –la famosa tía Julia de su novela–, ella tan solo 15 y ese universo de la literatura ya afloraba por cada rincón de su ser.

El romance comenzó cuando él se separó y poco les importó que fuesen primos hermanos. De alguna forma supieron cuando se vieron por primera vez que su azarosa relación sentimental duraría décadas. Estuvieron juntos más de 50 años, desde su juventud hasta la muerte del escritor, con un pequeño impasse de ocho años en los que este quedó encandilado de Isabel Preysler.

El autor de La ciudad y los perros optó por abandonar el hogar conyugal en Lima e instalarse en la casa de Puerta de Hierro en la que la socialité filipina lleva viviendo años. Sin embargo, en 2022, diferencias irreconciliables provocaron la ruptura, aunque la corte mediática siempre ha asegurado que fue por los celos infundados de él sobre la madre de Tamara Falcó. Decidió entonces volver bajo el ala de Patricia, que le acogió y le perdonó hasta pasar con él sus últimos momentos. «Esto es muy propio de él. Ya lo ha hecho más veces. Pero, al final, siempre regresa», dijo ella en su día.

Después de cinco décadas de convivencia, es lógico pensar que fuese precisamente Patricia Llosa la persona que mejor le conocía. De ahí, también, que tenga especial relevancia el calificativo que utilizó durante toda su vida para describirle: escritor. Esa persona que ha encontrado la manera más eficaz de «aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible en lo imposible», según sus propias palabras.

Él mismo lo contó en ese discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura titulado Elogio de la lectura y otorgado a pocos días de terminar el 2010 en Estocolmo. «Es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: 'Mario, para lo único que tú sirves es para escribir'», dijo.

Patricia Llosa y Mario Vargas Llosa en la gala de aceptación del Premio NobelGTRES

En sus cincuenta y tres minutos hablando ante la Academia Sueca, el autor también tuvo palabras de agradecimiento hacia su mujer. «El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir».

Sin ella, reconoció su vida se hubiera disuelto en un «torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo y Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia». Y continuó: «Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes y hace y deshace las maletas». Una auténtica declaración de amor que ella escuchó desde el patio de butacas de la Sala de Conciertos de Estocolmo.