Patricia Llosa, junto a su hijo mayor, Álvaro Vargas Llosa
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La vida de Patricia Llosa tras la muerte de Mario Vargas Llosa
La viuda del escritor empieza una nueva andadura en Lima junto a sus tres hijos Álvaro, Morgana y Gonzalo
El premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa fallecía el pasado 13 de abril de 2025 a consecuencia de una neumonía que hizo que su salud se resintiese y finalmente terminase con su vida. Eran sus tres hijos los que hacían pública la noticia en un comunicado y fueron ellos los que se encargaron en las horas y días siguientes en seguir sus instrucciones. El autor de La fiesta del chivo dejó por escrito que no deseaba ceremonias públicas, sino ser despedido de forma íntima y privada junto a amigos y familiares cercanos. «Sus restos, como era su voluntad, serán incinerados», explicaron.
Álvaro, Morgana y Gonzalo son ahora los grandes apoyos de Patricia Llosa, la que fuera mujer del peruano durante más de cincuenta años. Su idilio se interrumpió en 2015 durante los 8 años que el escritor pasó junto a Isabel Preysler. La relación terminó por los supuestos celos infundados de Vargas Llosa a la socialité. Poco después, Mario y Patricia reaparecieron en público en la ceremonia en la que él fue investido como miembro de la Academia Francesa. La ciudad que los había visto nacer como pareja, París, cuando él era un autor en ciernes y ella una estudiante recién llegada a la Ciudad de la Luz, fue testigo de esta suerte de reconciliación pública.
Para Mario Vargas Llosa, Patricia fue algo más que una esposa. Fue una editora oficiosa, administradora del caos y figura invisible tras el genio. Su fallecimiento supone para ella una pérdida inigualable en el sentido personal y llenará los huecos de su agenda rindiéndole emotivos homenajes. Su primera aparición pública fue apenas una semana después de la muerte de su marido. Acudió acompañada de dos de sus hijos, Gonzalo y Morgana, a visitar el buque escuela Juan Sebastián Elcano en el que permanece la Princesa Leonor desde enero de este año. La embarcación estuvo en el puerto peruano del Callao y la futura Reina aprovechó para trasladar personalmente el pésame de la Familia Real a su vida y sus hijos.
Sin embargo, no ha sido el único acto público al que ha acudido desde el fallecimiento del escritor. Poco después viajó junto a su primogénito, Álvaro, a la Feria del Libro de Buenos Aires, donde se presentaba el libro Vargas Llosa, su otra gran pasión, de Pedro Cateriano. Alrededor de un centenar de personas quisieron unirse a estos dos miembros de la familia para rendir homenaje al escritor de la mejor forma posible, a través de la literatura. El minuto de silencio dedicado al escritor fue tan emotivo como las palabras que le dedico su hijo mayor: «Él se batió por la causa de la libertad».
Mientras organizan otros homenajes, Patricia Llosa llora su pérdida en la imponente casa que compartía con él en Lima. Ubicada en el barrio del Barraco, conocido por su ambiente bohemio y su vida cultural, la vivienda ha ofrecido un refugio de tranquilidad para el matrimonio en sus últimos años. Tras décadas viviendo entre Madrid, París y otras capitales culturales del mundo, el Nobel de Literatura volvió definitivamente a Perú en 2023, el país que inspiró gran parte de sus novelas y donde comenzó su carrera literaria.
En esta etapa de su vida, eligió instalarse en una casona frente al mar, rodeado de los paisajes que tantas veces evocó en sus páginas. Barranco, con su aire costero y su tradición artística, fue el entorno ideal para un escritor que siempre ha estado profundamente ligado a la vida intelectual y política de su país. Allí, Vargas Llosa retomó una rutina sencilla: caminatas diarias por el malecón, lecturas matutinas, visitas de amigos cercanos y reflexiones sobre el devenir del Perú y del mundo.
Mario Vargas Llosa, en el despacho de su casa de Lima
En el corazón de esa casa se encuentra su despacho, un espacio íntimo y lleno de historia, donde convivían miles de libros, manuscritos y objetos personales que lo acompañaron a lo largo de su vida. Frente a una gran ventana con vista al Pacífico, Vargas Llosa continuaba escribiendo, incluso en sus años más recientes. Las imágenes compartidas por su hijo Álvaro revelan un lugar ordenado, pero cargado de vida, con paredes forradas de estanterías y una atmósfera de trabajo constante.