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Abascal se pasea en un Mini rojo con Meloni en Madrid: «De copiloto de una chica valiente que está cambiando el mundo»

Abascal se pasea en un Mini rojo con Meloni en Madrid

La historia detrás del Mini con más de 30 años que condujo Meloni en Madrid

El Mini clásico es uno de los grandes iconos del diseño europeo del siglo XX

El 3 de enero, un Mini clásico rojo recorrió las calles de Madrid con Giorgia Meloni, primera ministra de Italia, al volante y Santiago Abascal, presidente de Vox, como copiloto. Bastaron unos segundos de vídeo para que la escena se hiciera viral y para que aquel paseo informal se colara en el debate político del inicio de año.

El Mini clásico es uno de los grandes iconos del diseño europeo del siglo XX. Nació a finales de los años cincuenta para responder a una necesidad muy concreta (vehículos pequeños, eficientes y accesibles) y fue durante décadas el coche urbano por excelencia.

Meloni y Abascal en un mini

Meloni y Abascal en un mini

Por su apariencia, y matricula de España, el modelo corresponde a una versión de principios de los años noventa, ya con motor de inyección, una de las últimas etapas del Mini antes de que cesara su producción clásica en el año 2000. Se integra dentro de la familia conocida como Mini Classic, fabricada entre 1959 y 2000 bajo múltiples variantes. No existe confirmación oficial sobre la versión exacta, aunque por estética y época podría tratarse de una unidad similar a ediciones finales como el Mini Flame Red o modelos próximos al Mini Cooper RSP, la edición especial con la que Rover relanzó el Cooper a finales de los ochenta. En cualquier caso, se trata de un coche con más de treinta años, unos 74.000 kilómetros y un valor aproximado de 11.000 euros en el mercado de clásicos.

A ese aire retro se suma un detalle práctico: la etiqueta «H» de Vehículo Histórico, concedida por la Dirección General de Tráfico a los vehículos de más de 30 años. Este distintivo permite circular por Zonas de Bajas Emisiones y ofrece ventajas fiscales y una ITV más flexible.

No tardaron en aparecer, además, las lecturas políticas en redes sociales. Un comentario resumía ese tono irónico: «Mejor ir en un Mini que en un Peugeot… y no hablo de coches». La frase alude de forma indirecta a Pedro Sánchez y a la expresión «la banda del Peugeot», utilizada de manera sarcástica en el debate público. El origen está en el Peugeot 407 con el que Sánchez recorrió España durante las primarias del PSOE en 2017, convertido después en símbolo de su resistencia política. Años más tarde, ese coche volvió al relato mediático en el contexto de investigaciones como el caso Koldo, cuando se empezó a emplear esa etiqueta para referirse a su núcleo de confianza, con nombres como José Luis Ábalos, Santos Cerdán o Koldo García.

En cualquier caso, la relación entre Meloni y Abascal viene de lejos. Se conocen desde antes de que ella llegara al Palazzo Chigi. Abascal la invitó en 2021 al acto Viva, cuando la dirigente italiana aún era una figura controvertida en Europa, y desde entonces la sintonía política se ha mantenido, incluso después de que Vox y Fratelli d’Italia hayan acabado integrados en grupos distintos en la Eurocámara. Su cercanía volvió a quedar patente en diciembre de 2023, cuando coincidieron en el festival político Atreju, celebrado en Roma. Esa relación se evidenció también durante la reciente visita de Meloni a Madrid. Tras el paseo en coche por la capital, ambos compartieron una cena en el domicilio de Abascal. En una de las imágenes difundidas en redes sociales, la primera ministra italiana aparece sosteniendo en brazos a Hernán, el hijo pequeño del político, nacido en julio de 2024, mientras es el propio Abascal quien capta la escena con su teléfono móvil.

Queda la pregunta final: ¿le gusta el automovilismo a Giorgia? Sí ha mostrado un interés puntual y significativo. Su presencia en el Gran Premio de Italia en Monza, un escenario cargado de simbolismo nacional, y su defensa desde el Gobierno italiano del sector del automóvil frente a los planes europeos para prohibir los motores de combustión apuntan a una sensibilidad más ligada a la industria y a la identidad que a la afición deportiva.

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