Fundado en 1910

Orestes con hosteleros de Covarrubias

Así es el bonito pueblo del que Orestes, estrella de 'Pasapalabra', se ha convertido en embajador

Este verano, el popular rostro televisivo será distinguido con la Cereza de Oro 2025

Entre la piedra milenaria y el cerezo en flor, se alza Covarrubias, una villa castellana que no se visita: se descubre. Situada a apenas 40 kilómetros al sur de Burgos, esta joya medieval parece detenida en el tiempo. Y quien lo sabe bien es Orestes Barbero, el carismático concursante que ha hecho del conocimiento su firma personal. Este verano, el popular rostro televisivo será distinguido con la Cereza de Oro 2025, un homenaje concedido por el Centro de Iniciativas Turísticas de la localidad a quienes ayudan a proyectar su belleza.

El próximo 13 de julio, durante la tradicional Fiesta de la Cereza y de la Cuna de Castilla, Orestes dejará por un instante los platós y las definiciones enciclopédicas para recibir el tributo de un lugar con el que mantiene un vínculo íntimo. Nacido en Burgos, creció entre libros, palabras y tardes en Quintanilla del Coco, pero también entre escapadas dominicales a este enclave, donde la piedra caliza y los recuerdos familiares trazaron un territorio emocional.

Y no es difícil entender por qué. Con poco más de 500 habitantes, este rincón posee la rara cualidad de parecer suspendido en el tiempo. Sus calles empedradas, sus casonas medievales con entramado de madera y sus balcones floridos son postales vivas de una Castilla que aún se respira con calma y se escucha con el eco de los siglos. Declarado uno de los pueblos más bonitos de España, fue también cuna del reino, donde Fernán González alzó su plaza fuerte y plantó las raíces de una nación. Además, la villa conserva huellas de otras épocas ilustres: en 1575, Felipe II mandó construir un edificio en honor al doctor Vallés, el único que conseguía aliviar el dolor que el monarca sufría a causa de la gota, lo que refuerza aún más el vínculo de este lugar con las grandes figuras de la historia.

Puente de Covarrubias

Caminar por su casco antiguo es sumergirse en una geografía de historia: desde el Torreón del conde castellano hasta la Colegiata de San Cosme y San Damián, pasando por la encantadora plaza Mayor, con sus balconadas, soportales y cafés que acogen conversaciones sin prisa. La casa de Doña Sancha, joya del siglo XV, o la sobria pero evocadora residencia del Obispo Pedro Peña. Y por si fuera poco, esta villa también presume de una tradición oral que roza la leyenda. A sus habitantes se les conoce como rácheles, y no por azar. Cuenta la tradición que un noble castellano, deslumbrado por la belleza de una mujer local, exclamó que era «una Raquel», comparándola con la esposa bíblica de Jacob, símbolo de hermosura. Desde entonces, este enclave carga con un título pintoresco: el de villa de guapas mujeres.

La naturaleza también tiene un papel protagonista. En primavera, los cerezos que rodean la localidad cubren el paisaje de flores blancas, y el verdor del río Arlanza —como dice el propio Orestes— «hace de este lugar una visita obligada en Burgos». No es solo un entorno bonito, también hay actividad. Cada año, con el buen tiempo, el río cobra vida con el tradicional descenso en piragua, una jornada deportiva y festiva que reúne a vecinos y visitantes. Este año, se celebró el último fin de semana de mayo.

De ahí que la Fiesta de la Cereza, entre puestos, danzas y productos locales, se convierta en un homenaje tanto al fruto como al alma del lugar. Y esa alma se saborea. Aquí, la gastronomía permanece fiel a sus raíces: morcilla burgalesa, chorizo, tocino y jamón. Por todo ello, Orestes, más allá de su longeva trayectoria televisiva —que lo llevó a convertirse en figura emblemática de Pasapalabra y actual «cazador» en El Cazador—, vuelve una y otra vez a este rincón.

Si quieres ir desde Madrid…

Llegar hasta esta joya castellana desde la capital es más fácil de lo que parece. En coche, bastan unas dos horas y media por la A-1, rumbo norte. Al llegar a Lerma, ese otro guiño barroco en mitad del trayecto, basta con desviarse por la N-234 y dejar que el paisaje empiece a susurrarte que vas por buen camino.