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El ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix BolañosEFE/Moncloa

Bolaños: el repartidor de pizzas que se enamoró en el pueblo de sus padres y lleva a su hijo a la privada

Padre y ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, apodado como el «fontanero de la Moncloa», es una pieza clave del Gobierno de Pedro Sánchez

En contadas ocasiones ha dejado entrever su vida privada: tiene raíces en Toledo, es padre de un hijo y tiene una pareja de hecho. La carrera de Félix Bolaños siempre ha estado marcada por la discreción. Acostumbrado a moverse entre bambalinas, ha sido durante años una figura clave del Gobierno sin hacer apenas ruido. Pero cuando alguien tan reservado queda en el centro del foco —aunque sea por una investigación judicial—, el golpe suena más fuerte.

Esta semana, el juez Juan Carlos Peinado ha pedido al Tribunal Supremo que investigue al ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes por presunta malversación de dinero público y falso testimonio. Según el magistrado, Bolaños habría facilitado la contratación de una asesora para realizar tareas personales para Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, y después habría mentido sobre ello en su declaración oficial.

Felipe VI saluda a Félix Bolaños el pasado 6 de junioGTRES

En las últimas semanas lo hemos visto en dos actos cargados de solemnidad: primero en la entrega de los Premios Internacionales de Periodismo «Rey de España», posando junto a Felipe VI y doña Letizia; y días antes, en el funeral del papa Francisco en el Vaticano. Dentro del PSOE lo definen como uno de sus pesos pesados, el «fontanero de la Moncloa», por su habilidad para negociar en la sombra y desatascar crisis desde dentro. Es, para muchos, la mano derecha de Pedro Sánchez: leal, eficaz, y silencioso.

De repartidor a La Moncloa

Bolaños nació en Madrid en 1975, hijo único de una familia de origen humilde que emigró a Alemania en busca de un futuro mejor. Regresaron a España para tenerlo y acabaron instalándose en Móstoles, donde montaron una tienda de piensos y plantas. Mientras estudiaba Derecho en la Universidad Complutense, se ganaba la vida con trabajos de todo tipo: fue árbitro de fútbol y repartidor de pizzas. Años más tarde, conseguiría el primer puesto en los cursos generales de Abogacía y Derecho Laboral y entraría en el prestigioso bufete Uría Menéndez. Después pasaría al Banco de España como letrado asesor, un cargo que ejerció hasta que recibió la llamada que cambiaría su trayectoria política.

Era, en sus inicios, el clásico militante discreto: ponía mesas, pegaba carteles y repartía panfletos sin buscar foco. Fue en una caseta del PSOE, durante las fiestas populares de Aluche, donde conoció a un joven aspirante a liderar el partido: Pedro Sánchez. Se ofreció a asesorarle en cuestiones jurídicas. Años después, aquel gesto lo convertiría en su colaborador más estrecho.

Tras la moción de censura de 2018, Félix Bolaños fue clave en la estructura del nuevo Gobierno. Primero como secretario general de la Presidencia y, desde 2021, como ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, una 'versatilidad' por la que algunos le denominan como el todoministro de Pedro Sánchez.

Con la salida de Iván Redondo, se convirtió en la pieza clave del núcleo duro del jefe del Ejecutivo. Su firma está detrás de asuntos tan delicados como la exhumación de Franco, los indultos del procés o el Estado de Alarma. En la Moncloa lo definen como «el hombre para todo» del presidente.

Padre de un hijo y pareja de hecho

Lejos del BOE, lleva una vida doméstica. Tiene un hijo de cinco años con Fátima Rodríguez, su pareja de hecho. Ella también tiene pasado socialista: fue asesora de la exministra Isabel Celaá y nació en Villafranca de los Caballeros, el mismo pueblo de Toledo donde nació el padre de Bolaños. Allí, según se cuenta, comenzó su historia de amor, en medio de visitas familiares, veranos tranquilos y paseos entre campos de cereal. Ubicado en la comarca de La Mancha, a unos 120 kilómetros al sur de Madrid se alza sobre una llanura de horizonte infinito, con poco más de 4.000 habitantes y un ritmo de vida pausado. Es conocido por sus lagunas naturales —las llamadas Lagunas de Villafranca—, un espacio de alto valor ecológico incluido en la Red Natura 2000, donde anidan aves y donde los veraneantes locales disfrutan de baños de barro y sol.

La pareja vive en un barrio popular de Madrid, en el distrito de Arganzuela. En su jardín tienen un futbolín, y sus redes sociales —a cuentagotas— han mostrado al abogado abrazado a su hijo, leyendo, y sobre todo en vacaciones. Cada verano elige la costa: le gusta Zarautz, Caños de Meca, Sancti Petri o Trafalgar (Cádiz). También es un habitual del Levante, concretamente de Mojácar (Almería), donde combina playa, familia y foto en las obras del AVE, prometiendo —un año más— que el tren de alta velocidad llegará en 2026.

Curiosamente, él se educó en la pública, pero este curso ha decidido cambiar a su hijo a uno privado. La escolaridad ronda los 6.600 euros en Primaria y más de 8.000 en Bachillerato.

El año pasado publicó en Instagram que estaba leyendo Q, de Luther Blissett, una novela de aventuras e intrigas ambientada en la Europa del siglo XVI, donde conviven espías, prostitutas, inquisidores, cortesanos y revolucionarios. Una elección que, vista hoy, parece más simbólica que literaria: un relato sobre la multitud, las conspiraciones y la traición.