Cayetano Rivera Orodñez, en una imagen de archivo
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El restaurante de Madrid que visitó Cayetano Rivera horas antes de ser detenido
Al frente está el chef y emprendedor Javier Bonet, un nombre clave en la escena gastronómica madrileña
Antes de que la noche lo convirtiera en protagonista de un titular que dio la vuelta al país —detenido tras un altercado con la policía en un McDonald's de la calle Atocha— Cayetano Rivera disfrutaba de una jornada muy distinta: comida de autor, producto exquisito y experiencia sensorial en Sala de Despiece, uno de los templos gastronómicos más originales y deseados de Madrid. La escena es tan real como contrastada: horas antes del revuelo, el torero compartía mesa y tapas con amigos en uno de los restaurantes más aclamados del barrio de Chamberí, y dejó constancia de ello en sus redes sociales.
El local, que abrió sus puertas por primera vez en 2013 en la calle Ponzano, se trasladó en 2024 a su nueva ubicación en Alonso Cano, 28, manteniendo intacta su esencia. Su nombre no es una metáfora: en este restaurante todo recuerda a una auténtica sala de despiece. Al cruzar su llamativa puerta, el visitante entra en lo que parece una lonja o una carnicería de mercado reimaginada con estética industrial y quirúrgica. Las paredes están forradas con utensilios reales de carniceros y pescaderos, desde cuchillos hasta botas de agua, y los techos están llenos de cajas de poliestireno blancas (como las de Mercamadrid), que crean una atmósfera fría y funcional, pero curiosamente cálida y viva a la vez.
La gran barra central, iluminada con precisión casi de laboratorio, no es solo el alma del espacio: es el escenario donde ocurre todo. Aquí no hay trampa ni trinchera. La cocina está a la vista, y cada plato se prepara, termina y emplata justo delante del cliente, con soplete, pinzas, cuchillos afilados y una destreza que roza lo performativo. Todo se presenta como un espectáculo gastronómico en vivo. Los comensales no solo comen: observan, preguntan, escuchan y participan en una coreografía perfectamente medida.
El menú —que se entrega como si fuera un albarán técnico— clasifica los platos por tipo de producto: C de carne, P de pescado, V de verdura, M de marisco… con detalles sobre peso, origen y precio. Aquí no hay fuegos de artificio, pero sí cocciones exactas y materia prima impecable, tratada con respeto. Platos como el chuletón cenital, la alcachofa atemporal, el solomillo de tomate de Navarra, las trufas cárnicas o los callos al corte no solo sorprenden por su nombre, sino por su ejecución. Cada elaboración busca extraer lo mejor del ingrediente con técnica, producto y un punto de teatralidad que seduce.
Los precios oscilan entre los 16 y 30 euros por plato, y se pueden pedir raciones individuales o compartirlas. La carta de vinos es otro de sus fuertes, con opciones que van desde etiquetas nacionales hasta propuestas internacionales como sake japonés, que encaja perfectamente con la filosofía experimental del local.
En este restaurante todo recuerda a una auténtica sala de despiece
El espacio, con capacidad para unos 60 comensales, permite comer en barra o mesa, aunque la barra sigue siendo el sitio más codiciado. Desde allí, se puede ver cada movimiento de los cocineros y entender por qué muchos comparan la experiencia con un cruce entre Mercabarna, Tsukiji (el mercado de Tokio) y un quirófano de alta cocina. Si te gusta mirar cada detalle, hazlo antes de que llegue el primer plato: después, es casi imposible apartar la vista del festín.
En resumen, Sala de Despiece no es solo un sitio para comer bien: es un espacio donde el producto se convierte en protagonista y el comensal en testigo de un ritual gastronómico moderno, castizo y con mucho carácter.
Pero volviendo a Cayetano Rivera: tras ese almuerzo de alto nivel y esa inmersión en la cocina de autor más castiza, la jornada tomó un giro inesperado. Horas después de disfrutar de tapas finamente cortadas y un menú a base de excelencia milimétrica, el torero acabó en un escenario mucho menos apetecible: una discusión en una hamburguesería, una intervención policial y una detención que ha dado la vuelta a todas las redacciones.